Especiales Ecclesia JMJ Cracovia 2016

Pastoral Juvenil de Tui-Vigo y Acción Católica: voluntarios y la JMJ Cracovia

 Camino a la JMJ, junto a los invisibles (Diócesis de Tui-Vigo)

 Hey! Que pasa chavales…. ¿Todo bien, todo correcto? Y nosotros que nos alegramos. ¿Cómo pasa el tiempo, verdad? Hace nada estábamos contándonos nuestros propósito de cara a la JMJ y ahora sólo queda un mes para que disfrutemos todos juntos del encuentro.

Esta vez os escribimos para contaros sobre un proyecto en el que hemos participado en colaboración con la Pastoral Juvenil de Tui-Vigo y la Fundación CUME. El proyecto se llama “Son invisibles” y trata de llevar a través de voluntarios un rato de compañía y un poco de comida a aquellas personas que viven en la calle, quizás los invisibles de la sociedad. Con todo, compartimos con vosotros estos párrafos que David Álvarez ha querido transmitir de su experiencia. Esperamos que os guste y NOS VEMOS EN CRACOVIA! TIC-TAC, TIC-TAC, TIC-TAC,…

¿Qué hacer con aquellos que son Invisibles?; ¿Por qué son Invisibles?; ¿Cómo uno se convierte en Invisible?… Antes de responder a estas, o a más preguntas que me hago, surge antes otra, principio y fundamento de todas las demás: ¿Quiénes son estos Invisibles?

Los Invisibles son aquellos que todos vemos pero muy pocos miran. Son aquellos que, tumbados en un cajero podemos obviar su presencia al quitar dinero, como si de un adorno más se tratara; son aquellos que miramos por encima del hombro, con desprecio o con lástima, cuando nos piden algo a la puerta del supermercado, de la Iglesia o del banco; son aquellos que sin pretender, en su inmensa mayoría, nada más que sobrevivir, de salir de la espiral en donde se encuentran, son tratados como inferiores; son aquellos que cuando nos piden decimos “pobriños” , mientras seguimos de largo…

¿De quién son Invisibles? Del mundo, del Estado, de las Instituciones…pero sobre todo, de nosotros. Nos contentamos en pensar que son otros los que tienen que atenderlos; que nosotros, desde nuestra pequeñez, no podemos hacer nada contra esa injusticia y, hasta cierto punto tenemos razón. Es verdad que no podemos sanar por completo la miseria en la que viven, no podemos darles una casa, un trabajo o una vida mejor con un chasquido de dedos, pero sí podemos aportar nuestro granito de arena.

Hay una cosa que sí podemos hacer y es ser misericordioso; es decir poner en nuestro corazón la miseria en la que viven estos invisibles, hacer nuestros Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren.

¿Cómo? Con la palabra; con el gesto; con la compañía… quien se siente invisible, no espera nada más que pasar desapercibido. Para un Invisible, sentirse visible a los ojos del mundo es ya un gran regalo; si esto lo acompañas con un bocadillo, algo de beber y un dulce, les devuelves la alegría a una cara triste.

¿Por qué? Primeramente por humanidad. No podemos cerrar los ojos a los que son como nosotros y por desgracia no viven en una situación de dignidad equiparable a la que se merecen. No han perdido su humanidad, aunque nosotros no se la reconozcamos. Secundariamente, desde una perspectiva creyente por que los sus sufrimientos son a la vez los gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo.

Como conclusión podríamos preguntarnos: ¿Realmente se sienten Invisibles? Detrás de cada Invisible se encierra una historia, una experiencia y una vida difícil. Han vivido situaciones, decisiones y experiencias que muchos de nosotros ni nos imaginamos. Quizá antes de juzgar si ellos se lo han buscado, debamos descalzarnos las sandalias, acercarnos a ellos e interesarnos por su historia.

Todo Invisible tiene una oportunidad de volver a empezar. No esperemos a tener una casa, un trabajo que ofrecerles, vayamos con nuestros brazos abiertos, y los oídos atentos y así reconocerlos como Visibles aunque sea por un día, una hora, o un minuto.

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