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Pati Trigo: «Mi idea de la Virgen se ve en mis dibujos: sencilla, joven y cercana, muy amiga»

Hablamos con una chica de 27 años de Pamplona que acaba de independizarse. Ha crecido en una familia católica, es la séptima de diez hermanos, y cuando eran niños jugaban en casa a dibujar los personajes Disney. A diferencia de muchos otros niños, Patricia Trigo González, conocida como Pati Trigo, nunca dejó los lápices del todo, quizá porque ya de niña se entreveía su talento. Ahora tiene más de 40.000 seguidores por Instagram y no es rara la ilustración que tiene más de 10.000 likes. Lo más particular de todo, su éxito viene de dibujar a la Virgen, algo que comenzó el 31 de mayo de 2018, cuando subió a su perfil de Instagram a la de Fátima abrazando a una niña que no era otra sino ella misma.

—¿Es el Adviento un tiempo litúrgico que inspira?
—Es un tiempo de esperanza. Y yo creo que la esperanza inspira. Mis dibujos, desde el principio, han sido un reflejo de la esperanza que tiene mi alma en Dios; en su ternura, en su humanidad y en su sencillez. Y, junto con Dios, la Sagrada Familia. Espero que sea así de sencilla y así de alegre. Y, a su vez, un ejemplo de confianza. Creo que este tiempo va de eso: esperar y confiar. Me imagino a la Virgen María como gran ejemplo de esto (y más en este tiempo de Adviento). Ella esperaba con gran confianza, una confianza alegre. De esa que contagia. Y es todo esto lo que quiero intentar transmitir en estas ilustraciones.

—Cuando ilustra a la Sagrada  Familia ¿en qué se inspira?
—En mis padres. En mis hermanos. En mis sobrinos. Y en la idea que tengo de Dios. Me inspiro en familias de amigos y en aquellas que, a través de libros, películas o redes sociales, me transmiten paz y comodidad. Me transmiten belleza. Todo lo que respiro de paz a mi alrededor lo conecto con Dios. E intento retratarlo de alguna manera. Creo que la verdadera belleza y la verdadera Paz vienen del Espíritu Santo. Intento poner sobre papel esto en lo que creo: la Sagrada Familia, humana y divina, ejemplo a seguir para estar más cerca de Dios.

—¿Se considera una influencer?
—Mis amigos se ríen con eso, pero lo mío es muy diferente a las influencers de hoy en día. Yo soy famosa por mis dibujos, no por mi cara bonita. ¿Sabes? No me lo termino de creer, y prefiero que sea así. A veces me bloqueo, porque me llegan comentarios de gente que me dice «qué fe tan grande tienes», y siento presión por la imagen de católica modelo. Me acuerdo de que, antes de subir la ilustración de la Virgen de Fátima, la que provocó que todo esto despuntara, me lo pensé mucho y casi no la subo. Me parecía muy personal, incluso ñoña. Además, uso mi Instagram como portfolio para el mundo de la animación, y me daba reparo manifestarme abiertamente católica. Al final, lo recé a la Virgen: «Pase lo que pase, todo tuyo».

—Además, ese dibujo, en el que le abraza la Virgen, tiene algo que ver con su proceso de fe…
—Mi familia me formó en la fe y eso es un regalazo. Después de la universidad pasan mil cosas en la vida, descubres el mal, el sufrimiento y la muerte, y no me encaja un Dios como amor. Entonces tengo dos años de no querer creer, es mucho compromiso y trabajo. Ves que el mundo es aparentemente feliz sin Dios, y te atrapa. Gracias a mi familia no me aparto radicalmente de la fe, y también gracias a la Virgen; ella es humana y la primera que no entendía todo lo que pasaba, pero tenía una confianza muy fuerte. Así que después de dos años de crisis hablo con un sacerdote, Santi Arellano, que me ayuda mucho. Me anima a intentar volver a Dios a mi manera y poco a poco. Y ahí entra ese primer dibujo de la Virgen que me da un abrazo.

—¿Dios escribe recto con renglones torcidos? ¿Rompe esquemas?
—Mis dudas son, sobre todo, mentales, de darle vueltas y pasarlo mal. Entonces te metes en un pozo donde no ves esperanza ni quieres luchar por ello. Creo que todos, a nuestra manera, experimentamos momentos así. Lo que ahora sé es que nunca estuve sola. Cuando terminé la universidad, me fui de au pair a Estados Unidos porque necesitaba salir de mi burbuja de Pamplona.

