Opinión

Paz y esperanza, por José Román Flecha, en el Diario de León (4-1-2020)

Gracias a Pablo VI, el primer día del año celebramos la Jornada Mundial de la Paz. El mensaje del papa Francisco para la Jornada de este año 2020 lleva como título: “La paz como camino de esperanza: diálogo, reconciliación y conversión ecológica”.

El mensaje se articula en cinco partes. En la primera afirma que esperar en la paz es una actitud humana que nos pone en camino. Claro que el camino no es fácil. El Papa recuerda las mil dificultades y conflictos que casi siempre terminan afectando a los más pobres.

La guerra nace en el corazón del hombre a causa del egoísmo y de la soberbia, pasa por la intolerancia, se nutre del miedo y termina negando la fraternidad humana.

Evocando su reciente viaje a las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaky, el Papa afirma que la paz no puede sustentarse en la desconfianza y el miedo. Para construir un camino de paz hay que fomentar una verdadera fraternidad, fundada en nuestro común origen en Dios y ejercida en el diálogo y en la confianza recíproca.

En la segunda parte, el Papa señala que la paz es camino de escucha basado en la memoria, en la solidaridad y en la fraternidad. La memoria de las explosiones nucleares debe ayudar a la conciencia humana a superar todo deseo de dominación y destrucción.

Junto al recuerdo de las guerras, pervive el recuerdo de pequeños gestos de solidaridad. Son signos que pueden inspirar opciones valientes, suscitar nuevas energías y reavivar una nueva esperanza, tanto en las personas como en las comunidades.

Este mundo no necesita palabras vacías. Necesita testigos y artesanos de la paz abiertos al diálogo, sin exclusión ni manipulación. El proceso de paz es un compromiso dinámico y constante. Es un trabajo paciente que busca la verdad y la justicia, honra la memoria de las víctimas y genera una esperanza común, más fuerte que la venganza.

Ya Pablo VI afirmaba que en una sociedad democrática, además de informar sobre los derechos, hay que reconocer los deberes de cada uno. Y recordar que esos deberes se apoyan en el dominio de sí, en la aceptación de las responsabilidades y en la aceptación de los límites que afectan a la libertad de la persona o del grupo.

Hay serios atentados contra el bien común, como la brecha entre los miembros de una sociedad, el aumento de las desigualdades sociales y la negativa a colaborar al desarrollo humano integral. En cambio, el poder de la palabra y de la verdad puede despertar en las personas la compasión y la solidaridad creativa. Por ahí pasa el camino de la paz.

Según el papa Francisco, la Iglesia contribuye a la búsqueda de un orden justo, sirve al bien común y alimenta la esperanza de paz. Y lo hace por medio de la transmisión de los valores cristianos, la enseñanza moral y las obras sociales y educativas.

José-Román Flecha Andrés

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Sobre el autor José Román Flecha Andrés

José Román Flecha Andrés, sacerdote, catedrático de Teología Moral, especializado en Bioética,