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Papa Francisco en Albania (6): Palabras improvisadas tras el testimonio de los mártires

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Papa Francisco en Albania (6): Palabras improvisadas tras el testimonio de los mártires, en el rezo de vísperas en la catedral de Tirana

Dos de los supervivientes de la persecución religiosa en Albania, un sacerdote y una religiosa, el padre Ernesto y la hermana María Caleta, rezaron junto al Papa, y relataron su experiencia de secuestros, torturas, violaciones y exigencias de apostasías. Al término de su intervención, Francisco, casi entre lágrimas, se abrazó a los dos largamente, arrancando la ovación de los participantes, todos ellos puestos en pie. No en vano, el sacerdote fue condenado a muerte por no apostatar, una pena que finalmente fue conmutada por 27 años de trabajos forzosos. Una fue puesta a prueba: un santo en vida.

«Había preparado alguna palabra ahora, pero se las voy a dar al arzobispo para que las traduzca», dijo el Papa, desatando el aplauso de los sacerdotes, seminaristas y religiosos presentes en la catedral. «Se me ha ocurrido decirles otra cosa«. El Papa, visiblemente emocionado tras escuchar el testimonio de aquellas dos personas, quiso incidir en que«Dios nos consuela en medio de nuestra tribulación, sea cual sea nuestra preocupación».

«En estos dos meses, me he preparado para esta visita, leyendo la historia de la persecución en Albania. Fue una sorpresa: yo no sabía que vuestro pueblo había sufrido tanto. Hoy, en las avenidas, con todas estas fotografías de los mártires: el pueblo hace memoria de estos mártires, vosotros que habéis sufrido tanto. Un pueblo de mártires«.

«Hoy, al inicio de vuestra celebración, he podido encontrarme con dos. Con su vida, con sus palabras simples, contaban las cosas con simplicidad dolorosa. No entiendo cómo pudieron sobrevivir a tantas tribulaciones. Dios está aquí para consolarnos», subrayó Francisco.

Dirigiéndose a los dos, les dijo: «Habéis sufrido físicamente, psíquicamente, con la incertidumbre de saber si seguiríais vivos. No sabíais si ibais a ser fusilados o no». En ese momento, «el Señor les consolaba, como a Pedro en la cárcel. Toda la Iglesia rezaba por él. A los mártires, a estas dos personas que acabamos de escuchar, el Señor les consoló porque eran parte del Pueblo de Dios. Y tantos hombres y mujeres buenos que rezaban por ellos».

«Este es el misterio de la Iglesia: que puede consolar a su pueblo en nombre de Dios. El Señor consuela humildemente al que lo necesita. Consuela con la intimidad del corazón, y con la fortaleza. El Señor les da la fuerza para continuar hacia adelante», señaló Francisco. «Hoy, también, necesitamos consuelo. Los obispos, los sacerdotes, los religiosos, los novicios, los consagrados, cuando buscamos consuelo buscamos al Señor. Yo no voy a decirles lo que tienen que hacer: pero si buscan consuelo en otra parte, no seréis felices».

«Más aún: no podréis consolar a nadie. Porque vuestro corazón no estará abierto al consuelo del Señor», añadió. «No se puede estar con un pie puesto en dos sitios». Y es que «Dios nos consuela de nuestra tribulación, para que podamos hoy consolar a todos los que encontremos afligidos, con el mismo consuelo que Dios nos ofreció».

«Esto es lo que nos han dicho estas dos personas hoy. Humildemente, haciendo un servicio para nosotros de consuelo. Somos pecadores, aun así el Señor está con nosotros. Este es el camino, y hacerlo con coraje», culminó Francisco, quien pidió que «todos seamos ejemplos, los unos de los otros. Como vosotros. Volvamos a casa pensando que hoy hemos escuchado, que hoy hemos tocado a unos mártires«.

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