Internacional Última hora

Pauline Jaricot y Teresa de Lisieux, ejemplos de vida misionera

«La figura de Pauline Jaricot podrá ayudar a los bautizados a consolidarse en el camino misionero, a través de la red del compartir las ofrendas materiales y la oración. Hoy cada uno de nosotros está llamado a seguir este ejemplo: podemos ser misioneros compartir lo que tenemos, compartir nuestro testimonio de vida y, sobre todo, entregarnos totalmente al Señor. En Él encontramos la fuente y el fundamento del entusiasmo misionero. Este es un camino de alegría, esperanza y confianza, especialmente en este período difícil que atraviese nuestro planeta». Así lo ha dicho a la Agencia Fides el padre Gilles Reithinger, superior general de la Congregación de las Misiones Extranjeras de París (MEP), centrándose en la figura de Pauline Jaricot (1799- 1862), fundadora de la Obra de Propagación de la Fe, hoy una de las cuatro Obras Misionales Pontificias, en vista de la Jornada Mundial de las Misiones.

«Como sacerdotes de la Sociedad de Misiones Extranjeras de París – informa – estamos muy agradecidos y pronto daremos las gracias por la beatificación de la Venerable Pauline Jaricot, después de que se haya producido el reconocimiento del milagro que se le atribuye». El misionero añade: «Pensando en santa Teresa de Lisieux (1873-1897), patrona de las Misiones, se ve un vínculo entre estas jóvenes, muy humildes, que muestran el camino para consagrarse completamente a Dios y al anuncio del Evangelio. Lo primero es la consagración al Señor: se entregaron totalmente al Señor y por tanto, pudieron escuchar Su llamada a ser misioneras. Ambas tenían el deseo de ir al otro lado del mundo a evangelizar pero al final, no pudiendo salir físicamente, llegaron a esas tierras con sus oraciones y su apostolado».

«Pauline Jaricot -recuerda el superior- gracias a las conversaciones con su hermano Phileas, y con el padre Denis Chaumont, superior del Seminario de Misiones Extranjeras de París, logró crear el sistema de la donación de ‘un centavo a la semana’, que significa compartir los propios bienes con los misioneros que viven en tierras lejanas, pero, además del compartir material, existía el compartir espiritual y fraterno de una familia de corazones, la gran familia de Nuestro Señor Jesucristo que comparte y sostiene a los llamados a salir en misión para anunciar a Cristo a los que no le conocen».
El padre Reithinger continúa: «Ambos querían dar a conocer el santo nombre de Nuestro Señor Jesucristo. Desde aquí Pauline pudo desarrollar toda la espiritualidad del compartir, del don de sí misma para Nuestro Señor que es parte de la espiritualidad misionera. De allí nacerán los Boletines en particular, los Anales de la Propagación de la Fe, que recorrerán y difundirán los testimonios de los misioneros. Esas publicaciones han dado lugar a muchas vocaciones misioneras ad gentes, más allá de nuestras fronteras», señala.

A este respecto, el religioso relata un episodio reciente: «En los últimos meses fui al funeral de un misionero MEP en un pequeño pueblo rural de Francia, y me pregunté cómo era posible, hace más de 80 años, que un joven del campo francés pudiera imaginar ir al otro lado del mundo y pasar el resto de su vida allí. Es decir, cómo el Señor había hecho brotar esa vocación misionera. Los miembros de su familia me dijeron que el párroco local, en las homilías y catequesis, leía a los niños los testimonios narrados en los Boletines de las Obras Misionales Pontificias. A partir de ahí, en la vida de ese hermano de comunidad, el Espíritu Santo encendió la chispa de hacer del anuncio del Evangelio su propio programa de vida».

La Congregación de Misiones Extranjeras de París ha contribuido a la evangelización de muchos países asiáticos durante 360 ​​años: Tailandia, Vietnam, China, Camboya, India, Laos, Japón, Corea, Malasia, Singapur, Birmania. En el siglo XX, el MEP envió numerosos misioneros, 23 de los cuales han sido canonizados. Hoy la congregación cuenta con más de 180 sacerdotes y 15 seminaristas, mientras que 150 jóvenes son acompañados cada año a Asia y al Océano Índico para un período de servicio voluntario, de entre dos meses y dos años de experiencia de vida misionera.

Regístrate en ECCLESIA para acceder de forma gratuita a nuestra revista en PDF

REGISTRARME