Revista Ecclesia » «Permaneced en mi y daréis fruto en abundancia»
Carta del obispo de Orihuela-Alicante, Jesús Murgui: «Cuaresma 2021»
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«Permaneced en mi y daréis fruto en abundancia»

Cuando llega el mes de Enero, en el inicio de cada año y tras acoger con gozo y alegría la Salvación que Dios nos regala con el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo, todos los cristianos de todas las confesiones estamos convocados a la oración conjunta por nuestra unidad, querida y deseada por Jesús como testimonio de fe para el mundo (cf. Jn. 17, 21). Así, del 18 al 25 de enero intensificaremos nuestra oración con esta intención aunque, este año, los encuentros ecuménicos, por las circunstancias de la pandemia en la que estamos inmersos, necesariamente se vean reducidos. 

El lema que orienta este año el Octavario, «Permaneced en mi amor y daréis fruto en abundancia», nos alienta a tener una comunión espiritual con Cristo y como consecuencia también entre nosotros. Este deseo expresado por Jesús en el marco de su despedida de los discípulos en la Última Cena, manifiesta y prefigura la unidad que desea para su Iglesia, pues si permanecen unidos a Él, como el sarmiento a la vid, esa unidad producirá fruto abundante, siendo, además, para el mundo reflejo de la unidad de Dios Uno y Trino. Por eso es importante la unidad de la Iglesia, porque Dios no está dividido sino que es una perfecta unidad y comunión del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

En numerosas ocasiones pensamos que la unidad es fruto de consensos y acuerdos alcanzados entre unas y otras Iglesias y comunidades eclesiales y podemos correr el peligro de olvidar que «para que estos acuerdos sean eficaces y produzcan fruto es necesario que sean vividos y logrados por sus protagonistas como lo que de verdad son, obra del Espíritu Santo. De ahí que el ecumenismo espiritual tenga tanta importancia y deba ser valorado como verdadera intendencia de cuanto hacemos los cristianos de unas y otras confesiones por lograr la unidad visible de la Iglesia» (CEE. Mensaje de los Obispos)

Este ecumenismo espiritual es el que debemos tener y practicar todos los cristianos, al igual que lo experimentan en su vida diaria la Comunidad Monástica de Grandchamp que ha elaborado los materiales para el Octavario ecuménico de este año. Una comunión espiritual entre cincuenta mujeres de diferentes generaciones y países y de diferentes tradiciones eclesiales, pero que en su diversidad son una parábola viva de comunión que fundamentan en la fidelidad a la oración, a la vida en comunidad y a la acogida de los huéspedes y visitantes. Los inicios de esta comunidad están marcados por la experiencia dolorosa de la división entre las Iglesias cristinas, que las llevó a la búsqueda de la unidad de los cristianos y al compromiso de orar por la misma como centro de su vida comunitaria. Estas hermanas son conscientes de que permanecer en el amor de Cristo, exige la comunión con los demás como fruto de tal comunión con Cristo.

Desde esta conciencia de que la comunión con Cristo exige la comunión con los demás, animo a trabajar y a orar por este ecumenismo espiritual como sustento permanente para que el camino de esa unidad visible de la Iglesia se vaya recorriendo hasta alcanzarla en su plenitud. Hasta ese gran día, son muchos los campos en los que podemos trabajar en comunión de vida desde la fe que nos une; una fe que nos compromete a trabajar por la defensa de la vida en todas sus etapas, por los más necesitados y vulnerables de nuestra sociedad, por la justicia y la paz, por la ecología y el cuidado de nuestro planeta, por la libertad religiosa y el respeto de conciencia, y tantos otros ámbitos de la vida y la sociedad. Para ello, es necesario vencer las dificultades y los recelos que produce la división entre cristianos y que nos alejan unos de otros y que, a su vez, son un escándalo porque también nos alejan de Dios. Que la espiritualidad, el acercamiento constante a Dios como todos los cristianos buscamos, nos lleve a reconocernos como hermanos y la solidaridad entre unos y otros, fruto de la permanencia en el amor de Dios, nos ayude a superar los conflictos entre cristianos y a aliviar el sufrimiento que estos nos producen a todos.

Os animo, con estas convicciones, a que todos los miembros de la Diócesis os unáis a la vivencia de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, de modo que ésta impulse y sostenga un creciente ecumenismo espiritual entre nosotros. 

En tiempos de grandes sufrimientos y necesidades, y los nuestros lo son, es de razón aunar voluntades y esfuerzos; que estos tiempos de pandemia, de experiencia de nuestra fragilidad, el Espíritu nos ayude a estar muy unidos al Señor y entre nosotros, a «permanecer en su amor» como nos sigue pidiendo Jesús. Una circunstancia histórica que, con la luz del Espíritu, debe ayudar a avanzar en el camino ecuménico, hacia tiempos nuevos de amor y de unidad. 

Con mi afecto y bendición a todos

✠ Jesús Murgui Soriano 
Obispo de Orihuela-Alicante



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