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Palencia: homilía del administrador diocesano, Antonio Gómez Cantero, en el día San Antolín

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Palencia: homilía del administrador diocesano, Antonio Gómez Cantero, en la solemnidad de San Antolín

HOMILÍA EN LA FIESTA DE SAN ANTOLÍN

Antonio Gómez Cantero, Administrador Diocesano, 2 de septiembre de 2015

 Querida comunidad, hermanas y hermanos. Me dirijo a los que estáis enfermos o impedidos y seguís esta celebración por el servicio del Canal 8 de Televisión en Palencia, que agradezco. Respetadas autoridades, palentinos todos, especialmente los que os habéis acercado estos días a nuestra tierra.

 No sé si lo habéis pensado bien, alguna vez. Estamos celebrando la glorificación de un mártir, nuestro San Antolín, en medio de unas fiestas populares.

Pero el martirio es violencia, incomprensión, dolor, desprecio, angustia… Contemplad si no los mártires del siglo XXI, los de estos últimos años… jóvenes, ancianos, niños, matrimonios, sacerdotes y personas consagradas… iglesias quemadas, pueblos arrasados, persecución, exilio, asesinatos… y una profunda sinrazón enlutada de odio y visceralidad. Hemos contemplado las ejecuciones de nuestros hermanos en directo en la sala de estar, en nuestros hogares seguros, en la tranquilidad de nuestras conciencias adormecidas. Vemos día a día la muchedumbre que huye de la guerra mientras paladeamos el postre. Y en nuestras oraciones una frase demasiado dulce ante tanto crimen fanático: “Los justos derramaron su sangre porque creyeron y esperaron”.

¿Derramaron? ¿Estamos seguros? ¿Qué hicieron los mártires de hoy, los del siglo quinto y los de siempre, para producir tanta irritación y persecución entre sus coetáneos? ¿Qué están haciendo muchos jóvenes cristianos de hoy, que viven su fe en las catacumbas de la ocultación, de la fe privada y del miedo mudo ante sus compañeros de universidad o de su propia pandilla? ¿Es que debemos vivir sin dar razones de nuestra fe con dulzura, como decía San Pedro? ¿Es que se ha vuelto sosa la sal de la alegría? ¿Es que sólo somos hijos de la cruz y de la muerte? ¿Es que se ha extinguido la luz de la Resurrección? Hermanos todos, pueblo santo de Dios: aquellos que vivís inmersos en el mundo del trabajo, aquellos que sois creyentes en la política, sacerdotes y comunidades religiosas… ¿Nos duele el testimonio? ¿Nos hieren nuestras raíces? ¿Vivimos en Europa una Iglesia decadente avocada a la extinción?

Los asesinados se convirtieron en mártires porque valientemente testificaron su fe, entregando la vida. Y cada uno de nosotros ¿por qué causa somos capaces de entregar la vida? ¿Dónde nos la estamos jugando por una fe viva? ¿Cuándo nos unimos de una vez por todas -cada uno con su carisma- para solucionar los problemas profundos, sobre todo de los más débiles? El papa Francisco nos decía el otro día: “Vivimos en un tiempo en el que todos los cristianos afrontamos idénticos e importantes desafíos, y a los que debemos dar respuestas comunes, si queremos ser más creíbles y eficaces”.

Quizás no es políticamente correcto que en medio de unas fiestas populares os revuelva la conciencia con esta reflexión, pero somos creyentes y seguidores de Cristo, y estamos celebrando la Eucaristía, el sacrificio glorioso y salvador… Y los creyentes no podemos quedarnos anestesiados ante tanta indolencia, que es sostén de la intolerancia, porque nos urge el Amor de Cristo, el fuego de la Caridad. No creo en las guerras y menos aquellas que los poderes de este mundo, del signo que sea, llaman santas. Pero sí que os llamo al testimonio de fe, esperanza y caridad en medio de nuestra sociedad. Si no, de qué nos sirve tener por patrón a un mártir, si no seguimos sus pasos. Os digo de verdad, sólo vale la pena entregar la vida por Amor y todo lo que el amor conlleva: perdón, concordia, diálogo, y sobre todo misericordia. Y este ¡es el tiempo de la misericordia!

El próximo 8 de diciembre, Solemnidad de la Inmaculada Concepción, hasta el 20 de noviembre de 2016, Solemnidad de Cristo Rey del Universo, el Papa nos ha convocado a un año Jubilar, el Año de la Misericordia, que marcará muchos de los acontecimientos de nuestras parroquias y de nuestra diócesis durante este curso y parte del otro.

Querida comunidad, pensadlo bien, el sacrificio de los mártires actualiza el mandamiento del amor y nos acerca más a Dios. Luego bajaremos a beber del agua del pozo de la Cripta de la Catedral. ¡Una tradición! ¡Pero removed las cenizas de la memoria! La tradición no puede ser vacía, muerta, sino impulsora de nuevas esperanzas. No puede ser tampoco un acto que roce la superstición que tanto manipula la vida de las gentes sencillas. En el agua de la Cripta de san Antolín se bautizaron los cristianos palentinos durante siglos. Esos creyentes que tanto alabó santa Teresa de Jesús hace 500 años. Y cada año que bebemos de estas aguas nos renovamos como creyentes y como testigos del único Señor de la Vida y de la Historia.

Y lo demás son cuentos o leyendas.

 

Antonio Gómez Cantero

Administrador Diocesano

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