Rincón Litúrgico

Perfectos como el Padre, Domingo 7º del Tiempo Ordinario, por José-Román Flecha

“Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5,48)

Señor Jesús, ¿cómo podemos aspirar a ser perfectos nosotros, que nos sabemos tan débiles y limitados? ¿Cómo podemos pretender ser perfectos nosotros, que tratamos de seducir a los demás con nuestra apariencia y nos engañamos a nosotros mismos?
Tú sabes bien que ponemos nuestro ideal en adquirir bienes en este mundo, en conseguir un puesto de importancia, en lograr que nuestro nombre sea conocido más allá de nuestra aldea original.
En realidad, renunciamos de antemano a la perfección. Nos contentamos con ser mediocres. Decimos que no estamos hechos para la aventura. Amamos la comodidad de quien teme hacer el ridículo ante los demás.
Si pretendemos escalar una cumbre más alta, elegimos el sendero más fácil. Nos importa tener más en lugar de ser mejores. Nuestra escala de valores no incluye el heroísmo. Nos resignamos a vivir en la mediocridad.
Tú nos exhortas a ser perfectos y nos indicas tanto el camino como el motivo para intentarlo. No basta cumplir todos los ritos a la perfección.
El camino pasa por la entrega de nosotros mismos. Por la aceptación de los demás. Por concederles el doble de lo que nos pidan. Por adivinar sus necesidades. El camino pasa por superar la enemistad por el amor.
Y el motivo para que aceptemos ese desafío de la perfección no es que nos conozcan y nos elogien. El motivo tampoco es el logro de la satisfacción que nos hace sentirnos importantes y realizados.
Tú nos exhortas a ser perfectos como el Padre celestial. Porque el ama a todos sin distinción, sin prejuicios, sin preferencias. Él envía el sol y la lluvia sobre justos e injustos.
Señor Jesús, enséñanos a ver a los demás con los ojos con los que los mira nuestro Padre celestial. Gracias a tu gracia, es posible aspirar a esa pefección. Y ya sabemos que el premio de ese esfuerzo es parecernos al Padre. Nada menos.

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