Santa Sede

Para una ecología integral, por José-Román Flecha

El día 24 de mayo de este año 2020 se cumplirán cinco años de la firma de la encíclica “Laudato sí” sobre el cuidado de la Casa Común. Con ella el papa Francisco introducía muchas novedades en la larga lista de los documentos del Magisterio de la Iglesia Católica sobre cuestiones sociales. Para comenzar, esta encíclica no lleva un título en latín, como era habitual. Se abre con las primeras palabras del hermoso canto con el que san Francisco de Asís alababa a Dios por las obras de su creación.

En esta encíclica llama la atención la continua referencia del Papa a la ciencia y a la técnica modernas, a la filosofía y a la teología más recientes y aun a la mística de otras religiones.

El mensaje de la encíclica se apoya tanto en las ciencias como en la revelación bíblica y en los escritos de los Padres de la Iglesia. Recoge además las reflexiones de los teólogos, desde santo Tomás de Aquino hasta Romano Guardini y la intuición de Teilhard de Chardin, autor de aquel precioso libro titulado “El himno del Universo”.

Ya en la misma introducción, el mismo papa Francisco resume el contenido de la encíclica, que, articulado en seis capítulos, parece seguir el esquema clásico de una catequesis.

En efecto, la encíclica  se abre con unas notas sobre “lo que le está pasando a nuestra casa”. La contaminación de la tierra y el cambio climático están generando el deterioro de la calidad de vida. El papa Francisco tiene un decidido interés en subrayar que son los pobres los más afectados por los daños que sufre el planeta.

Ahora bien, la situación de la tierra puede ser considerada desde muchos puntos de vista. A la luz de la Biblia y de la tradición, los cristianos confesamos que podemos leer en el mundo creado el amor del Dios creador. Jesús mismo nos enseñó a ver en la creación el mensaje de Dios y la parábola sobre el sentido de la vida del hombre.

Tras observar la situación de deterioro del planeta, el Papa señala que el antropocentrismo y el relativismo que marcan la cultura del desarrollo y el progreso constituyen la causa fundamental  del desastre medioambiental.

En consecuencia, propone como solución a la crisis el ideal de una ecología integral que respete los derechos de las personas que hoy comparten los bienes de la tierra, pero también los derechos de las generaciones venideras.

Para no quedar solo en los principios, el Papa ofrece algunas pautas que pueden orientar el pensamiento y el compromiso tanto de los individuos como de los organismos internacionales.

Francisco propone además una verdadera “conversión ecológica” y una espiritualidad contemplativa y sacramental con relación al mundo creado.

Finalmente incluye una oración que puede ser compartida por todos los que creen en un Dios creador y otra oración que refleja la concepción cristiana del mundo creado por Dios.

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