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Palabras del arzobispo de Valencia en la semana de oración por la unidad de los cristianos

Por Antonio DIAZ TORTAJADA, Sacerdote-periodista

“LA MEJOR FORMA DE ECUMENISMO ES VIVIR SEGÚN EL EVANGELIO” MANIFIESTA EL ARZOBISPO DE VALENCIA EN LA SEMANA DE ORACION POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS

“Para lograr la unidad de los cristianos, dice el arzobispo de Valencia, Carlos Osoro, no bastan manifestaciones de buenos sentimientos. Son necesarios gestos concretos que penetren en lo más profundo del corazón y sacudan las conciencias. Gestos que nos impulsen a la conversión interior, que es camino de todo progreso en el camino del ecumenismo”.

Monseñor Carlos Osoro realiza un análisis pastoral del libro del profeta Miqueas. El profeta, en la primera parte de su libro, hace una dura crítica a quienes tienen autoridad tanto política como religiosa, por abusar del poder y robar a los que son más pobres. Incluso, tiene dos expresiones duras, pero llenas de fuerza: “arrancáis la piel a la gente” y “juzgan por soborno”. En la segunda parte del libro hace una vibrante exhortación al pueblo a peregrinar “al monte del Señor”… Él nos indicará sus caminos y “nosotros iremos por sus sendas”. En la tercera parte, se nos revela el juicio de Dios que va acompañado por una llamada a guardar con esperanza la salvación, con fe en Dios que “perdona el pecado y pasa por alto…las culpas”. Esta esperanza tiene una concreción que es el Mesías, Él traerá la paz que saldrá de Belén y llevará la salvación “hasta los confines de la tierra”.

“Es de una hondura bellísima la llamada que el profeta, dice el Arzobispo valenciano, hace a todas las naciones a caminar y ponerse en esta peregrinación para compartir la justicia y la paz que es la salvación. Pero esta llamada tiene para los cristianos, en esta semana de la oración por la unidad, una incidencia especial: “¿Qué exige Dios de nosotros?”

“La respuesta nos la da Cristo, dice monseñor Osoro. Para un discípulo de Cristo, su camino implica ponerse en la senda de la justicia, la misericordia y la humildad. Y ello nos está exigiendo conocer internamente al Señor, encontrarnos con Él. La oración es un lugar privilegiado para ese encuentro y para pedirle que todos los cristianos nos pongamos a hacer esa peregrinación pidiendo al Señor la unidad de su Iglesia, una peregrinación que nos pide emprender la senda de la justicia divina, acoger su misericordia y adentrarnos en esa humildad en la que Dios mismo entró al acercarse a nosotros en la historia de los hombres”.

Después de señalar que el esfuerzo que se está haciendo por tener un diálogo teológico ha sido muy grande y por otra parte, la oración por la unidad es constante urge lo que el Beato Juan Pablo II llamó la “purificación de la memoria”, que es la que puede disponer a los espíritus para acoger la verdad plena de Cristo. Todos, más tarde o más temprano, tendremos que rendir cuentas de lo que hemos realizado o hemos omitido por el gran bien de la unidad plena y visible de todos los cristianos”

Por otra parte “hay un compromiso irreversible que asumió el concilio Vaticano II, proseguido gracias al trabajo del Sucesor de Pedro y el aliento que él ha dado, personalmente y a través de la acción del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos”

“El camino de la unidad nos pide esperanza, valentía, dulzura, firmeza, oración insistente, tener un mismo corazón para que el Señor nos dé el don de la unidad. No podemos ignorar que la división hace menos eficaz la causa del anuncio del Evangelio a todos los hombres tal y como nos lo recuerda el Concilio Vaticano II”.

“La unidad que todos buscamos no es ni la absorción ni la fusión, sino el respeto de la multiforme plenitud de la Iglesia que, de acuerdo con la voluntad de Jesucristo, debe ser siempre una, santa, católica y apostólica. En este Año de la Fe, hagamos presente lo que el Santo Padre nos dice: La puerta de la fe que introduce en la vida de comunión con Dios y permite la entrada en su Iglesia, está siempre abierta para nosotros… Profesar la fe en la Trinidad –Padre, Hijo y Espíritu Santo– equivale a creer en un solo Dios que es Amor, el Padre, que en la plenitud de los tiempos envió a su Hijo para nuestra salvación; Jesucristo, que en el misterio de su muerte y resurrección redimió al mundo; el Espíritu Santo, que guía a la Iglesia a través de los siglos en la espera del retorno glorioso del Señor”.

Termina su carta pastoral monseñor Carlos Osoro afirmando que “la mejor forma de ecumenismo consiste en vivir según el Evangelio. En la vida cristiana la fe, la esperanza y la caridad van juntas. El camino hacia la unidad nos exige a todos una fe más viva, una esperanza más firme y una caridad que inspira y alimenta nuestras relaciones. Promovamos el ecumenismo del amor, que deriva directamente del mandamiento nuevo que dejó Jesús a sus discípulos. Un amor que es acompañado con gestos llenos de coherencia, que crean confianza y hace posible que se abran los corazones y todos los sentidos.

La caridad ilumina siempre la verdad. El diálogo de la caridad promueve siempre el diálogo de la verdad. Es en la verdad donde se realiza el encuentro y la unidad. Orad siempre por la unidad de los cristianos”

 



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