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Párroco chileno: «Podrán quemar nuestros templos pero no acabarán con nuestra fe»

El domingo 18 de octubre fueron atacadas otras dos iglesias en Santiago de Chile, la parroquia de San Francisco de Borja y la de la Asunción. Esta última es uno de los templos más antiguos de la capital de Chile, construido en 1876. El padre Pedro Narbona es el párroco de la Asunción y cuenta con tristeza a la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) el malestar entre sus feligreses.

El también asistente eclesiástico de ACN Chile, relata durante una entrevista en el programa «Perseguidos pero no olvidados» de ACN en Radio María, y recogida en la web de ACN, que la iglesia ya fue el objetivo de radicales violentos en noviembre del año pasado. Con el apoyo de ACN iban a comenzar los trabajos de restauración, que tendrán que ser reevaluados.

—¿Cómo se encuentra tras el incendio de su parroquia el pasado domingo?

Afectadísimo, muy triste. Desgraciadamente tenemos que volver a vivir esta terrible situación por segunda vez. El 8 de noviembre del año pasado en esta misma parroquia también fuimos atacados por un grupo de radicales que irrumpieron en el templo, sacaron a la calle los bancos, las imágenes y el ambón y lo quemaron todo. Pero desde la fe, intentamos verlo con esperanza, creemos que Dios es el único capaz de sacar algo bueno de todo esto.

—¿Dónde se encontraba cuando se produjo este nuevo ataque?

Ese domingo no estaba en la parroquia porque el arzobispo me había pedido que no arriesgara mi integridad física ni la de los feligreses, que vienen aquí habitualmente a Misa. Habíamos suspendido las celebraciones y estábamos haciendo la Misa online. En el momento del ataque me encontraba en otra parroquia vecina. Allí me enteré por la televisión y las noticias que me llegaban por el teléfono móvil. Se preveía una situación de violencia pero no de tanta magnitud.

—¿Cómo se encuentran las personas que forman la comunidad parroquial?

Están todos muy dolidos. Algunos se han acercado a ver el templo y cómo ha quedado tras las llamas. Estamos viendo cómo animarles, porque la comunidad es lo más importante. Ellos sienten mucha pena y mucho dolor, pero es impresionante porque entre ellos no hay atisbo de venganza sino que están rezando por las personas que han hecho esto. No tenemos un lugar donde poder reunirnos y va a pasar un tiempo largo hasta que podamos restaurar la iglesia. Hay un dolor profundo, pero a la vez queremos ofrecer al Señor este sacrificio para que Él nos regale el entendimiento, la reconciliación y que el amor venza al odio, para volver a tener un país de hermanos.

—¿Por qué cree que se han vuelto a atacar los templos en Chile?

Algunos analistas dicen que son líneas que se cruzan ante un descontento social. Si nos fijamos en los grafitis que hay en las paredes del templo, vemos que no solo son mensajes contra la Iglesia, también los hay contra otras personas e instituciones. Yo creo que los que hacen esto es gente muy enfadada con todo el mundo, y solo quieren una anarquía, dicen que todo tiene que empezar de nuevo, nada vale y todo tiene que escribirse de nuevo. En el caso de la Iglesia, dicen que no quieren que tengamos ninguna presencia en la sociedad.

—El arzobispo de Santiago de Chile ha condenado los hechos y ha dicho que los que más sufren las consecuencias de estos ataques a templos son los pobres y necesitados. ¿Qué labor habéis tenido que dejar de hacer tras el ataque?

La labor por los pobres y necesitados es fundamental para nosotros, es parte de la misión de la Iglesia. En el barrio al que pertenece nuestra parroquia han tenido que cerrar numerosos comercios por la pandemia del coronavirus y ante el aumento de estas manifestaciones. Muchos comerciantes cierran porque no pueden hacer frente a nuevos gastos por reparar sus locales que también han sido atacados. Todo esto repercute en que nuestra labor de ofrecer comida y bienes de primera necesidad ha aumentado mucho en los últimos meses. No disponer de la parroquia hace que se entorpezca el reparto de alimentos o de combustible para pasar el invierno. Esta zona además tiene muchos vecinos mayores, que tienen pensiones escasas y dependen de nuestra ayuda.

—ACN iba a ayudar a reparar la iglesia, ahora la ayuda sigue adelante, pero hay que evaluar los nuevos daños. ¿Cómo valoras esta ayuda?

Efectivamente, justo la semana pasada tuve una reunión con el equipo de ACN Chile y un arquitecto. Ya teníamos el proyecto definitivo pero ahora habrá que reestructurarlo y repensarlo porque la iglesia está ahora mucho más dañada. Nos ha cambiado la vida de un día para otro. Desde aquí agradecemos el apoyo. Nos podrán quemar los templos pero no podrán acabar con nuestra fe y confianza en el Señor. Esta es una frase que aquí se empieza a decir mucho.

—¿Un último mensaje para los benefactores y amigos de Ayuda a la Iglesia Necesitada en España?

Que Dios os bendiga y sostenga toda vuestra labor. Seguimos unidos orando unos por los otros. Espero que Dios os bendiga también en este tiempo de pandemia en el que España lo está pasando muy mal, os tenemos presentes.

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