—Me habla del mal. ¿Cómo vive esta realidad con la pandemia?
—No he vivido casos muy cercanos. Es algo que me rondaba la cabeza hace un par de años, y ahora ya lo tengo hablado con Dios y me encuentro más tranquila. Lo reflejo en mis dibujos: aunque el mal y la muerte están en la existencia, Dios está ahí contigo, en la Sagrada Familia, con ternura. La religión no debe hacer como que el mal no existe. Más bien, sabiendo que está ahí, Dios es la única solución, que te abraza más fuerte cuando peor lo pasas. ¿Y ahora? En estos últimos meses tengo que reconocer que la situación me afecta, nos encontramos en un «valle de lágrimas», y cuando subo un post, tengo que estar muy segura. Gracias a que tengo una dirección espiritual que me anima.

—Lo suyo es el concept art, ¿cómo explicaría qué es eso?
—Todas las películas tienen que definir qué colores usan y qué se quiere transmitir… y hay que pensar cómo serán los personajes. Por qué este tiene unos ojos más grandes o más pequeños, o cuáles serán sus poses. Es como hacer un estudio de personalidad y plasmarlo gráficamente. Todo eso me fascinaba desde que de pequeña veía películas Disney, y cuando vivía en Estados Unidos vi una exposición de Pixar en la que descubrí ese departamento. A partir de ahí me propuse intentar trabajar en este mundo. Pregunté a un profesor de la universidad, para que me orientara, y más tarde vinieron un par de productoras a Navarra y pude acceder a un curso y formarme durante un año.

—Aunque le guste casi todo Disney… ¿qué película cree que destaca por su concept art?
—Me encanta Glen Keane, que ha hecho a Pocahontas y a Tarzán. La primera es belleza, el segundo consigue un movimiento asombroso y lo combina con la música. Desde siempre me llamó la atención El rey león, me refiero a la versión en 2D, no a estas nuevas de 3D, que creo que han destrozado el trabajo de concept art. De las más actuales, me gusta Coco, por cómo mezcla música, valores familiares y cómo estudia México y sus tradiciones.

—¿Cuál es su concept art de la Virgen?
—Precisamente, he tenido que trabajar en algún proyecto con la Sagrada Familia… mi idea de la Virgen se ve en mis dibujos: elegancia sencilla, pelo negro y nada de vestido despampanente, joven y cercana, muy amiga. Sobre todo, una sonrisa sincera, como muy de madre. Como tenemos que ser los cristianos, alegres y normales.

—¿Cómo se imagina la vida de Jesús?
—El nacimiento me lo imagino, a los ojos del mundo, muy pobre. Muy triste. Dos padres que tienen que dar a luz en un establo. Una escena muy fría. Pero es tal la confianza, la fe y el Amor que hay en la escena, que pronto te olvidas de esos problemas. Me quiero imaginar un nacimiento en el que el amor que hay entre los esposos es tan grande y la confianza que tienen en Dios tan ejemplar que la escena puede ser incluso envidiable. Por el Amor. Por la alegría. Por la confianza. Al final, una escena, que a los ojos del mundo es fría, pero que, con el primer sonido del bebé que se oye (y gracias a la previa confianza), se recrea una escena llena de calidez y ternura.

—También tiene una imagen preciosa de san José. Con la declaración del Papa Francisco de este año en su honor… ¿Veremos más ilustraciones del «patrono de la Iglesia con corazón de padre?».
—Me encanta que el Papa haya declarado este año en su honor. Me parece el gran santo desconocido. Un santo lleno de humildad. Que ha trabajado por y para Dios en la oscuridad. El que ha tenido una confianza plena en su misión. En silencio. Y, para este año que viene y para esta cultura en la que vivimos, creo que es el gran santo a seguir. Me llama muchísimo la atención y, gracias a que el Papa le acaba de dar más visibilidad, a mí me anima muchísimo más a intentar dar forma a las ideas que tengo sobre su persona. ¡Por supuesto que va a haber alguna ilustración más de san José!

