Rincón Litúrgico

Perder y salvar la vida. Domingo 22º del Tiempo Ordinario. A

“Quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará”

(Mt 16,25)

Señor Jesús, esta frase tuya a muchos les resulta confusa y engañosa. Y, sin embargo, nosotros vivimos en un tiempo lleno de paradojas. Tratamos de conservar los objetos que nos son más queridos, pero hemos hecho del despilfarro una característica de nuestra cultura.

Algo semejante hacemos con nuestra propia vida. Son muchos los que practican deportes peligrosos y algunos pierden en ellos la vida. Tal vez desean ganar una fama que puede alargar   el recuerdo de su vida, aun más allá de la muerte.

Ya sabemos que tú te referías al alma, a la vida y la persona en su totalidad. Como todos los profetas, tú denunciabas y anunciabas.

  • Tú denunciabas nuestro egoísmo y nuestra comodidad, nuestra acedia y nuestra indiferencia. No queremos perder tiempo. Nos horroriza el miedo al contagio. No queremos aparecer como creyentes en una sociedad descreída. Queremos conservar nuestra salud y defender nuestra intimidad, no perder nuestro tiempo y salvar nuestro prestigio.

Decimos que nuestro cuerpo es nuestro y hacemos de él lo que queremos. Gritamos que nuestra vida es solo nuestra. ¿Por qué dedicarla a unos necesitados a los que no queremos encontrar? ¿Cómo vamos a entregarla a un Dios al que nunca hemos visto?

  • Sin embargo, tú anunciabas y proponías un modo diverso de vivir, de convivir y pervivir. Tú nos invitas a entregarnos a ti, colaborando con fe en tu misión. Tú nos exhortas a esperar una vida que perdura más allá de la muerte. Tú nos facilitas el encuentro contigo, al encontrarnos con los pobres y marginados que van haciendo camino con nosotros.

Señor, todos queremos salvar nuestra vida, pero, en realidad, nos vamos perdiendo con todo lo que se pierde a nuestro alrededor. Que tu Espíritu nos ayude a comprender que, al perder la vida por ti, la encontraremos de verdad. Amen.

José-Román Flecha Andrés

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