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Pascua y cumpleaños, por el padre Joaquín Martín Abad

Pascua y cumpleaños, por el padre Joaquín Martín Abad, sacerdotes de Madrid

Solemos celebrar la fecha de nuestro nacimiento cada año aunque, para ser exactos con nuestra existencia, tendríamos que añadir generalmente nueve meses más si es que no somos sietemesinos. Le llamamos a ese día “cumpleaños”. Y nos lo deseamos feliz.

El papa Francisco insiste en que deberíamos conocer la fecha de nuestro Bautismo para celebrar también este otro cumpleaños de vez en vez, una vez más. Y con gratitud por haber sido incorporados al cuerpo total de Cristo el mismo día, o unos días más tarde, o ahora quizá meses, de nuestro nacimiento.

Y la Pascua de Resurrección, fecha que baila en el calendario según la primera luna llena de primavera -conforme al “antiguo primer mes” judío de Nissán- centra litúrgicamente y al mismo tiempo espiritualmente la vida de cada año que acumulamos en la vida y que descontamos para la celebración con Cristo de nuestra Pascua definitiva.

En cada Pascua, pues, también cumplimos años, de nuestra vida y de nuestra vida cristiana, que nos deseamos feliz.

Los cristianos orientales -tanto católicos como ortodoxos- en la semana y cincuentena pascual se saludan incluso por la calle, en griego su lengua litúrgica, así: “Jristós anestí”y se responden: “Alezós anestí”, y nosotros, dentro de la liturgia latina, en latín o en lenguas vernáculas repetimos lo mismo: “Cristo resucitó”;“Verdaderamente resucitó”.

Es la noticia más grande de la historia. La mejor “buena noticia”, Tan verdad como el Evangelio.

Si un médico o biólogo o cualquier científico dijera al mundo que había descubierto la medicina de la inmortalidad, quedaríamos pasmados. Pero sería -siendo imposible- una inmortalidad de vejez y sólo para este mundo temporal, no para la eternidad verdadera. Esta ensoñación de inmortalidad sería, de todos modos, intramundana y perecedera. En cambio, la resurrección rompe las coordenadas de espacio y tiempo y, cabe Dios, no tiene fin este oxímoron: “instante eterno”.

Por eso, en el prefacio segundo de Pascua, al glorificar a Dios porque Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado, tenemos la osadía de proclamar: “Por Él los hijos de la luz amanecen a la vida eterna, los creyentes atraviesan los umbrales del reino de los cielos; porque en la muerte de Cristo nuestra muerte ha sido vencida y en su resurrección hemos resucitado todos”. La mayor y mejor noticia, buena nueva, del Evangelio.

Así que feliz cumpleaños en la Pascua de Cristo, hasta que sea feliz y dichosa -ya sin años- nuestra resurrección, en el paso de este mundo al Padre, siempre con Él, y en el amor del Espíritu Santo.

P. Joaquín Martín Abad, Sacerdote de Madrid

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