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Peregrinación por el País Vasco y Cantabria de dos novicios jesuitas

Peregrinación por el País Vasco y Cantabria de dos novicios jesuitas

Pasaron por Santander en la experiencia de Peregrinación del Noviciado

Por Matías Aurelio Güemes

Dos novicios jesuitas, Ignacio Narváez Suárez y José Luis Olea Alarcón han realizado “la experiencia de la peregrinación”

Salieron de Loyola, Azpeitia, y pasaron por Deba, Marquina, Guernica, Bilbao, Pobeña, Castro Urdiales, Laredo, Güemes, Santander, Santillana del Mar, Comillas, San Vicente de la Barquera, Cades, Cabañes y Santo Toribio de Liébana. Salieron el 26 de junio y finalizaron el 10 de julio, de 2016.

Han sido 15 día de peregrinación. Días de llegar a un lugar, de visitar a los sacerdotes, de encontrarse con la gente, de pedir para comer, para dormir, o si no hay ayuda, vivir a la intemperie. Y, los dos, han quedado muy agradecidos de la acogida que les han dispensado en distintos pueblos del País Vasco y de Cantabria. Es decir, primero recorrieron parte del Camino de Santiago, y luego cogieron el Camino Lebaniego.

En Loyola, en la Capilla de la Conversión, después de la oración personal, recibieron la bendición del Maestro de Novicios, y estos partieron para diferentes rutas.
Para Ignacio Narváez Suárez (Málaga, 1985), la peregrinación “ha sido un regalo de Dios. Descubres como Dios te acompaña a lo largo del camino, no dándote lo que tu quieres, sino lo que necesitas. El camino ha tenido momentos de dureza subiendo algunas montañas, pero descubres mejor cómo es la gente”. “En Marquina, Vizcaya, una señora nos abrió su casa, nos dió de cenar y nos presentó a su marido. Nos trataron como si fuesemos amigos de toda la vida”. “Las religiosas Trinitarias de Laredo supergenerosas con nosotros dándonos cobijo, comida…” Y concluye, Nacho, diciendo: ” Lo que más destacaría es que Dios me ha cuidado a lo largo de la Peregrinación, como lo ha hecho a lo largo de mi vida”.

José Luis Olea Alarcón ( Lérida, 1990), nos dice que: “Para mí ha sido una experiencia muy grata, muy de Dios. Me surge como mucho agradecimiento por la generosidad de tanta gente que nos ha ido ayudando. De cada uno hemos recibido lo que necesitábamos”. Señala, José Luis, que: “En uno de los sitios que teníamos parada no rebibimos lo que esperábamos de la persona a la que ibamos a ver. Nos quedamos un poco a la intemperie”. Pero algo que les ayudo fue que: “una compañera que también hacía el camino, nos acogió, nos invitó a cenar, compartió su cumpleaños”. Y, finalmente nos dice que: “Primero quiero indicar la generosidad del Señor con nosotros en estos días. Ha sido entender las Escrituras. El Señor se dirige a los pobres cuando habla, cuando predica, y nos hemos sentido en sus manos… El vivir no solo desde una pobreza actual, habitual, me ha permitido vivir el mensaje de Dios. También el hacer amigos, el descubrir personas…”.

Lo que es “la experiencia de la peregrinación”, en el noviciado de los jesuitas:

1. La experiencia es peregrinar sin dineros, para acostumbrarse a vivir a la intemperie, mal comer y mal dormir y, sobre todo, para aprender a poner toda la confianza sólo en Dios. En ella pasamos por una identidad flotante, sin nada de lo que suele dar seguridad: ni diplomas, ni títulos, ni relaciones ni vínculos afectivos: sólo somos peregrinos…
En este pasar reconocemos la generosidad y bondad de mucha gente, y las manos del buen Dios que cuida de nosotros. La peregrinación dura tres semanas y la hacemos de dos modos: uno es el tradicional, salir sin nada y a pie con destino a un santuario. En el camino nos ofrecemos a los alcaldes o a los curas de los pueblos por los que pasamos, para ayudar en lo que podamos.

Todo gratis. Si nos dan algo para la subsistencia o alojamiento lo agradecemos; si no, pedimos por las casas. El otro modo de hacerla, más actualizado, consiste en trabajar en los invernaderos con los inmigrantes sin papeles. La peregrinación es experiencia de poner la confianza sólo en Dios, eso pasa por vivir a la intemperie, con gratuidad, generosidad y olvido de uno mismo, como “los lirios del campo y los pájaros del cielo”, confiando completamente en Dios que provee y cuida de nosotros con amor.

También es un tiempo para ver el mundo desde abajo, de estar a expensas de  otros: de que te den o te contraten para explotarte. La libertad y el gozo
de poner toda la confianza en Dios, va modelando un corazón despojado y generoso.

Una experiencia para vivir desde los últimos, desde los sin nada, desde los que viven en situación límite.

2.- La experiencia de la Peregrinación: Se trata de peregrinar a un determinado lugar significativo en lo religioso, en pobreza, fiados
absolutamente en Dios, y hospedándose donde les acojan y comiendo lo que les faciliten las personas del lugar a donde llegan.

Matías Aurelio Güemes
Peña/Cantabria

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