Coronavirus

Perdón y misericordia, por José Antonio Rosado

Estamos en Martes Santo. Nos vamos adentrando en los días más duros del Señor y queremos acompañarle. Cada palabra que leemos de este Evangelio nos va ubicando en ese lugar donde Jesús está con sus amigos. Nos duele ver que uno de ellos le traiciona. Nos duele porque vemos injusticia, infidelidad, interés egoísta, engaño e ingratitud hacia el Maestro por parte de uno de sus discípulos.

¿Cuántas veces nos ha pasado a nosotros? Hemos experimentado lo mismo que experimentó el Señor. Esa sensación de romper la confianza con quien la teníamos bien atada. Pero detrás de este pasaje podemos extraer muchas lecciones y hay una historia que me gustaría destacar: el perdón y la misericordia. Una oportunidad para todos los hombres y mujeres de toda condición.

Judas lo iba a traicionar. Estaba decidido. Me imagino que se corrompió por lo que muchos se corrompen a día de hoy: dinero, no preocuparse por el futuro al elegir un bando que me garantice vivir bien, tener influencia en ciertos sectores… Son muchos y muy variados los aspectos que nos pueden hacer caer en la corrupción que nos lleve a traicionar a nuestros amigos y nuestros valores. Pero, como decía, aquí había una oportunidad para Judas: podía haberse arrepentido. Haber vuelto a Jesús y haberle pedido perdón. Volver a entrar con el resto de los discípulos y haber reconocido su enorme error. Jesús, quien nos decía que teníamos que perdonar hasta setenta veces siete, le hubiese perdonado porque Él es la Misericordia encarnada. Me imagino diciéndole: «No te preocupes, Judas, has visto tu error y has pedido perdón. Estate tranquilo y no peques más». En Judas mismo estuvo volver a Jesús y zanjar su pecado. Pero no. Decidió seguir adelante y nunca volvió a la fuente del perdón.

Cuando cometemos errores, no merece la pena persistir en ello ni buscar excusas ni dejar pasar el tiempo. Es importante tomar la iniciativa. Hay que armarse de valor, pedir perdón a quien has ofendido y también pedir perdón a Dios, acudiendo al precioso sacramento que nos reconcilia con Jesús. Siempre hay una puerta abierta al Señor. ¿No es maravilloso saber que el error se limpia y que hay una compromiso firme de no volver a cometerlo? Un empezar de nuevo, un reforzar la amistad, el vínculo con Él y retomar su confianza. ¡Maravilloso!

Solamente el mal pudo frenar a Judas de arrepentirse ante Jesús. El mal estaba y está presente en nuestro mundo, entonces y hoy. Y, ¡ojo! entre los elegidos por el Señor, allí también estuvo el mal. No quiero profundizar mucho, pero en nuestra Iglesia, a la que queremos como Madre y Maestra, hemos visto y vemos aún personas influenciadas por el mal. ¡Cuánto daño hacen y cuantas veces siguen traicionando al Señor! Por fortuna, hay purificación no sin sacrificios y pena. Pero el Señor es más poderoso y muestras abundan a lo largo de la historia, también en la reciente.

La situación que estamos viviendo hoy, con esta pandemia, nos hace preguntarnos si este mal es culpa nuestra o es fruto del azar. Desde luego, esa pregunta encierra muchas puntualizaciones, algunas profundamente teológicas, pero algo sí que tengo claro y coincido con el Papa: hemos pensado que podíamos con todo, que a Dios lo teníamos como un mero adorno y cuando ha llegado esta tempestad hemos visto nuestra enorme  fragilidad. Nos hemos olvidado de nuestros hermanos los pobres, muy alejados de nuestro mundo. Nos hemos olvidado de quienes mueren de hambre o por guerras, allá en otros contientes. Nos hemos olvidado del cuidado de la Casa Común destrozando el planeta pensando que esto era todo un invento. ¿Por qué no volvemos a Jesús, pedimos perdón y comenzamos de nuevo una amistad basada en la confianza y la gratitud? No es posible acudir estos días a un iglesia para que un sacerdote nos confiese, pero podemos hacer un gesto íntimo, sereno, profundo de acogerse a la misericordia y gracia del Señor. Aprendamos de este Evangelio y sepamos que, ante la tentación de la traición, la corrupción y el alejamiento, Jesús está deseando que tomes la iniciativa y vuelvas a Él.

Por José Antonio Rosado
Director del Secretariado de Medios de Comunicación de la diócesis de Vitoria

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