Carta del Obispo Iglesia en España

Pentecostés: el don de la Pascua del Señor, por Julián López Martín, obispo de Léon

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 Pentecostés: el don de la Pascua del Señor, por Julián López Martín, obispo de Léon

Queridos diocesanos:  La acumulación de jornadas eclesiales durante el tiempo pascual, si no estamos atentos, puede despistarnos un poco a causa de los mensajes y documentos que llegan, no destinados precisamente a la liturgia, a los que se unen materiales para la celebración y la homilía. Conviene tener presente que la primacía la ha de tener siempre el misterio de Cristo siguiendo la guía, siempre luminosa y eficaz, del año litúrgico sobre la base del leccionario litúrgico, o sea, la palabra de Dios que se proclama, y del misal, cuyos textos son el eco de esa palabra divina y una gran ayuda para la oración. Las jornadas eclesiales pueden tener una presencia discreta y oportuna en la liturgia mediante alguna alusión en la homilía, en la oración de los fieles y en algunos casos en la colecta, pero sin monopolizar.

 

Os recuerdo esto porque quiero invitaros a vivir más profundamente los aspectos concretos del misterio de Cristo en los últimos domingos de Pascua, en los que estamos escuchando el discurso del Señor en la última cena, lleno de vivencias y de promesas que se hacen realidad en la comunidad cristiana y en nuestra propia vida. Esto es lo primero y principal. Por eso es conveniente conocer y leer antes del domingo los textos correspondientes y, si puede ser, celebrando también la liturgia de las Horas como hacen ya no pocos fieles laicos. La Pascua no es solamente de los enfermos, ni la importancia de los medios de comunicación social se ciñe al domingo de la Ascensión del Señor, ni Pentecostés se refiere únicamente al apostolado seglar, ni el domingo de la Santísima Trinidad se reduce a la vida contemplativa de nuestros monasterios. Insisto, tampoco se trata de silenciar o de prescindir de esas jornadas sino de darles la importancia que tienen no precisamente dentro de la liturgia sino en otros ámbitos de la vida de la parroquia, comunidad, etc. Existen sugerencias al respecto.

 

Repasando los últimos domingos y semanas del tiempo de Pascua, la cincuentena pascual desde la Resurrección hasta Pentecostés, os invito a conocer más profundamente el alcance y significado para nuestra vida cristiana que tienen las promesas del Señor que se proclaman en la liturgia de la Palabra de dichos domingos: “Yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito (defensor)… el Espíritu de la verdad… No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros…” (Jn 14, 16.18: Dom. VI de Pascua). “Id y haced discípulos de todos los pueblos… Yo estoy con vosotros todos los días…” (Mt 28, 19.20: Ascensión). “El Espíritu de Dios reposa sobre vosotros” (1 Pe 4, 14: Pentecostés). “Padre… he manifestado tu nombre a los que me diste… Te ruego por ellos…” (Jn 17, 6.9: Pentecostés).

 

Y, como broche y a modo de eco y síntesis de todo el tiempo de Pascua, el domingo de la Santísima Trinidad:“Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único” (Jn 3, 16). En efecto, con Pentecostés se percibe ya la unidad profunda que existe entre la Pascua y la venida del Espíritu Santo, acontecimiento que completa la revelación del misterio trinitario iniciada en el bautismo de Jesús.

El Señor resucitado comunicó el Espíritu Santo a sus discípulos en las apariciones como relata san Juan 19,22. Más aún, al morir en la cruz, del costado de Cristo, abierto por la lanza del soldado, brotaron el agua y la sangre, los símbolos del Espíritu Santo (cf. Jn 19, 30-34), dando así cumplimiento a la promesa: “El que tenga sed que venga, y beba el que cree en mí… Esto dijo refiriéndose al Espíritu que habían de recibir los que creyeran en él” (Jn 7, 37.39). La oración de la Iglesia al final del tiempo pascual es: “¡Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor”.

+ Julián, Obispo de León

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