Opinión

Pascua: ¡Anunciemos con alegría la esperanza de un tiempo nuevo!

Pascua: ¡Anunciemos con alegría la esperanza de un tiempo nuevo!

“En la Pascua recordamos que, donde hay debilidad, el poder de Dios puede mostrarse poderosamente. Creer esto es reconocer que la plena libertad solo se puede encontrar en la más absoluta confianza en aquel que es confiable”, afirma el Superior de la Provincia Meridional San Juan de Avila (Argentina-Bolivia-Chile) de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, Hno. Luis Alberto Mojica Paz, en un mensaje que ha escrito con ocasión de la Pascua de Resurrección.

El Hno. Mojica Paz invita invita así a los Hermanos, Colaboradores, Voluntarios y amigos de la Familia Hospitalaria a ser testigos de la Cruz de Cristo, anunciar la Buena Nueva y ser portadores del Espíritu Salvador.

El texto del mensaje es el siguiente:

Estimados Hermanos, Colaboradores, Voluntarios y amigos de la Familia Hospitalaria,

Las múltiples dimensiones de la vocación de la Iglesia requieren que vivamos nuestra identidad eclesial con auténtica humildad. San Juan de Dios entendió esto porque experimentó el poder de la impotencia, la fuerza de la debilidad y la riqueza de la pobreza. En su testimonio, en su misión y servicio, fue llamado a revelar la humildad propia de la abnegación.

En esta época del año, celebramos la vida, la muerte y la resurrección de aquel que no consideró el ser igual a Dios como cosa a qué aferrarse. Más bien, practicó el amor que se despoja de sí mismo y de esta manera nos abrió la puerta a la vida eterna.

Desde la Cruz, aquel que calmó los vientos, sanó a los enfermos y levantó a los muertos nos mira impotente. Se enfrenta a las consecuencias de una parodia de la justicia. Está herido por el mal que hicimos; molido por nuestras acciones. Lleva el ropaje de la víctima impotente ante la violencia de una turba equivocada.

Y luego… ¡llega el día de Pascua! Descubrimos que ese hombre que está en la cruz es vencedor, no víctima. Clavado sin piedad en una cruz, aunque en realidad está levantado para conducir la humanidad a Dios.

Vestido con los harapos de la impotencia en la cruz nos muestra dónde encontrar el verdadero poder y cómo manifestar la verdadera fuerza. No es sorprendente que en la mañana de Pascua, Dios lo levantara de la tumba habiendo cumplido su misión.

Ahora podemos afirmar que parte de la vocación de la Iglesia es modelar un valor que se encuentra en el mismo corazón de nuestra vida: una humilde vulnerabilidad. Los seguidores de Jesús saben que el débil puede decir: “Fuerte soy”, y los pobres pueden decir: “Rico soy.” Y este es el resultado de la obra de Dios en la muerte y resurrección de Jesucristo.

En la Pascua recordamos que, donde hay debilidad, el poder de Dios puede mostrarse poderosamente. Creer esto es reconocer que la plena libertad solo se puede encontrar en la más absoluta confianza en aquel que es confiable.

Todos, especialmente los Hermanos, somos llamados a anunciar un tiempo nuevo, de justicia y paz, de perdón y reencuentro, y vivirlo en nuestras relaciones dentro y fuera de nuestras instituciones. Evitemos hacernos eco del odio y la denostación que circulan en diferentes ámbitos y medios, y procuremos mostrar que se puede disentir sin resentimientos, discutir sin insultar, proponer sin invalidar a otros, buscar justicia sin pedir venganza. Las discrepancias no deben dar lugar al quebrantamiento de la comunión fraterna. Las palabras injuriosas, la descalificación artera del otro, el prejuicio y menos aún el odio forman parte del mensaje del Evangelio que celebramos en estos días. El Evangelio que predicamos no infunde temor ni es amenaza, sino confianza en el amor salvador de Dios.

La fe no reclama otro privilegio que el del propio evangelio: ser testigos de la Cruz de Cristo y de su amor salvador hacia toda la humanidad sin distinción; anunciar la esperanza que se abre con su Resurrección; y ser portadores de la presencia del Espíritu de Dios que anima toda la creación. Ese es el sentido de la Pascua, y esperamos que así podamos celebrarla.

Fraternalmente,

Hno. Luis Alberto Mojica Paz

Fuente: Orden Hospitalaria de San Juan de Dios – Provincia Meridional San Juan Avila (Argentina-Bolivia-Chile)

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