Iglesia en España

Palabras de Mons. Ángel Rubio Castro al recibir el Título de Hijo Predilecto de Guadalupe

Palabras de Monseñor Ángel Rubio Castro, obispo emérito de Segovia,  al recibir el Título de Hijo Predilecto de Guadalupe

Me encuentro emocionado y abrumado y siento pudor y rubor por este gran gesto, que está teniendo conmigo este queridísimo pueblo que me vio nacer y crecer. Admiro con gratitud a esta querida Corporación Municipal por todos los trámites que este acto comporta y perdonad que haya sido motivo de algunos sacrificios e incomodidades. Algunos os habéis trasladado desde muy lejos. Sé que lo hacéis gustosos y de buen grado, porque ese es vuestro gran corazón y esa es la gran amistad con la que me honráis, que está por encima de mi generosidad y amistad, que no merezco, ni mucho menos. ¡Que Dios y la Virgen de Guadalupe os lo pague!.

Querido y respetado Señor Alcalde y Ayuntamiento de la Puebla y Villa de Guadalupe.

¡Y cómo no resaltar la presencia de nuestro querido y hermano Braulio, Arzobispo de Toledo y de esta Iglesia que peregrina en Guadalupe, con su párroco padre Jesús, y feligreses tan significativos y representantes de la Comunidad parroquial. También agradezco a  la Comunidad de los Padres Franciscanos presididos por el P. Guardián, al Vicario Episcopal de Talavera D. Felipe, a mi buen amigo de toda la vida D. Juan Sánchez, Deán de la Catedral Primada, a los Heraldos del Evangelio representados aquí por mi querido colaborador Alberto.

En estos momentos, abrumado y emocionado, me siento en el deber gratísimo de pronunciar la palabra más hermosa que, sin duda, tiene el vocabulario: gracias, muchísimas gracias. Siempre que se dice gracias es porque se está recibiendo un regalo. El regalo siempre es fruto de la benevolencia y del amor. Se trata de un don, de algo inmerecido, de algo que no corresponde en justicia y para lo que no tiene derecho alguno, ni para lo que no hay trabajo previo que se recompense, algo completamente gratis.

Haber nacido en este pueblo de Guadalupe ya lo considero como una suerte y una gracia particular. Haber sido bautizado a los pocos días de nacer en la pila bautismal del Santuario de nuestro pueblo, es algo que celebro gozosamente todos los años (dentro de doce días). Haber recibido el sacramento de la Confirmación y Primera Comunión en el Altar Mayor de la Basílica son raíces sólidas y cargadas de sabia nunca agotadas, porque son raíces cristianas, hondas, vividas y cultivadas en lo humano y en lo divino. Esto está también para muchos de los presentes por encima de otras cosas o de otras consideraciones. Esto es también un homenaje a todo el Ayuntamiento y pueblo de Guadalupe.

Desde el primer momento que me comunicaron este título honorífico de Hijo Predilecto de Guadalupe que me llenó de asombro agradecido, no he dejado de preguntarme: ¿por qué, por qué a mí?.

Sin duda por ser Obispo de la Iglesia Católica, por haber sido nombrado por el Papa San Juan Pablo II Obispo auxiliar de Toledo, a cuya Archidiócesis pertenece nuestro pueblo de Guadalupe desde tiempo inmemorial. Más tarde, el papa Benedicto XVI me nombró Obispo titular de la Diócesis de Segovia, donde por cierto, se recuerda a otro Obispo guadalupense que tiene su sepulcro en este Monasterio, Don Juan Serrano, último Prior secular del Santuario

En verdad no he hecho nada especial. Han hecho en mí. Lo ha hecho Dios, lo ha hecho el Papa, lo ha hecho la Iglesia. En el fondo estáis haciendo Hijo Predilecto de Guadalupe a quien no tiene más mérito que ser un siervo y servidor de la Iglesia. Y no quiero más que servir unido a la Iglesia y con su Señor. Vuestro reconocimiento, que vuelvo a repetir, nunca agradeceré como se debe, es un reconocimiento a la Iglesia. No tengo ningún mérito para lo que hoy me estáis concediendo. El que reciba en esta tarde el don de ser nombrado Hijo Predilecto de Guadalupe, es un hecho más de lo que es la experiencia y realidad de toda mi vida: todo lo he recibido, soy obra de la Gracia, un fruto del amor de los demás y del Amor de Dios, todos somos así. Lo que sí os puedo asegurar es una cosa: que llevo en mi entraña más profunda, en lo más vivo y hondo de mi corazón, un grandísimo amor a Guadalupe y comparto con vosotros un gran amor a la Virgen, Nuestra Señora de Guadalupe y que he llevado su devoción, su nombre y su imagen siempre. En Toledo como sacerdote y Obispo, en Segovia en donde me ha tocado entronizar la Imagen en capillas e iglesias. Y en Roma, con el Cardenal Cañizares, Guardia de honor y Damas de Santa María, presentarla ante el Papa Benedicto XVI y depositarla en el Colegio Español de Roma, donde la última vez rezamos (¿se acuerda Don Braulio?) y volveré pronto a hacerlo de nuevo. Siempre seré Obispo, emérito de Segovia, y siempre constará por escrito en mi Partida de Bautismo, guardada en el Archivo Parroquial, que fui nombrado Obispo auxiliar de Toledo el 12 de Diciembre de 2004.

Tengo la Cruz Pectoral que me regaló la Comunidad Franciscana en mi primera visita como Obispo a este pueblo, con la Imagen de la Virgen tallada y el Calvario artístico del Siglo XVI que se guarda y venera en el Santuario. Y el próximo día 1 de Mayo, entregaré personalmente al Papa Francisco una bella imagen de Nuestra Señora de Guadalupe con la fotocopia del pergamino que hoy me entregáis.

Seguiré demostrando que amo mi pueblo como un buen Hijo a su madre, que le debe todo.

De nuevo reitero mi agradecimiento al Ayuntamiento de la Puebla y Villa de Guadalupe en la persona de nuestro querido Alcalde, mi buen amigo, Don Francisco Rodríguez Muñiz. Muchas gracias a todos por vuestra presencia: a todos mis familiares, amigos, paisanos, por vuestras muestras de afecto y de amistad.

Por todos… presentes y ausentes, mañana celebraré la Eucaristía en el Altar Mayor de la Basílica, a las doce del mediodía como lo mejor y más grande que tengo, porque me lo ha dado el Señor. Bajo la mirada de la Virgen nuestra Madre, sus hijos cantan como Ella, la grandeza del Señor, porque su Misericordia es eterna, como lo demuestra el acto de esta tarde, que se fija en la pequeñez de su siervo.

Que Ella nos asista y acompañe siempre.

De nuevo gracias a todos y a cada uno.

 

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