Opinión

Pequeño retablo de Semana Santa, por Araceli de Anca Abati

Pequeño retablo de Semana Santa, por Araceli de Anca Abati

¡Puertas, alzad los dinteles!/ ¡Elevaos, puertas eternas!,/ que va a entrar el Rey de la Gloria”  (Salmo 24, 7).

¡Alzad, elevaos puertas!  ¿Qué puertas son esas por las que va a entrar el Rey Mesías, Jesús, el Dios y Hombre?

Puerta fue el seno purísimo de Santa María Virgen por Dios fecundado (cfr. Lc 1, 35). Excelsa Puerta desde donde se atisba una celestial escalera, milagro de arcano Misterio (Himno Akathistos, nº 3).

“Salve, celeste escalera que Dios ha bajado;

Salve, oh puente que llevas los hombres al cielo” (nº 3).

 

Y Puertas fueron aquellas que en el Antiguo Testamento aislaban en el Templo el Sancta Sanctorum con un velo litúrgico (Ex 26, 31). Velo que “se rasgó en dos de arriba abajo” en el  momento en el que Jesús entregó su Vida en la Cruz  (Mc 15, 38) significando que caducó el culto de la Antigua Alianza para dar paso al culto que a través de la Humanidad de Cristo agrada al Padre, alzándose los dinteles por donde entraría el Nuevo Pueblo de Dios.

¡Corazón de Jesús, Tú eres la verdadera y excelsa Puerta!, hendidura de acceso a tu intimidad divina, entrada que da   al Cielo.

Hendidura que un soldado hizo con su lanza en el Costado de Jesús dejando su Corazón abierto  (cfr. Jn 19, 34)…

“Por salvar todo el orbe, el divino alfarero/ hasta el mundo bajó, porque quiso./ Por ser Dios era Él Pastor nuestro;/ se mostró por nosotros Cordero (…). Salve, tú limpias las manchas de nuestros pecados./ Salve, oh fuente que lavas las almas;/ Salve, oh copa que vierte alegría./ Salve, fragancia de ungüento de Cristo;/ Salve, oh Vida de sacro Banquete (…)./ Por querer perdonarnos el pecado primero,/ el que paga las deudas de todos” (Himno Akathistos, nº 18, 21, 22).

 

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