Rincón Litúrgico

Pascua de Resurrección, por Ángel Moreno de Buenafuente

Pascua de Resurrección, por Ángel Moreno de Buenafuente

Liturgia de la Palabra: (Act 10, 34a. 37-43; Sal 117, Col 3, 1-4; Jn 20, 1-9)

-«Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.  Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que él había designado” (Act).

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó”.  (Jn)

 

Quienes hemos celebrado la Pascua del Señor, podemos afirmar, por haber recibido el regalo de la fe la verdad de la resurrección de Jesucristo.

 

Desde las fiestas de Pascua, tener esperanza no es mantener una actitud de entreguismo conformista, porque no hay más remedio que aguanto lo que suceda. La confianza no es una reacción ensimismada, de quienes han quedado secuestrados en un gueto ideológico espiritualista. La certeza que da la fe no se funda en un razonamiento tendencioso. Amar, amar siempre, responder al mal con el bien, no es respuesta de piadosos sensibleros. Tener esperanza es saber que el pecado no es dios, que el mal no es eterno, que la muerte no es la meta, que el sufrimiento no es anónimo, que la prueba es la puerta de la luz. La esperanza es el secreto del que cree, en ella funda su fortaleza, valentía, capacidad de espera.

Tener confianza no es un ejercicio mental positivista, es abandonarse en alguien en quien se cree que es bueno, que es amor, que es vida, salvación, que nos conoce, y nos acompaña.

 

La fe se funda en Cristo resucitado. No nos ha defraudado. Su Palabra es verdad. Dios le ha dado la razón. El Crucificado ha sido avalado por Dios, verdaderamente es el Hijo de Dios, en quien merece la pena creer, porque es la Verdad. Si «La Cruz de Jesús es la palabra con la que Dios ha respondido al mal del mundo. A veces nos parece que Dios no responde al mal, que permanece en silencio. En realidad ha hablado, ha respondido y su respuesta es la Cruz de Cristo» (Papa Francisco, Via Crucis 2013), la resurrección es la palabra con la que Dios Padre responde a la entrega total de su Hijo.

Aunque no llegue a entender el Misterio Pascual, de muerte y vida, y nos cuesto dar razón del motivo de nuestra fe, sobre todo cuando nos envuelven circunstancias dolorosas, sin embargo, desde la resurrección de Cristo tenemos la certeza de que la humanidad no está destinada a la destrucción. Por el hecho de la resurrección de Jesús, el creyente cristiano guarda en su corazón las palabras que dijo el Señor, antes de morir: que dan razón para saber esperar, aun en las circunstancias más adversas.

 

Cuando todo parece duro y difícil, y asalta las imágenes de la violencia, la guerra, el hambre, el paro, la enfermedad, si dejas lugar en tu corazón a la noticia de que Jesús ha podido al mal y a la muerte, y guardas en la memoria lo acontecido en Jesús, descubrirás la clave para interpretar todo como historia de salvación. A la luz de la Pasión, muerte y resurrección de Jesucristo se descubre que donde todo parecía derrota, hay victoria; y donde muerte, vida. Las lágrimas se vuelven cantares y la tristeza se convierte en gozo.

¿Cómo podría demostraros la incidencia de la Pascua del Señor en la vida, para que penséis que estas palabras se quedan en un bonito discurso!

Cada día, encuentro una razón para levantarme, no por la tarea, o la responsabilidad, sino por una persona: “Oh Dios, Tú eres mi Dios, por tu madrugo”.

Cada día, percibo la necesidad de la relación con Jesús. La oración no es un ejercicio de autoayuda, sino un trato en el que se confiesa la amistad, que se convierte en razón de vivir. Desde la experiencia de la oración se adquiere la certeza de no caminar solo.

Cada día, el trabajo no se reduce al esfuerzo, ni a su posible penosidad, sino que se convierte en vocación preciosa de compartir con el Creador la tarea de transformar el mundo, de acrecentar la belleza, de ofrecer mayor bondad.

En los momentos de dolor y de sufrimiento, de pruebas diversas, gracias a la resurrección de Jesucristo, me arriesgo a asumirlos de manera generosa y “corredentora”, sé que en ello acredito mi fe en Cristo muerto y resucitado. Son momentos privilegiados para devolver amor a quien tanto nos amó.

Por la fe en la resurrección de Jesús,  tomé la opción de vida, que a pesar de mi propia debilidad, sin embargo tengo el camino del Evangelio como guía, y sé que mi partencia a Cristo se acrisola a medida que crece mi configuración con Él.

Desde la verdad de la enseñanza de Jesús, demostrada con su resurrección, tomo como guía para el camino el amor, el perdón, la generosidad, el compartir, porque asumo el mandamiento nuevo como distintivo esencial de cristiano.

Cada día, y siempre, en las situaciones límite, hasta en la propia debilidad y pecado, gracias a la resurrección de Cristo me abrio al perdón. «Dios nos juzga amándonos, si acojo su amor estoy salvado, si lo rechazo me condeno, no por él, sino por mí mismo, porque Dios no condena, Él sólo ama y salva. No olvidéis esto», (Papa Francisco, Via Crucis 2013).

¡Feliz Pascua, Cristo ha resucitado!

 

 

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