Opinión

El padre Francisco Méndez: Sereno, dulce y bondadoso (II)

El padre Francisco Méndez: Sereno, dulce y bondadoso (II), por fray José Borja

P. Francisco Méndez (I)

A las Trinitarias les habla de continuo de la dulzura como un propio de ellas. Apenas escribe una carta en que no las estimule a la práctica de esta virtud.

En el Directorio de 1910 incluye un largo y hermoso capítulo, donde se retrata él de cuerpo entero. Es un tratado profundamente sencillo, pero completo desde el punto de vista teológico y pastoral:

“Fruto de la caridad y consecuencia inmediata de ella –escribe- es la dulzura…, virtud de tanta eficacia y de tanta fuerza que, no pudiéndose contener en la persona que la posee, se comunica a los demás y hace felices a cuantas personas le rodean…

La religiosa debe ser la virtud misma, la criatura en cuyo pecho habita Dios, que es la dulzura y el amor”.

Desde estas alturas, en que vive, se explica su manera de comportarse con los golfos, esos seres rechazados, para los cuales no existe más norma para rehacerlos que la caridad cristiana. Al fin y al cabo, el P. Méndez sigue la norma de Dios con nosotros:

“Llevado de su bondad –aseguran-, solía repetir que a él le resultaba más fácil premiar que castigar, y esto llegaba hasta el punto de que, cuando veía a un chiquillo castigado, o bien le levantaba el castigo él mismo o, sin que lo advirtiésemos las religiosas y yo, le daba un trozo de pan y una moneda”.

El P. Méndez endereza desde joven su carácter. No sabemos apenas nada del carácter de sus padres ni la herencia que le toca.
Sin embargo, a él se le divisa desde los albores llenos de entereza, de rectitud y de formalidad.

(Q.E.M.P)

Fray José Borja.

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