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Pastores Misioneros, por Jesús Vidal

¿Es ahora el Día del Seminario? Así es, la pandemia que estamos padeciendo está trastocando nuestras vidas en muchas cosas. Una de ellas, que seguro no es la más importante, es que debido a la suspensión del culto público decretada por muchos obispos para sus diócesis tras la declaración del estado de alarma el pasado mes de marzo, la Conferencia Episcopal Española tomó la decisión de trasladar en este año el Día del Seminario de 2020 a la solemnidad de la Inmaculada Concepción. No es algo extraño, pues ya algunas diócesis tienen la tradición de celebrar el Día del Seminario unido a esta solemnidad de la Virgen María.
El traslado nos permite dirigir la mirada a nuestros seminarios en este momento con algo de perspectiva. También en ellos se sufrió el golpe de la covid-19. Los candidatos al sacerdocio pudieron sentir en sus carnes el desconcierto con que este inesperado acontecimiento nos sorprendió a todos. Cada seminario diocesano, con el obispo y el rector a la cabeza, tomó las decisiones más apropiadas según la variedad de situación por número y distribución geográfica de los seminarios. En algunos, los seminaristas se marcharon a sus casas para pasar el confinamiento junto a sus familias, mientras que en otros los seminaristas mantuvieron la comunidad educativa, viviendo aquella primera fase como una gran familia. Algunos seminaristas, rectores, formadores y directores espirituales han ido padeciendo esta enfermedad en mayor o menor grado, e incluso ha habido algún fallecimiento. Hemos sufrido en nuestra carne los mismos dolores que nuestro pueblo.
Sin duda, estar viviendo estos acontecimientos nos hace mirar al lema que anima la campaña de este año desde una nueva perspectiva. «Pastores misioneros» es un lema que busca poner en primer plano el nuevo Plan de Formación sacerdotal en España, aprobado por la 113ª Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española en abril de 2019, ratificado por la Congregación para el Clero en noviembre de ese mismo año y publicado a finales del pasado verano con el título «Formar pastores misioneros. Plan de Formación sacerdotal». Algo que aparece continuamente resaltado en dicho plan es la necesidad de formar pastores capaces de anunciar el evangelio al hombre de hoy. Y las que estamos viviendo son circunstancias que sin duda habrán de ser para los futuros sacerdotes motivo de profunda reflexión acerca del mundo al que son llamados a llevar el evangelio. Como señala el Plan de Formación en el número 252, «educar en el discernimiento pastoral supone desarrollar la sensibilidad social de los seminaristas para que adquieran una mayor conciencia de la realidad y puedan hacer una lectura profunda y una valoración crítica de los cambios que se van experimentando en la sociedad y en la Iglesia». Como hemos escuchado de muchas y diversas voces, no podemos salir de este trance igual que estábamos cuando todo comenzó. La pandemia de la covid-19 ha de tocar también el corazón de nuestros seminaristas, que como pastores del futuro acompañarán al Pueblo de Dios, caminando en medio de los hombres, para vivir de un modo nuevo. Como ha señalado el Papa Francisco a propósito de la situación actual, «a pesar de estar hiperconectados, existía una fragmentación que volvía más difícil resolver los problemas que nos afectan a todos. Si alguien cree que sólo se trataba de hacer funcionar mejor lo que ya hacíamos, o que el único mensaje es que debemos mejorar los sistemas y las reglas ya existentes, está negando la realidad» (FT 7).
El pastor misionero es, por tanto, el hombre llamado a generar la comunión donde no la hubiere y a restaurarla donde estuviere herida por las disputas. El sacerdote ha de ser hombre de comunión, maestro de acogida y escucha atenta para poner ante Dios los sufrimientos y heridas de los hombres. Y esta escucha ha de ser igualmente atenta a Dios para que no responda solo el sacerdote con sus pobres palabras, sino que su voz resuene con una palabra verdaderamente inspirada, capaz de ilumina y alentar formas nuevas de vida en comunión. Ha de ahondar, por tanto, al mismo tiempo en los misterios de Cristo y de la Iglesia y en la comunidad concreta a la que es enviado. Durante la presente pandemia ha brillado con fuerza la creatividad de muchos pastores que han buscado todas las formas posibles para estar cerca de los que más han sufrido. A través de las nuevas tecnologías, de las redes de atención y escucha o de la ayuda material de la caridad se ha hecho patente que la Iglesia no ha cerrado sus puertas en la fragilidad, no se ha escondido a esperar a que pasara la tormenta. La respuesta no ha sido solo de los sacerdotes. No ha sido esta, por tanto, una creatividad solitaria, sino una fuerza que ha movido a otros a unirse para reavivar redes vecinales que buscaran acompañar a cada uno y a rejuvenecer los voluntariados de las parroquias para cuidar de nuestros mayores.
Los tiempos de crisis son también tiempos en los que el corazón se abre a escuchar llamadas más altas. Estamos convencidos de que en medio de este sufrimiento muchos se habrán preguntado si merece la pena guardar la vida para uno mismo. El testimonio del personal sanitario y de servicios que se ha mantenido en la brecha en el tiempo del confinamiento más duro son un estímulo para reconocer que la vida plena se alcanza dándola. Cuanto más entrega uno la vida, más la gana y desarrolla. Animamos a los jóvenes a que abran sus oídos interiores y escuchen dónde y de qué manera les llama Dios a dar su vida.
Y celebramos este día de la mano de nuestra Madre en el misterio de su Inmaculada Concepción. Ella, Salud de los enfermos, ha sabido estar acompañado con ternura de Madre a todos sus hijos. La Virgen María es imagen del seminario, pues como en ella se formó la carne del Verbo Eterno, de igual manera en el seminario se forman los que recibirán la misión de representar a Cristo. Por eso, a ella le pedimos este año, en el día del seminario, que haga de cada casa de formación un hogar de comunión en el que formen pastores misioneros capaces de llevar la alegría de Dios a todos los hermanos.

Jesús Vidal Chamorro

Presidente de la Subcomisión Episcopal de Seminarios y obispo auxiliar de Madrid



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