Carta del Obispo Iglesia en España

Palabras de monseñor Francisco Gil Hellín en la toma de posesión de monseñor Fidel Herráiz

Palabras de monseñor Francisco Gil Hellín en la toma de posesión de monseñor Fidel Herráis

Don Francisco a don Fidel: «Harás una sementara abundante y recogerás una no menos abundante cosecha» (28-11-2015)

Reproducimos a continuación las palabras que el ya arzobispo emérito, Francisco Gil Hellín, ha dirigido al nuevo arzobispo, Fidel Herráez. En ellas, ha repasado la situación actual de la diócesis y le ha augurado al nuevo pastor un fructífero ministerio en la Iglesia burgalesa.

Querido hermano Fidel:

La Divina Providencia ha querido que sea yo, en calidad de administrador apostólico, quien te dé la bienvenida a esta queridísima Iglesia local de Burgos en la que, a partir de ahora, ejercerás tu ministerio episcopal, en comunión con el Colegio de los Obispos, cuya cabeza es el Papa.

Burgos es una tierra con una rica historia. Durante mucho tiempo fue capital del Reino de Castilla y, de modo intermitente, de la Corona de Castilla desde 1230 hasta el reinado de los Reyes Católicos. Aquí se dictaron las primeras Leyes de Indias y aquí estuvo el Consulado del Mar, que encauzaba el rico comercio lanero camino de los puertos de Bilbao y Santander.

Burgos es una tierra de grandes monumentos arquitectónicos: esta catedral –Patrimonio de la Humanidad–, el monasterio de Las Huelgas y el monasterio de Silos son tres exponentes cualificados, aunque no únicos.

Burgos esta también una tierra de artistas de la talla de Diego de Siloé; y de músicos tan cualificados como Antonio de Cabezón.

Burgos es una tierra de grandes monasterios, como el citado Santo Domingo de Silos, Oña, San Pedro de Cardeña y la Cartuja de Miraflores.

Burgos es, sobre todo, una tierra grande por sus gentes: sencillas, trabajadoras, sacrificadas, leales, honestas, no conflictivas, que no preguntan a nadie de dónde es y abren sus brazos a cuantos quieren estrecharlos.

Eso explica que en Burgos cuajara pronto el cristianismo y diera paso, con el tiempo, a una notable floración de santidad. Basta recordar, por ejemplo, los nombres de santo Domingo de Guzmán, san Rafael Arnáiz, el casi centenar de mártires que dieron su vida por Jesucristo por la persecución religiosa de España del siglo XX y los cinco que serán beatificados en fecha próxima: el sacerdote Valentín Palencia y cuatro discípulos suyos.

Explica también que aquí hayan arraigado las grandes órdenes de la Iglesia: Carmelitas, Agustinos, Dominicos y Jesuitas; y las realidades apostólicas actuales, como las Comunidades Neocatecumenales, el Opus Dei o el Movimiento Carismático. Y que, en fecha muy reciente, haya surgido la nueva congregación Iesu Communio, que se abre como una gran promesa para la renovación y revitalización de la vida religiosa, tanto de la diócesis como de la Iglesia.

Explica, finalmente, que Burgos sea una gran Iglesia misionera. Baste recordar que aquí se creó el primer Seminario de Misiones Extranjeras, que de esta tierra hayan salido en todas las direcciones del mundo miles de misioneros y misioneras, y que actualmente cerca de mil de ellos anuncien la Persona y obra de Jesucristo en África, Asia y América.

También ha sido una Iglesia muy rica en vocaciones sacerdotales. Hoy no nos hemos librado de la crisis vocacional general, pero cuenta con un Seminario Menor y Mayor; el Seminario Redemptoris Mater y una Facultad de Teología. Y cuenta con un número suficiente de sacerdotes para afrontar la nueva evangelización. Abrigo la esperanza de que el Señor te conceda la gracia de ver un seminario floreciente del que salgan nuevos evangelizadores para la diócesis y para las Iglesias que tradicionalmente han estado muy unidas a nosotros.

Querido hermano: decía antes que esta tierra es amante de la verdad. De toda la verdad. Por eso, junto a estos hechos objetivos –que son sus luces– quisiera añadir unas palabras más sobre sus sombras, lo que son sus retos.

Desde el punto de vista socio religioso, la población decrece y envejece, el desempleo –aunque no tan acusado como en otras partes– no es pequeño; la tasa de natalidad es tan baja como en el resto de España; los problemas relacionados con el matrimonio participan de la misma realidad que en el resto de la Península; las generaciones jóvenes están bastante alejadas de los sacramentos, especialmente de la misa dominical y la confesión; la secularización también ha ido ganando terreno, etc.

Dios te entrega esta rica y variada realidad para que apacientes en ella a sus corderos y a sus ovejas. Estoy seguro de que con la disponibilidad y entrega de los sacerdotes –con la que vas a contar plenamente–, el empuje apostólico de muchos seglares, el apoyo de los religiosos y religiosas de vida activa, la oración y sacrificio de las almas contemplativas, tu dilatada experiencia en una diócesis de tanta vitalidad como Madrid y –ante todo y sobre todo– con la gracia de Dios y la ayuda de quien nos dijo «yo estoy con vosotros hasta el fin del mundo» harás una sementera abundante y recogerás una no menos abundante cosecha.

Así te lo deseo de todo corazón. Que Dios te bendiga.

Foto: Momento en el que don Francisco da la bienvenida a don Fidel y le presenta la situación actual de la diócesis.

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