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Palabras y obras, por Ángel Rubio Castro, obispo de Segovia

Palabras y obras, por Ángel Rubio Castro, obispo de Segovia

El testigo debe hablar. Y debe hablar desde lo que ha visto, desde Dios y en Dios. Pero no de un Dios que vive en las nubes, sino, por el contrario, que vive en la tierra, que trabaja incansablemente por hacer que en la tierra llegue a implantarse totalmente su Reino. Un Reino de familia, de fraternidad, de comunión, de justicia, de caridad. Hablar del nombre de un Dios que se siente Padre de todos los hombres, de un hermano que ha muerto por servirles y salvarles, y de un Espíritu que es comunidad, que se reparte en todos por igual, que odia el egoísmo, la mentira, la explotación del hombre por el hombre, que ama que todos compartan la creación, hecha para disfrute de todos; desea que todos se ayuden como hermanos, que todos se repartan lo que hay como buenos hermanos, y también que todos juntos busquen, como Cristo y en Cristo, el rostro del Padre en el amor, en la gratitud, en la alabanza.

La palabra de los cristianos puede tener muchos cauces, hablados y escritos, individuales y comunitarios, dentro y fuera de la Iglesia. Así por ejemplo, unas veces se da la interpelación profética, presentando con libertad de espíritu al mismo tiempo que con caridad —ante las autoridades de la Iglesia o de la sociedad civil— las razonables quejas sobre su conducta, cuando en algo grave no se está conforme con el evangelio; otras veces, será la corrección fraterna entre hermanos. También de manera informal y hasta frecuente puede ser la palabra que ilumine, conforte y estimule al prójimo en momentos íntimos y confidenciales.

No es que creamos que cuando la Iglesia como conjunto llegará a dar honesto testimonio todos los hombres iban a creer automáticamente en Cristo. No. Eso no es seguro. Eso no está en manos de la Iglesia; pertenece al misterio de la libertad del hombre. Pero al menos, la Iglesia debe de hacer lo que está en su mano, no deformando el evangelio, no permitiendo que se le presente como alienante, legitimador de situaciones de injusticia o como freno para justas reivindicaciones, sino más bien al contrario: como fuente e inspirador de la liberación, de fraternidad y de luchas por la justicia entre los hombres. Si la Iglesia trata de vivir de acuerdo con la doctrina de Jesucristo, aún dentro de sus debilidades, el que la vea puede decir: «no sé si es verdad o no lo que creéis, pero al menos es hermoso lo que anunciáis y lo que vivís». Pero si la Iglesia no actúa como predica, podrán tener fundamento psicológico para decir: “Lo que afirmáis no puede ser verdad. No vemos entre vosotros ni de vosotros a nosotros esa fraternidad, ese desprendimiento, ese espíritu de servicio, ese respeto a la persona, ese ámbito de libertad en la caridad y todas las demás teorías que predicáis».

El compromiso temporal es precisamente una gran tarea espiritual, muy espiritual. ¿No hicieron hospitales los Santos Padres? ¿No colonizaron grandes zonas las abadías medievales? ¿No iniciaron las órdenes religiosas un vasto movimiento pedagógico de la infancia? ¿No habrá que mantener ese espíritu adaptándolo, eso sí, a nuestro tiempo como hicieron precisamente nuestros antepasados en la fe y en el testimonio?

El cristiano, por lo demás, sabe que el Espíritu del Señor actúa también fuera de las tapias de la Iglesia, como en la primera creación aleteaba sobre el cosmos. En el fondo del corazón de cada hombre y, por tanto, en los entresijos de la pequeña y la gran historia del hombre, sabemos que hay siempre Alguien que trabaja por un mundo mejor. Desde allí el Espíritu colabora con el cristiano, le espera como uno de los polos del arco voltaico para crear con él un chorro de luz y de calor. Desde allí nos llama, nos hace señales.

Es preciso estar muy en contacto con la vida, con las personas, con los problemas. Conocer también nuestros límites normales. Aceptar la pluralidad de intenciones en acciones complejas y masivas. Clarificar los matices de nuestras posturas cuando llegue la ocasión, pero sin que esto nos separe del conjunto de la acción en lo que tenga de positivo y estemos de acuerdo.

+ Ángel Rubio Castro

Obispo de Segovia

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