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Para no emigrar: Estados Unidos debe invertir en programas para ayudar a los jóvenes centroamericanos, afirma el arzobispo de Miami

Para no emigrar: Estados Unidos debe invertir en programas para ayudar a los jóvenes centroamericanos, afirma el arzobispo de Miami

– Reproducimos la columna de monseñor Thomas G. Wenski, arzobispo de Miami, donde expresa presenta su opinión y experiencia sobre la situación de los numerosos menores de edad que se ven obligados a migrar desde Centroamérica hasta Estados Unidos.

Del 14 al 16 de junio, líderes de Guatemala, El Salvador, Honduras y Estados Unidos se reunirán aquí en Miami para discutir la Alianza para la Prosperidad, un plan diseñado para ayudar a crear seguridad y prosperidad en una región con tasas de violencia tan altas como las zonas de guerra activas.

La violencia ha obligado a miles de padres a enviar sus hijos “al norte”, hacia los Estados Unidos. Al igual que los niños “Pedro Pan” de los años sesenta, muchos de estos niños han llegado aquí como “menores no acompañados”. En la pasada Navidad celebré Misa para cerca de 1,000 de estos niños, que estaban en ese momento detenidos en la antigua Base de la Fuerza Aérea en Homestead. Por su comportamiento durante la Misa —conocían las oraciones y participaron devotamente— pude ver que estos niños no eran abandonados “niños de la calle”.

Pero habían sufrido amenazas extremas por parte de pandillas: “Te unes [a nuestra pandilla] o mueres”. En un caso reciente que he oído, un joven de 17 años de El Salvador huyó a los Estados Unidos después de recibir esta amenaza. Al llegar, se enteró de que la pandilla mató en lugar suyo a su hermano de 15 años de edad.

Durante ya demasiado tiempo, los padres en América Central han estado sintiendo que la única oportunidad de vida para sus hijos es que huyan a los Estados Unidos o a Costa Rica. La Iglesia Católica continúa abogando en favor de estos menores no acompañados —y nuestras organizaciones benéficas se han aliado con agencias gubernamentales y no gubernamentales para atender sus necesidades sociales, legales y educativas. Pero las inversiones del gobierno de Estados Unidos y otras partes interesadas son cruciales si queremos brindar seguridad y oportunidades a estos jóvenes en riesgo y a sus familias, antes de que se vean obligados a emigrar.

Catholic Relief Services (CRS), la agencia internacional de socorro y desarrollo de la Iglesia Católica en los Estados Unidos, ha ayudado a muchos de ellos contribuyendo a proporcionarles seguridad y oportunidades en sus países de origen. CRS se asocia con organizaciones y gobiernos locales y, por supuesto, con las familias, para dar esperanza a los jóvenes. Ayudados por el Programa de Alimentos para la Educación del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos —que sería eliminado en la solicitud presupuestaria de la Administración para el año fiscal 2018—, hemos contribuido a mejorar la alfabetización en una provincia de Honduras en 22 por ciento en tres años. Al dar a los niños marginados la oportunidad de tener una educación de calidad, disminuimos la probabilidad de que sean víctimas de las violentas pandillas.

Para aquellos jóvenes que ya están en las calles o en otras situaciones vulnerables, CRS está ampliando los programas que fomentan sus habilidades, para que puedan encontrar trabajo y romper con el control de las pandillas. Trabajando con funcionarios gubernamentales y empleadores clave, el 80 por ciento de los jóvenes regresan a la escuela o trabajan. Nuestro plan es llegar a 50,000 jóvenes para 2020. Una parte decisiva del apoyo financiero para este programa de Youthbuild, proviene de la Oficina de Asuntos Laborales del Departamento del Trabajo de los Estados Unidos, cuya financiación también se elimina en el presupuesto de la Administración.

Insto al Congreso a que mantenga la financiación de estos y otros programas que abordan las necesidades de los jóvenes en riesgo en Centroamérica. Y exhorto al Departamento de Estado a que tome en serio el papel fundamental que desempeñan las organizaciones de la sociedad civil, como la Iglesia, para ayudar a los niños y jóvenes pobres y marginados de América Central —y a sus familias—, si realmente se propone mejorar el problema de la violencia en la región. El hecho de que las organizaciones de la sociedad civil estén observando esta conferencia desde afuera, sugiere que el Departamento de Estado no lo está haciendo.

Eso es lamentable, porque estas organizaciones, que funcionan sobre el terreno, están abordando diariamente las causas de la violencia en Centroamérica. Pero necesitan nuestro apoyo: en lugar de recortar su ayuda a esta región, los Estados Unidos deben invertir en ella para que los jóvenes y sus familias puedan prosperar en sus comunidades de origen: para que no tengan que emigrar.

Fuente:Arquidiócesis de Miami

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