Carta del Obispo Iglesia en España

Perdonar como Dios nos perdona, por Eusebio Hernández Sola, obispo de Tarazona

Perdonar como Dios nos perdona, por Eusebio Hernández Sola, obispo de Tarazona

Queridos hermanos y amigos: Las lecturas que hoy hemos escuchado en la celebración de la Misa nos recuerdan uno de los fundamentos de nuestra fe cristiana que es el perdón.

Al escucharlas nos evocan la petición que cada día repetimos cuando rezamos la oración del Padrenuestro: “Perdona nuestras ofensas como también perdonamos a los que nos ofenden”. Si recordáis, hace unos años esta frase decía, en vez de ofensa, deuda, como hemos escuchado hoy en la parábola del Evangelio (Mateo 18,21-35).

El texto nos presenta a un empleado que ha contraído una gran deuda con su señor, de tal forma que para pagar su deuda su vida quedaría completamente arruinada: “Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así”. Pero, “El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: ‘Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo’. El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda”. Las palabras de súplica se asimilan a una oración llena de humildad y de confianza que alcanzan el perdón que el mal empleado necesita.

Pero, a partir de este momento el texto da un vuelco y nos presenta la maldad del empleado que, habiendo pedido y obtenido el perdón, sin embargo no es capaz de actuar de la misma manera con aquel que le debe una minucia: “Al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: ‘Págame lo que me debes’. El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: ‘Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré’. Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía”. La situación es paralela a la anterior pero el resultado es completamente distinto.

Volviendo a las palabras del Padrenuestro, cuando nosotros pedimos el perdón de Dios nuestro Padre, este perdón debe estar en relación con nuestra disposición a perdonar a aquellos que a nosotros nos han ofendido. La parábola denuncia la hipocresía de quien pide perdón pero no es capaz de perdonar. Algo que causa escándalo como también nos dice el Evangelio: “Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados”; o como nos dice la primera lectura (Eclesiástico 27,33–28,9): “Furor y cólera son odiosos; el pecador los posee. Del vengativo se vengará el Señor y llevará estrecha cuenta de sus culpas… ¿Cómo puede un hombre guardar rencor a otro y pedir la salud al Señor? No tiene compasión de su semejante, ¿y pide perdón de sus pecados?”.

El cristiano perdona siempre porque se sabe perdonado por Dios, el que no sabe perdonar y olvidar es que no se ha sentido perdonado por el Señor. Los hombres pecamos y nos alejamos de Dios, por eso necesitamos pedirle perdón cuando lo ofendemos. Para poder recibir el amor de Dios necesitamos un corazón limpio y puro, no un corazón duro que no perdone los demás. Este perdón debe nacer del fondo del corazón. Para esto necesitamos la ayuda del Espíritu Santo y recordar que el amor es más fuerte que el pecado.

El fin último de la vida cristiana es el amor, todo lo que hacemos, todo lo que celebramos, las actividades que comenzamos tienen todas ellas este fin.

Con afecto os saludo y bendigo.

+ Eusebio Hernández Sola, OAR

Obispo de Tarazona

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