En un lugar...

Papa «a la carta»

Muchos políticos, periodistas y opinadores en general están comentando estos días Fratelli tutti, la nueva encíclica de Francisco. Un texto cuya lectura reposada requiere un buen rato y para el que serán necesarias unas cuantas relecturas antes de empezar a captar muchas de sus cargas de profundidad.

Pero observo que gran parte de los comentarios son, simplemente, destacar un número u otro. Nada hay de malo en eso, es seguro que a muchos nos toca más un punto que otro, bien sea porque se relaciona con nuestras vivencias, bien sea porque es nuestra opinión. Y ver que el Papa coincide con uno siempre gusta, sea o no creyente. Al menos, eso hay que reconocer: que todos quieren que el Papa les dé la razón, porque en estos años (y en los últimos meses especialmente) se ha ganado a pulso un liderazgo mundial excepcional.

Pero el mensaje de Fratelli tutti debe entenderse en su conjunto. No vale decir «me quedo con esto pero dejo fuera lo otro». Así, hay quienes prestan especial interés a los puntos más sociales, relativos a los movimientos migratorios por ejemplo, mientras que otros puede que subrayen aspectos relacionados con el cuidado de los mayores y su dignidad.

Reafirmar algo es positivo hasta que se hace a costa de negar otras partes del mismo mensaje, que es lo que suele suceder. La valentía del magisterio social católico es, principalmente, la complementareidad de sus mensajes, por su propia coherencia. Ofrecer el mensaje de la Iglesia no es decir unas cosas y omitir las demás, sino dibujar el bosque que nos permite orientarnos un poco más fácil por el mapa de la vida.

Uno de estos ejemplos es el del bien común, el destino universal de los bienes y la propiedad privada. El Papa no dice nada que no se haya dicho desde León XIII o Pío XI, incluso en muchos aspectos desde el propio santo Tomásde Aquino, los Hechos de los Apóstoles o la ley del Antiguo Testamento: que la propiedad privada no es ningún absoluto y está supeditada al bien común y a que Dios creó la Tierra para la humanidad. Pero eso en ningún momento niega que pueda existir la propiedad privada, que de hecho Fratelli tutti describe como uno de los «derechos sobre los bienes necesarios para la realización integral de las personas». El magisterio nos enseña que las normas, muchas veces, son relativas. ¿A qué? A la dignidad humana y al seguimiento de Jesús, no a sí mismas ni a nuestros intereses. Y eso es lo que verdaderamente nos compromete.

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