Año de la Fe 2012 - 2013 Especiales Ecclesia

Palabras de Benedicto XVI en la noche del 11 de octubre de 2012: el discurso de la luna y las antorchas, 50 años después

(Al final de la procesión de las antorchas, participada por más de 50.000 fieles y organizada en la noche del 11 de octubre de 2012 por la Acción Católica Italiana en conmemoración de una iniciativa similar llevada a cabo desde el castillo de Santo Ángel a la plaza de San Pedro de Roma con motivo de la apertura del Concilio Vaticano II, al igual que hiciera entonces el Papa Juan XXIII, también ahora el Papa Benedicto XVI se ha dirigido a los fieles. Este es el texto, en traducción de trabajo)

Queridos hermanos y hermanas: buenas tardes a todos y gracias por haber venido hasta aquí. Gracias también a la Acción Católica por haber organizado esta procesión de las antorchas.

Hace cincuenta años yo también estaba en esta plaza, con la vista puesta hacia la ventana, donde apareció el Papa bueno, el beato Papa Juan XXIII y nos habló con palabras inolvidables, palabras llenas de poesía y amabilidad, palabras del corazón.

Nos quedamos muy contentos y llenos de entusiasmo. El gran concilio ecuménico acababa de ser inaugurado, estábamos seguros de que tenía que ser una nueva primavera de la Iglesia, un nuevo Pentecostés, una nueva presencia fuerte de la gracia liberadora del Evangelio.

Incluso hoy en día estamos contentos, nos regocijamos en nuestros corazones, pero yo diría que tal vez con una alegría más sobria, una alegría humilde.

En estos 50 años hemos aprendido y experimentado que el pecado original existe, y se traduce, siempre de nuevo, en pecados personales que se convierten asimismo en estructuras de pecado. Hemos visto que en el campo del Señor hay siempre las malas hierbas. Hemos visto que en la red de Pedro hay también peces malos. Hemos visto que la fragilidad humana también está presente en la Iglesia, que la nave de la Iglesia navega también con viento contrario, con tempestades que amenazan la nave. Y a veces hemos pensado: “¿El Señor está dormido se ha olvidado de nosotros?

Esta es una parte de la experiencia adquirida en los últimos 50 años. Pero también tenemos nuevas experiencias de la presencia del Señor… El fuego del Espíritu Santo, el fuego de Cristo, no el fuego devorador y destructivo, es un fuego silencioso, es una pequeña llama de la bondad y la verdad, se que se transforma, que da a luz y el calor. Hemos visto que el Señor no se olvida de nosotros, aún hoy, de una manera humilde, el Señor está presente y da calor a los corazones, a nuestras vidas, crea dones y carismas de bondad y de caridad que iluminan el mundo y son para nosotros garantía de la bondad de Dios. Sí, Cristo vive y está hoy con nosotros y podemos ser felices hoy es porque su bondad no se apaga, es fuerte también hoy en día.

Por último, me atrevo a hacer mis propias palabras inolvidables del Papa Juan, “Id a vuestra casa, dadle un beso a vuestros hijos y decidles: este es el beso del Papa”.

Y en este sentido y de todo corazón os imparto la bendición. “Sea bendito el nombre del Señor…”.

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