Papa Francisco

Papa Francisco: Poder de atracción y profecía institucional de la vida consagrada (7-11-2014)

Poder de atracción y profecía institucional de la vida consagrada

Discurso del Papa Francisco a los participantes en la Asamblea Nacional de la Conferencia Italiana de Superiores Mayores (CISM) (7-11-2014)

Queridos hermanos: Os doy la bienvenida y las gracias por vuestra acogida; agradezco especialmente al Padre Presidente que haya presentado este encuentro nuestro, que culmina vuestra Asamblea Nacional. A la luz de lo que he oído sobre vuestro trabajo, quisiera compartir con vosotros algunos puntos de referencia para el camino.

Ante todo, la vida religiosa ayuda principalmente a la Iglesia a hacer realidad esa «atracción» que le permite crecer, porque, ante el testimonio de un hermano o de una hermana que viven verdaderamente la vida religiosa, la gente se pregunta: «¿Que? hay aquí?? ¿Qué? impulsa a esta persona a ir ma?s allá? del horizonte mundanal?». Diría yo que esto es lo primero: ayudar a la Iglesia a crecer por atracción. Sin pre- ocuparse por hacer prosélitos: ¡atracción!

Lo oímos en el Evangelio del miércoles pasado: si uno «no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío» (Lc 14, 33). Esta decisión, bajo diferentes formas, es exigida a todo cristiano. Pero nosotros, los religiosos, estamos llamados a dar de ella un testimonio de profecía. El testimonio de una vida evangélica es el distintivo del discípulo misionero y, en especial, de quien sigue al Señor en la vida consagrada. Y el testimonio profético coincide con la santidad. La profecía auténtica nunca es ideológica, nunca se contrapone a la institución: es institución. La profecía es institucional. La profecía auténtica no es ideológica, no «sigue la moda», sino que es siempre un signo de contradicción según el Evangelio, tal como lo era Jesús. Jesús, por ejemplo, fue un signo de contradicción para las autoridades religiosas de su tiempo: jefes de los fariseos y de los saduceos, doctores de la Ley. Y lo fue también para otras opciones y propuestas: esenios, zelotes, etc. Signo de contradicción.

Os doy las gracias por la labor que habéis llevado a cabo durante estos días, como decía el Padre Presidente: una labor que os ayuda a proseguir por el camino trazado por la Evangelii gaudium. Él ha empleado una hermosa expresión; ha dicho: «No queremos sostener batallas de retaguardia, defensivas, sino consumirnos entre la gente», con la certeza de fe de que Dios siempre hace que brote y madure su reino. Esto no es fácil, no es algo dado por descontado; exige conversión; exige, ante todo, oración y adoración. Os lo encarezco: adoración. Y exige compartición con el Pueblo santo de Dios que vive en las periferias de la historia. Descentrarse. Todo carisma, para vivir y ser fecundo, está? llamado a descentrarse, para que en el centro solo esté? Jesucristo. El carisma no hay que conservarlo como una botella de agua destilada: hay que permitir que fructifique con valentía, confrontándolo con la situación actual, con las culturas, con la historia, tal como nos enseñan los grandes misioneros de nuestros institutos.

 

La savia de la fraternidad

Un signo claro que la vida religiosa está llamada a dar en la actualidad es la vida fraterna. Por favor: ¡que no se dé? entre vosotros el terrorismo de los chismorreos! ¡Desterradlo! Que haya fraternidad. Y si tienes algo contra tu hermano, se lo dices a la cara… Alguna vez acabaréis a puñetazos, pero no es un problema: mejor eso que el terrorismo de los chismorreos. Hoy en día, la cultura dominante es individualista, está? centrada en los derechos subjetivos. Es una cultura que corroe a la sociedad a partir de su célula primaria, que es la familia. La vida consagrada puede ayudar a la Iglesia y a toda la sociedad dando testimonio de fraternidad, de que es posible vivir juntos como hermanos en la diferencia: ¡esto es importante! Y es que, en la comunidad, uno no escoge al otro con antelación, sino que se encuentra con personas diferentes en carácter, edad, formación, sensibilidad… pero que intentan vivir como hermanos. No siempre se logra esto, como bien sabéis. Muchas veces nos equivocamos, porque somos todos pecadores, pero se reconoce la propia equivocación, se pide perdón y se perdona. Y esto le viene bien a la Iglesia: hace que circule en el cuerpo de la Iglesia la savia de la fraternidad. Y también le viene bien a toda la sociedad.

Pero esta fraternidad presupone la paternidad de Dios y la maternidad de la Iglesia y de la Madre, la Virgen María. Cada día debemos situarnos de nuevo en esta relación, y lo podemos hacer por medio de la oración, de la eucaristía, de la adoración, del rosario. Así renovamos cada día nuestro «estar» con Cristo y en Cristo, y así? nos ponemos en la relación autentica con el Padre que está en el cielo; con la Madre Iglesia, nuestra santa Madre Iglesia jerárquica, y con la Madre María. Si nuestra vida vuelve a enmarcarse cada vez de nuevo en estas relaciones fundamentales, entonces estaremos en condiciones de realizar también una fraternidad auténtica, una fraternidad testimonial, que atraiga.

Queridos hermanos: Os dejo estas sencillas pistas, por las que ya estáis caminando. Os animo a seguir adelante y os acompaño por este camino. Que el Señor os bendiga y bendiga todas vuestras comunidades, particularmente las más afligidas y atribuladas. Y os doy las gracias por la oración con la que me acompañáis a mí? y acompañáis mi servicio a la Iglesia. ¡Gracias!

(Original italiano procedente del archivo informático de la Santa Sede; traducción de ECCLESIA)

 

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