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Opinión

Pepe Garmendia en el recuerdo de muchos, por Vicente Luis García

Pepe Garmendia en el recuerdo de muchos, por Vicente Luis García

Creo que no me acostumbraré nunca a perder a un amigo. Este martes ha muerto Pepe Garmendia. Sin avisar, sin despedirse, casi por sorpresa ya que la intervención a la que se sometió el lunes no aventuraba más riesgos de los normales. Pero el martes su corazón se paró. Sin más explicaciones, casi a hurtadillas.

No soy la persona que más conoce a Pepe, ni quien ha pasado más horas con él, aunque durante una etapa de su vida y de la mía  sí fueron muchas y seguidas. Pero sí he sido una de las “últimas” personas que habló con Pepe, si se me permite decirlo por haber estado con él y con Juan Carlos Pinedo en la mañana del sábado en los despachos de Los Desamparados.

De Pepe puede hablar su familia, cómo no; sus compañeros sacerdotes, y las miles de personas que le han conocido a su paso como cura por Durana, por San Mateo, por San Juan y desde hace unos meses por Ntra. Sra. Madre de los Desamparados. (hablo de memoria por lo que es posible que deje en el tintero algún destino pastoral) De Pepe pueden hablar las religiosas contemplativas por las que siempre ha tenido un aprecio especial y de las que ahora era su delegado diocesano de la Vida Contemplativa. De Pepe pueden hablar los miles de jóvenes de ayer y de hoy que han pasado por sus manos en las parroquias y los movimientos a los que ha servido, como el de la Adoración Nocturna de Vitoria. Y de Pepe podemos hablar los que le tuvimos como formador en el Seminario Diocesano de Vitoria.

Todos conservamos un grato recuerdo de Pepe, de este contemplativo tan vital, activo en la contemplación, místico en la acción. Hoy, cuando muchos hablan de la “interioridad” como si fuese el descubrimiento de América, yo recuerdo al “yo profundo” del que nos hablaba Pepe en el Seminario hace ya más de 30 años. De Pepe conservo muchos recuerdos en la memoria y hasta alguno material en mi poder como la colección de discos LP que me regaló hace unos años y entre los que se encuentran algunos “incunables”. Pero sobre todo de Pepe recuerdo y recordaré toda mi vida su estilo alegre y jovial de comunicar el Evangelio y la Buena Nueva.

Adelantando acontecimientos quizá, pero sin desvelar cosas concretas, mi última conversación con Pepe, junto con Juan Carlos Pinedo, su compañero en la parroquia de los Desamparados, fue sobre el proyecto que se está gestando de traer a Vitoria un evento musical, juvenil y familiar y con gran vocación evangelizadora este mismo verano de 2015. Pepe se mostró ilusionado y con ganas de participar y que su parroquia se viese beneficiada por los frutos de esta iniciativa.

Estoy convencido que ya desde el cielo Pepe se ha remangado para ponerse manos a la obra y apoyar desde allí este proyecto.

Decía al comienzo que no creo que me acostumbre a perder a un amigo. Y cuando miro hacia arriba en situaciones como esta me acuerdo de la Santa de Ávila y su comentario “Si así tratas a tus amigos, con razón tienes tan pocos”; pero en esta ocasión y recordando a otro amigo sacerdote que suele recordarnos que a veces somos miserables hasta para pedir, quiero levantar mis ojos y decirle a Él: si te has llevado a un buen sacerdote que valía por cinco, te pido que hagas surgir 5 nuevas vocaciones, o que cinco sacerdotes recuperen el espíritu de este sacerdote “contemplativo tan vital, activo en la contemplación, y místico en la acción.”

Gracias Pepe, que Dios te bendiga y tú a todos nosotros junto a Él.

Vicente Luis García

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