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Arzoo Raja, en el centro, el día de su liberación por la policía.
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Pakistán: El «caso Arzoo» visibiliza el drama de los matrimonios forzados

El caso de Arzoo Raja, la menor pakistaní que el pasado mes de octubre fue víctima de matrimonio forzoso, tendrá previsiblemente un final feliz, aunque de momento la muchacha, de 13 años, deberá vivir en una casa de los servicios sociales para mujeres, donde recibirá atención psicológica y podrá retomar sus estudios. Así se desprende de las dos sentencias (del 30 de octubre y del 23 de noviembre) emitidas por el Tribunal Superior de Justicia de la provincia de Sindh. El último veredicto, no obstante, desestima por ahora el retorno a la casa de los padres y va a ser recurrido por ello por la familia, de religión cristiana, ante el Tribunal Supremo.

Al igual que ocurriera en su día con el de Asia Bibi respecto de la blasfemia, el «caso Arzoo» está permitiendo visibilizar el drama de los matrimonios forzosos en Pakistán, sexto país del mundo en cuanto a bodas precoces se refiere. Como ya informó ECCLESIA en su día, la joven fue secuestrada, convertida al Islam y casada contra su voluntad con Ali Azhar, un vecino musulmán de 44 años. Cuando tras la correspondiente denuncia por parte de los padres la policía se presentó en casa del tal Azhar, este dijo que la niña tenía 18 años y que el matrimonio era legal porque Arzoo había dado su consentimiento a la boda tras convertirse. Y esta versión policial es la que creyó a pie juntillas el juez de primera instancia que, sin constatar siquiera la edad real de la niña, avaló el pretendido matrimonio mediante una sentencia el 27 de octubre.

Así habría quedado la cosa de no ser por el ruido mediático generado por las organizaciones de derechos humanos y la comunidad cristiana de Karachi, lugar donde ocurrieron los hechos. Arzoo habría sido una más en la larga lista de adolescentes menores de edad privadas de futuro mediante un matrimonio precoz ilegal.

Justicia y Paz: Hay cientos de Arzoos

Las presiones políticas, tras el clamor y la indignación que despertó el caso entre la opinión pública, consiguieron que tres días después del vergonzoso fallo inicial, una instancia judicial superior —el citado Tribunal Superior de Sindh— revocara la sentencia, enviara a Arzoo a un refugio para mujeres y ordenara detener al aspirante a marido, acusándolo de secuestro, perjurio y matrimonio con una menor. El abogado de la familia, Jibran Nasir, musulmán, ha declarado que la sala ha validado «las denuncias de violación de una niña menor de 16 años, delito que puede ser castigado con cadena perpetua o con la pena de muerte».

La actuación judicial con respecto al agresor supone un gran paso adelante, al decir de los organismos que luchan para erradicar una práctica cada vez más arraigada en el país. Para empezar, porque no tiene en cuenta el video difundido por el marido en las redes sociales en el que aparece la menor proclamando su adhesión al islam (según su familia, desconoce lo más elemental de esta religión) y porque considera que esa declaración es fruto de un lavado de cerebro.

En declaraciones a la agencia AsiaNews, el presidente de la asociación Human Rights Focus Pakistan, Naveed Water, ha denunciado que el número de conversiones forzadas y matrimonios forzados es creciente y preocupante en el país, y que el gobierno solo enfrenta unos pocos casos más mediáticos. Extremo este que confirma de alguna manera el vicario general y director de la Comisión Justicia y Paz de la diócesis de Karachi, Padre Diego Saleh, cuando afirma: «Nuestra lucha no ha terminado, es solo el principio porque todavía hay cientos de Arzoos esperando justicia y una vida como personas libres».

República Dominicana y Filipinas

Pakistán legisló el pasado año sobre los matrimonios infantiles. El Senado debatió y aprobó en mayo de 2019 una ley que prohíbe las bodas de los menores de 18 años, pero su implementación se hace muy complicada dado el gran arraigo de esta práctica. UNICEF calcula que el 21% de las niñas del país se casan antes de cumplir los 18 años, y que un 3% lo hacen ante de los 15. La costumbre se torna drama cuando la menor, como en el caso de Arzoo, pertenece a otra religión y es víctima de una conversión forzada.

El problema de los matrimonios infantiles y uniones tempranas, sin embargo, no es exclusivo de Pakistán, ni mucho menos. UNICEF estima que afecta a más de 650 millones de niñas y adolescentes en todo el mundo, de las que 60 millones viven en América Latina. Por encima de cualquier otro país, en este continente destaca la República Dominicana, donde en un 12% de las bodas o uniones civiles la novia es menor de 15 años, porcentaje que sube hasta el 36% si se amplía la edad hasta los 18. El Gobierno del presidente Luis Abinader está tratando de legislar estos días al respecto.

Filipinas es otro de los países con más niñas casadas: el duodécimo del mundo, con 726.000 casos. Aquí ha sido noticia en los últimos días el caso de otra niña de 13 años obligada a contraer matrimonio con un musulmán de 48 —marido ya de otras cuatro mujeres— en un pueblo de la provincia de Maguindanao. La nueva esposa debe ahora cuidar a los hijos de aquellas, que tienen su misma edad.

Los obispos católicos se han felicitado porque el pasado 9 de noviembre el Senado filipino aprobó por unanimidad la llamada «Girls not Brides Act», que prohíbe los matrimonios antes de los 18 años.



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