La señal de la Cruz

Peregrinos de la Cruz

“La Cruz, signo de vida”, es el lema del Año Jubilar Lebaniego, que se celebró del 23 de abril de 2006 al 22 de abril de 2007

El pasado 27 de agosto, domingo, peregriné hasta el monasterio de Santo Toribio. Era una nueva visita a uno de los lugares más hermosos de nuestra geografía española, bendecido y enriquecido además con el privilegio de conservar el que se considera el mayor leño de la cruz de Cristo -“lignum crucis”-, objeto de un incesante peregrinar y venerar de fieles de todas las edades y condiciones. Permanecí tres horas en Santo Toribio de Liébana y regresé confortado al comprobar, una vez más, que hay en nuestra Iglesia muchos signos de esperanza y de alegría como el que representaban aquellos tantos cientos de peregrinos que acudieron aquella mañana hasta Liébana. Eran -éramos- peregrinos de la Cruz de Cristo, en busca de su gracia.

         Bajo el lema “La Cruz, signo de vida” se anima la celebración del presente Año Santo Lebaniego. Los peregrinos, peregrinos de la cruz, están, pues, llamados a descubrir en la Cruz de Cristo el signo de la gloria y de la esperanza, el signo de la vida nueva y de la vida eterna. Porque la cruz es el libro del amor más grande, nos redescubre el bautismo, nos recupera la gracia a través del sacramento de la Confesión, nos alimenta, a través de la Eucaristía, nos ayuda a unir nuestros dolores y nuestras cruces a la cruz de Cristo y siembra en nosotros la esperanza, la fortaleza, la paz y la alegría.

El Jubileo Lebaniego

         Desde el siglo VIII se venera en este santuario, sito en el término municipal de Potes y abrigado por las siempre hermosas montañas de los Picos de Europa, una insigne reliquia de la Santa Cruz, traída de Jerusalén tres siglos antes por el obispo de Astorga Toribio. A raíz de la invasión mulsumana, comenzada en el año 711, y tras la batalla de Covadonga del año 722, que consolidó la Reconquista en esta zona, la reliquia y los restos del obispo Toribio fueron depositados en el monasterio entonces benedictino de Liébana, fundado en el año 540 por el obispo de Palencia, también llamado Toribio. Los Picos de Europa y este bellísimo y recóndito paraje eran lugares “seguros”.

         A partir de entonces, comenzó la veneración a la reliquia y la afluencia de los fieles, incrementada por la nueva construcción del santuario y monasterio, por su expansión por los valles de Liébana y por la creación de la Cofradía de la Santa Cruz, sucesos acaecidos sucesivamente en los siglos X, XI y XII.

         En el primer cuarto del siglo XVI, los Papas Julio II y León X instauraron la praxis del Jubileo en honor de la Santa Cruz de Liébana, lucrándola con la gracia extraordinaria de la indulgencia plenaria para los años en que la fiesta de Santo Toribio el fundador del monasterio, coincidiría en el domingo, extendiéndose la gracia de la indulgencia a los siete días siguientes a la fiesta, que es el 16 de abril.

La Puerta Santa de la Santa Cruz

         Con tal motivo, se construyó entonces la Puerta Santa o Puerta del Perdón, que tan sólo se abre en los años jubilares. Durante la época del barroco se propagó mucho el culto a tan venerada reliquia, levantándose en los primeros años del siglo XVIII la exuberante capilla y camarín del Lignum Crucis. Con anterioridad, a mediados del siglo XVI, la reliquia se conserva y venera dentro de una cruz de plata con cabos flordesilados, de estilo gótico y que muestra en su cabo inferior el que podría ser el agujero sagrado donde fue clavada la mano de Cristo.

         En 1967, el Papa Pablo VI amplió el privilegio de ganar el Jubileo todos los días del año en que la fiesta de Santo Toribio cayese en domingo.

         Las medidas del leño santo de Liébana son 635 mm. el palo vertical y 393 mm. el travesaño, con un grosor de otros 40 milímetros. Es la reliquia más grande de la cruz de Cristo, por encima de la que se conserva en la Basílica de San Pedro de Roma.

Pertenece al brazo izquierdo de la Cruz de Cristo y contiene -como queda dicho- el que se considera agujero donde su fue clavada la mano del Señor.

Camino Lebaniego, peregrinos de la cruz

         En el último y anterior Jubileo Lebaniego (2000-2001) más de un millón de peregrinos acudieron hasta este Santuario a lo largo del recién concluido Año Santo Lebaniego. De ellos, algo más de cuatro mil quinientas personas recorrieron el camino que dista entre Santander y Liébana a pie, por lo que han recibido la llamada “Lebaniega”, un diploma acreditativo de esta condición de peregrinos, similar al existente en Santiago de Compostela. Las expectativas de visitantes y de peregrinos para este Año Santo son, al menos, tan halagüeñas como las de anterior.

         El camino de Santo Toribio de Liébana es el que discurre entre Santander y Liébana, a lo largo de unos 130 kilómetros. Consta de seis etapas: Santander-Santillana del Mar, Santillana del Mar-Comillas, Comillas-San Vicente de la Barquera, San Vicente de la Barquera-Quintanilla de Lamasón, Quintanilla de Lamasón-Cabañes y Cabanes-Santo Toribio de Liébana. Se trata de una ruta privilegiada por la naturaleza, entre el mar y la montaña, y por el arte románico.

         Los peregrinos, al llegar al Santuario, son recibidos ante la Puerta del Perdón por los frailes franciscanos que custodian con primor y cariño este santo lugar. Rezan la oración del Jubileo y entran al templo por la puerta santa entonando cánticos. La Eucaristía, corazón del jubileo y de la peregrinación, se celebra bien en la capilla del Lignum Crucis o bien en el altar mayor de la Iglesia, según sea el número de los peregrinos. La celebración acaba con la veneración y el beso de los fieles ante la Santa Cruz.

         Junto a la peregrinación y la participación en la Eucaristía con la recepción de la Sagrada Comunión, los peregrinos oran por el Papa y sus intenciones y deben confesarse, en los plazos previstos al efecto por la legislación eclesiástica.

El Beato de Liébana y la naturaleza

         Otro de los motivos de atracción de este simpar lugar radica en el hecho de que en el citado monasterio y santuario vivió en la segunda parte del siglo VIII el célebre monje autor del libro y dibujos “Comentarios al Apocalipsis”. Es el monje llamado Beato, que ha dado nombre también a su obra. Sus ilustraciones y miniaturas -del que han llegado hasta nosotros 24 códices ilustrados- son de capital importancia para el estudio de la evolución de la pintura y escultura mozárabe y románica. Sus reproducciones son muy valoradas entre los coleccionistas de arte y sus originales son considerados auténticas joyas artísticas.

         Junto a todo ello, Liébana  es uno de los destinos y reservas de belleza natural más hermosas y variadas de España. Su acceso es siempre a través de carreteras de alta montaña, salpicadas de ríos, montes y desfiladeros hermoseásemos. A algo más de 20 kilómetros del lugar, serpenteando el río Deva, se encuentra Fuente Dé, donde desde 1966 existe un teleférico que en escasos minutos transporta hasta el Refugio de Aliva, en los mismos Picos de Europa, con panorámicas extraordinarias desde el Mirador del Clave, donde se contemplan el Naranco de Bulnes, la Peña Remoña, el Pico Padiorna o la Peña Vieja.

Jesús de las Heras Muela – Director de Ecclesia y Ecclesia Digital

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