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Para que el trabajo no destruya la familia, por el arzobispo de Burgos, Francisco Gil Hellín

“En más de veinte años de matrimonio, con ocho hijos ahora, una casa, una hipoteca y una carrera profesional llena de golpes y moratones, nunca he lamentado haber elegido a mi mujer y a mis hijos por encima de mi carrera”.

El que esto escribe es Kevin Lowry, un converso norteamericano y asesor financiero, que acaba de publicar un libro (Fe en el trabajo) aportando la perspectiva masculina para ofrecer una motivación al trabajo añadida al salario. Ha tenido mucho éxito y lo han recomendado varios obispos, entre ellos el arzobispo de Washington.

Ahora ha colgado en su blog un artículo en el que sugiere “Diez caminos para que el hombre mejore el equilibrio entre trabajo y familia”. Después de haberlos leído comparto la opinión de quienes los consideran sencillos pero eficaces. Los trascribo casi literalmente.

1. Pon en orden tus prioridades. Kevin ofrece las suyas: “Dios, mi esposa, mis hijos, mi carrera y, luego, lo demás”. Coloca antes a su esposa que a los hijos, “no porque ellos no sean importantes, sino porque ella es superimportante. La mejor manera de ser un verdadero líder de la familia es ser modelo de virtudes, servir y rezar como locos”.

2. Haz sólo la voluntad de Dios. “Siempre tenemos tiempo para hacer la voluntad de Dios. Luego, si no hay tiempo bastante en el día, es que hay cosas en nuestro listado de tareas que no deberían estar ahí. Si estás intentando encontrar cosas que quitar, pregúntate qué quitarías si tu mujer o uno de tus hijos estuviese gravemente enfermo… y no esperes a que esto ocurra”.

3. Comparte las cosas con tu mujer. “Esas cosas no serán por eso más fáciles, pero si estáis en la misma página de lo que Dios quiere de vosotros como pareja, ese propósito compartido te ayudará en los malos momentos”.

4. No vivas por encima de tus posibilidades. “Es una trampa, evítala como si fuese una plaga”.

5. Trabaja como un loco… cuando estés en el trabajo. “Completa todas tus tareas, haz todo lo mejor que puedas y vete a casa. Trata a tu familia como más importante que tu cliente más importante o incluso que tu jefe”.

6. Protege tu matrimonio. “Los hombres somos criaturas visuales. Mantén una distancia emocional respecto a las mujeres que no sean tu esposa. Trátalas con respeto, como querrías que otros hombres tratasen a tu esposa en el lugar de trabajo. Habla positivamente de tu mujer. Nunca te quejes de ella, especialmente ante otras mujeres”.

7. Pide consejo. “Pídele a tu mujer consejo y oraciones cuando estés con problemas. Probablemente te conoce como nadie y su punto de vista puede ayudarte a que las cosas funcionen”.

8. Ama a tu mujer. “Recuerda por qué os enamorasteis. Piensa en sus cualidades. Reza por ella. Ofrece pequeños sacrificios por ella. Piensa en el honor que supone ser admitido, a pesar de todas nuestras debilidades, como un marido”.

9. Procura momentos a solas. “Deja un tiempo exclusivo para tu mujer”.

10. No te lleves trabajo a casa si es posible. “Especialmente en esta era de las comunicaciones, es importante apagar el móvil, apartar el ordenador y entregarnos a nuestras familias”.

Estos consejos no descubren mediterráneos. Ahora bien, ¿qué pasaría en más de un matrimonio si el marido –y la esposa- los recordaran con frecuencia y, sobre todo, trataran de seguirlos? ¿Por qué no intentarlo?

 

 

+Francisco Gil Hellín

Arzobispo de Burgos

 

 

 

 

 

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