—Me ha hablado de películas… ¿qué referentes tiene en el arte clásico?
—Lo primero, no soy una gran experta y me gustaría leer más. Da Vinci tiene un arte precioso, cómo usa los colores y posiciones. Me gustan mucho sus bocetos… si ves mi tipo de arte, también tiende a ese estilo. Me encanta cómo refleja la anatomía del ser humano. Murillo me gusta mucho y el Museo Sorolla es de mis sitios favoritos de Madrid, por cómo usa la luz. Tiro más para el arte figurativo, pero Pollock me flipó. Al principio lo ves y dices, ¿por qué? Luego lees sobre Historia del Arte y lo entiendes, ves que su arte tiene sentido y está conectado con todo lo anterior: es que no podía hacer mucho más, porque todos los de antes ya lo habían hecho. Por ejemplo, me gusta mucho el impresionismo, Manet y Monet.

—Hablando de conexiones, su arte conecta mucho con la gente… ¿por qué cree que sucede?
—Porque es personal y sincero. Y me he dado cuenta a posteriori de que la ternura no había tenido demasiada representatividad en el arte católico… es algo que está llamando mucho la atención. Por ejemplo, no conocía un cuadro de una Virgen abrazando a una niña, algo muy natural para mí porque refleja la formación que he recibido de mis padres. Ahora la gente me escribe y dice: «Quiero un dibujo para mi hija y veo uno tuyo, y es a la Virgen que rezo». Eso me impacta mucho.

—¿Normalmente recibe tan buen feedback? ¿No le sale algún hater (odiador)?
—Siempre había estado en Instagram, y me enseñaron que debió de haber revuelo en Twitter por mis ilustraciones, con gente que decía que eran blasfemas por poner a la Virgen tocando la guitarra, o feliz a toda la Sagrada Familia. Ahí me agobié, pero también recibí mucho apoyo. Algunos sacerdotes me han dado las gracias y me han dicho: «Transmites algo que yo, con años de estudio, no puedo». No me siento la gran teóloga, eso sí.

—¿Qué papel tiene su familia en su faceta de artista?
—Me apoya desde siempre. Sobre todo mi madre, y eso que tengo claro que da miedo que tu hija te diga que quiere dedicarse al mundo del arte. Mis padres me han transmitido la importancia de tener algo seguro, y luego, ya intentarlo con el arte. Mi padre también me apoya muchísimo, y se lo agradezco.

—Antes vivió en Estados Unidos, ahora inicia una nueva etapa en Madrid. ¿Se le vuelve a quedar pequeña Pamplona?
—He venido para independizarme y sacar adelante mi marca Pati.te con la tienda online. Llevaba meses pensándolo y el coronavirus me ha ayudado. Pamplona se me quedó pequeña hace años, y seguí por la oportunidad del curso de formación en la productora. Quería conocer gente nueva. Así que lo recé, y con otras dos amigas que también buscaban piso, nos hemos venido. Ahora, lo que más me agobia es gestionar todos los pedidos.

—¿Cómo se siente en el mundo del cine siendo católica?
—Mi experiencia hasta ahora, y tengo que dejar claro que no es mucha, ha sido un año en una productora de animación. Ahí nos damos cuenta de que nos movemos con prejucios y yo, al principio, tenía miedo por los comentarios. Al llegar, no he visto más que respeto y amor. A la vez, en general me he dado cuenta de que la Iglesia y los cristianos proyectamos una imagen errónea, no sé muy bien si por nuestra culpa, de los medios, o de quién. Pero a las semanas de estar con ellos, se sorprenden. «¿Cómo que eres católica y del mundo Opus?», me decía alguno. Tienen una imagen que no es la real; es injusto porque el mensaje de Dios es de amor. No puede ser que piensen que soy una cristiana rara por ser alegre… ¡pues claro que no!
Quien ataca a la Iglesia, creo que es porque no la conoce. Si piensas en la vida de Jesucristo, era muy normal. Tenía amigos, les habían invitado a una boda, era una familia social que no se pasaba todo el día rezando… Estaban en el mundo… con los ojos hacia Dios. Y el primer milagro fue convertir el agua en vino, además, en uno bueno. No es que seamos unos borrachos, sino que vamos a disfrutar de la vida con Él.

Por Asier Solana



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