papa-francisco-con-juan-xxiii

Papa Francisco en la diócesis de Bérgamo: “Dejad que Dios diseñe su proyecto”

Papa Francisco en la diócesis de Bérgamo: “Dejad que Dios diseñe su proyecto”

El Santo Padre, al finalizar la celebración eucarística en la basílica de San Pedro y tras rezar ante la urna que contiene los restos del beato Juan XXIII, recibió ayer por la tarde a dos mil peregrinos pertenecientes a la diócesis de Bérgamo para conmemorar los cincuenta años de la muerte del pontífice.

El Papa recordó cómo la Plaza de San Pedro se convirtió aquellos días en un santuario a cielo abierto, llena día y noche de fieles de distintas edades y condiciones sociales que con asombro rezaban por la salud del Papa y la gran conmoción de aquél 3 de junio de 1963 al saberse la noticia del fallecimiento del pontífice. El mundo entero había visto en el Papa Juan a un pastor y a un padre. ¿Y cómo había conseguido ganarse el corazón de personas tan diferentes, muchos de ellos incluso, no cristianos? La respuesta, ha dicho Francisco estaba en su lema episcopal, “Oboedientia et pax”: Obediencia y paz.

«Comencemos con la paz porque éste es el aspecto más evidente, el que la gente ha visto en el papa Juan: Angelo Roncalli era un hombre capaz de transmitir paz; una paz natural, serena, cordial; una paz que con su elección al `pontificado se mostró al mundo entero y fue llamada bondad. Es maravilloso encontrar un sacerdote, un cura bueno y bondadoso», ha señalado el Santo Padre, recordando a continuación las palabras que San Ignacio de Loyola decía a los jesuitas sobre las tantas virtudes que debía tener un superior. «Pero al final añadía : “Si no tiene estas virtudes, por lo menos que tenga bondad. Es esencial».

«Esto fue indudablemente –continuó el Papa hablando de Juan XXIII- el trazo distintivo de una personalidad que le permitió construir, por todas partes, amistades solidas, a menudo en contacto con ambientes y mundos alejados del universo católico en el que nació y se formó. Precisamente en ambientes como esos, demostró ser eficiente estableciendo relaciones además de un valioso promotor de unidad, dentro y fuera de la comunidad eclesial, abierto al diálogo con los cristianos de otras iglesias, con representantes del mundo judío y musulmán y con muchos otros hombres de buena voluntad».

«Y aquí aparece la segunda palabra: obediencia… que en realidad, fue el instrumento para conseguir la paz. Con un sentido simple y concreto: llevar a cabo en la Iglesia el servicio que los superiores le pedían , sin buscar nada para él, sin negarse a nada de lo que se le pedía, incluso cuando esto significaba dejar tu tierra, enfrentarse a mundos para él desconocidos, estar muchos años en lugares donde la presencia de católicos era escasa. Éste dejarse llevar, como un niño, construyó su camino sacerdotal».

«A través de esta obediencia, el sacerdote y obispo Roncalli vivió una fidelidad más profunda, que podríamos definir, como habría dicho él, un abandono a la Divina Providencia. Él reconocía constantemente, en la fe, que a través de esa forma de vida -aparentemente guiada por otros, no conducida por los propios gustos o basada en una sensibilidad espiritual personal- Dios estaba diseñando su proyecto».

«Aún más profundamente, a través de este abandono cotidiano a la voluntad de Dios, el futuro papa Juan, vivió una purificación, que le permitió desligarse de sí mismo y unirse a Cristo, dejando de esta manera surgir esa santidad que la Iglesia más tarde ha reconocido oficialmente. “Quien pierda la propia vida por mi, la salvará” nos dijo Jesús. Esta es la verdadera fuente de bondad del papa Juan, de la paz que ha difundido en el mundo, aquí está la raíz de su santidad: en esta obediencia evangélica . Esta es una enseñanza para cada uno de nosotros, incluso para Iglesia de nuestro tiempo: si conseguimos dejarnos guiar por el Espíritu Santo, mortificar nuestro egoísmo para dejar espacio al Señor y a su voluntad, entonces encontraremos la paz, sabremos ser constructores de paz y esparciremos esa paz a nuestro alrededor».

Al final, el Papa se ha dirigido a los fieles presentes: «Imitad su santidad. Dejaros guiar por el Espíritu Santo. No tengáis miedo de los riesgos, como él no tuvo miedo. Docilidad al Espíritu, amor a la Iglesia y adelante…que el Señor hará todo el resto».

 

Ciudad del Vaticano, 4 junio 2013 (VIS).-

Print Friendly, PDF & Email

Añadir comentario

Haga clic aquí para publicar un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.