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Participación de la diócesis de Segorbe-Castellón en la Jornada de Familias del Año de la Fe en Roma

Participación de la diócesis de Segorbe-Castellón en la Jornada de Familias del Año de la Fe en Roma

El pasado 26 y 27 de Octubre más de doscientas mil personas de todo el mundo peregrinaron a Roma, a la Tumba de San Pedro, para participar en el encuentro de las familias en el Año de la Fe. Un grupo de familias de la Diócesis de Segorbe-Castellón, con niños, padres y abuelos, quiso peregrinar junto con Mons. Casimiro López Llorente a la tumba del Apóstol para participar en este evento festivo que llevaba por título “¡Familia, vive la alegría de la Fe”. El viernes por la mañana Mons. Casimiro López Llorente presidió la Eucaristía en el altar del Beato Juan Pablo II, en la Basílica de San Pedro en el Vaticano, en la que junto a él concelebraron cinco sacerdotes que acompañaban las familias.

Tras visitar la Basílica Papal y profesar juntos la fe junto a la tumba de San Pedro, visitaron las Basílicas Papales de San Pablo Extramuros y San Juan de Letrán donde D. Yago Gallo, Vicario General de la diócesis, impartió unas breves catequesis. Por la tarde las familias, tras visitar los lugares turísticos más importantes de la ciudad eterna, concluyeron la jornada con un rato de oración junto al Señor en adoración eucarística y rezo de vísperas en la Basílica de San Apolinar, donde las familias tuvieron ocasión de recibir el sacramento de la reconciliación.

El sábado por la mañana los peregrinos visitaron la Basílica Papal de Santa María la Mayor, donde el Sr. Obispo presidió la Eucaristía y rezaron juntos por todas las familias de la Diócesis a la Salus Populi Romani.  Por la tarde inició el Encuentro de las Familias en la Plaza de San Pedro en una Vigilia que reunió a más de 150.000 personas procedentes de los cinco continentes que se reunieron en un encuentro festivo y de oración para orar junto con el Santo Padre.

Durante el encuentro se resaltó a través de distintos testimonios la importancia de la familia como lugar privilegiado de transmisión de la fe y poder ser así testigos en todo el mundo de la alegría de poner a Cristo en el centro de la vida personal, familiar y social. El Obispo de Roma recordó a las familias que también ellas forman parte del Pueblo de Dios y les animó a que caminen con alegría junto al pueblo. Por esta razón les pidió que permanezcan siempre unidas a Jesús, y que lo lleven a todos con su testimonio.

El domingo por la mañana tuvo lugar la celebración de la Eucaristía presidida por el Papa Francisco en la plaza San Pedro quien en su homilía recordó los tres pilares fundamentales de la familia: la oración, la fe y la alegría. Tomando el texto del Evangelio, Francisco puso en evidencia dos modos de orar: uno falso –el del fariseo– y el otro auténtico –el del publicano. «El fariseo encarna la actitud del que no manifiesta la acción de gracias a Dios: se siente justo, se siente en orden, y juzga a los demás desde lo alto de su pedestal», meditó el Papa, recordándonos que la familia que ora, la familia que conserva la fe, es una familia que vive la alegría. Por esto el Obispo de Roma invitó a las familias del mundo a vivir siempre con fe y simplicidad, como la Sagrada Familia de Nazaret. El Santo Padre concluyó la Eucaristía confiando a todas las familias al amparo de la Sagrada Familia de Nazaret a quien invocó con la siguiente oración:

 

Jesús, María y José

a vosotros, Santa Familia de Nazaret, dirigimos hoy la mirada?con admiración y confianza;?en vosotros contemplamos?la belleza de la comunión en el verdadero amor;?a vosotros os encomendamos todas nuestras familias,?para que se renueven en ellas las maravillas de la gracia.

Santa Familia de Nazaret,?escuela atrayente del santo evangelio:?enséñanos a imitar tus virtudes?con una sabia disciplina espiritual,?dónanos la mirada límpida?en la que se reconoce la obra de la Providencia?en las realidades cotidianas de la vida

Santa Familia de Nazaret,?custodios fieles del misterio de la salvación:?haced renacer en nosotros la estima por el silencio,?que nuestras familias vuelvan a ser cenáculos de oración,?transformadas en pequeñas Iglesias domésticas.?Renueva el deseo de la santidad,?sostén la noble fatiga del trabajo, de la educación,?de la escucha, de la comprensión recíproca y del perdón.

Santa Familia de Nazaret,?devuelve a nuestra sociedad la conciencia?del carácter sagrado e inviolable de la familia,?bien inestimable e insustituible.

Qué cada familia sea morada acogedora de bondad y de paz?para los niños y para los ancianos,?para quien está enfermo y solo,?para quien es pobre y necesitado.?Jesús, María y José?os rezamos con confianza, y nos ponemos con alegría?bajo vuestra protección.

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