Carta del Obispo Iglesia en España

Permaneced Vigilantes, por Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara, para la solemnidad de Cristo Rey

Con la celebración de la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, concluye el año litúrgico. Las lecturas bíblicas de los últimos domingos nos invitaban a reflexionar sobre la última venida del Señor en gloria y majestad. Al fin de los tiempos, Jesucristo resucitado y glorificado a la derecha del Padre vendrá para llevar a cabo el triunfo definitivo del bien sobre el mal que, como el trigo y la cizaña, crecen juntos a lo largo de la historia.

Como nadie sabe el día ni la hora de esta venida, a no ser el Padre, todos corremos el peligro de distraernos concentrando exclusivamente nuestra atención en la búsqueda enfermiza del poder, del placer y del bienestar material, en vez de permanecer vigilantes y atentos a las enseñanzas de Dios y a las necesidades de nuestros semejantes. Tal vez podríamos decir que la ausencia de esperanza y la pérdida de tensión espiritual ante la venida del Señor es una de las mayores contradicciones y tragedias de nuestro mundo.

Cada cristiano, desde el día del bautismo hasta que se encuentre con Jesucristo, Salvador y Juez, está invitado a construir su propia historia personal, viviendo la comunión con Él, compartiendo las alegrías y las tristezas, las angustias y esperanzas con los hermanos para ayudarles a descubrir el camino que conduce a la salvación eterna y esperando confiadamente que, al fin de los tiempos, el Señor “retribuirá a cada hombre según sus obras y según su aceptación o su rechazo de la gracia” (CIC. 682).

San Pablo, consciente de que la existencia humana tiene un límite, nos recuerda cómo debemos actuar los cristianos “para preparar la espera de nuestro Señor Jesucristo”: “Por favor, hermanos, llamad la atención a los ociosos, animad a los apocados, sostened a los débiles, sed pacientes con todos… Esmeraos en haceros el bien unos a otros… Estad siempre alegres…Dad gracias en toda ocasión…No apaguéis el espíritu, no despreciéis el don de profecía; sino examinadlo todo, quedándoos con lo bueno. Guardaos de toda forma de maldad” (I Tes 5, 14-22).

Estas recomendaciones de San Pablo son un buen programa para revisar nuestras relaciones con Dios y con los hermanos, asumiendo con paz que estamos de paso en esta tierra. Aunque nos empeñemos en permanecer para siempre en este mundo, la realidad de cada día se encarga de recordarnos que somos peregrinos y que nuestra verdadera patria es el cielo. Es más, la experiencia nos dice que el ser humano, para alcanzar las metas que se proponga en la vida, necesita esforzarse, vencerse a sí mismo y luchar contra los poderes de este mundo.

San Agustín, al comentar el Salmo 60, nos recuerda la necesidad de afrontar las tentaciones y las dificultades del camino buscando ante todo la gloria de Dios y permitiéndole ocupar el puesto que solo a Él le pertenece. Dice San Agustín: “Nadie se conoce antes de ser probado, ni puede ser coronado si no vence, ni puede vencer sin haber luchado, ni le es posible luchar si no tiene enemigos y tentaciones”.

Con mi cordial saludo, feliz encuentro con el Señor.

Atilano Rodríguez

Obispo de Sigüenza-Guadalajara

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