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Padre Fernández, misionero en África: «Los congoleños se preguntan si los cascos azules no sirven a los intereses de las potencias»

La República Democrática del Congo (RDC) es uno de los países más importantes de África, no solo por sus dimensiones (2,5 millones de kilómetros cuadrados, cinco veces España), sino también por su población, 87 millones, de los que el 45% tienen menos de 30 años. La mayoría de los congoleños (95%) son cristianos.
Para conocer un poco más de cerca la situación actual del país, ECCLESIA ha conversado con el padre Manuel Fernández García, quien ha ejercido la misión allí durante veinticinco años. Granadino, el padre Fernández fue ordenado en 1986 como miembro de la Sociedad de los Misioneros de África (Padres Blancos), y enviado a Malí donde ejerció su ministerio ocho años. Desde allí, en 1994 fue enviado a la RDC, el antiguo Zaire. Actualmente forma parte del equipo de animación misionera del Servicio Conjunto de Animación Misionera (SCAM) de la zona centro en Madrid y dirige la página web de su congregación en España.

—Padre, ¿cuál es la situación actual en la RDC?
—El país vive desde hace dos años un periodo de transición política en la que el nuevo presidente, Félix Tshisekedi, intenta comprender los circuitos del poder y de la vida política. Las elecciones presidenciales fueron el 30 de diciembre de 2018 y los resultados se hicieron públicos en enero de 2019. El día 24 de ese mes, Tshisekedi juró como presidente de Congo-Kinshasa.

—Hubo polémica…
—A pesar de ser el tercero en la lista, la Corte Superior de Justicia le dio la victoria en un apaño político con el partido del presidente saliente Joseph Kabila, cuya formación había obtenido la mayoría en el Parlamento. Ese entendimiento nunca fue fácil y el nuevo presidente ha tenido bastantes dificultades para gobernar.

—¿Ya no las tiene?
—Esta situación la resolvió Tshisekedi en el último trimestre de 2020 con una consulta a las fuerzas vivas de la nación con la que pretendía poder disponer de la mayoría parlamentaria para dirigir el país sin tantas trabas. Tras hablar con los diferentes partidos, las Iglesias, la sociedad civil, etc., la mayoría parlamentaria le dio su apoyo. Hay que esperar a ver si esta nueva situación le da verdaderamente más autoridad y valor para solucionar los múltiples problemas con los que se enfrenta el Congo desde su independencia en 1960.

—Uno de esos problemas sigue siendo el de la violencia.
—Sí. La RDC sigue minada por sus cuatro costados por bandas armadas, unas veces al servicio de intereses internacionales para la explotación de los diversos y valiosos minerales que posee su subsuelo, y otras veces al servicio de intereses tribales y egoístas sostenidos por ciertos vecinos para mantener el caos y la no-gobernanza del país. La Monusco, la fuerza internacional de la ONU para la estabilidad y la paz en la RDC, lleva en el país muchos años y ni la estabilidad ni la paz llegan. Hay muertes casi cotidianamente, sobre todo en el este, en Ituri-frontera con Uganda y Sudán, y en los Kivus, que hacen frontera con Ruanda, Uganda, y Burundi. ¡Y la Monusco está en esos territorios! La gente del Congo se rebela a veces e incendia cuarteles de esta fuerza, de la que dicen que «lo único que hace es constatar las muertes» habidas incluso junto a sus cuarteles. La gente se pregunta si esta fuerza internacional no está al servicio de esos intereses escondidos, macabros e inhumanos de las grandes potencias.

—¿Cuál es la posición y actitud de la Iglesia local?
—La Iglesia local se encuentra en una posición delicada. Tiene que hacer frente a muchos desafíos provenientes de las últimas elecciones, en las que estuvo muy comprometida, y cuyos resultados oficiales no aceptó en un primer momento. A esto se añaden las dificultades de orden social del día a día, en especial la extrema pobreza de gran parte de la población, la inseguridad e incluso el hambre. Sin olvidar diversas formas de injusticia social.
La Conferencia Episcopal está muy comprometida con la sociedad y ayuda de una manera valiente a la población a no dejarse manipular por los poderes políticos y otros. Sus documentos son una prueba de ese compromiso con las gentes del país. Aunque, a veces, ciertos obispos se desmarcan del conjunto para apoyar a uno u otro político por ser de su etnia, como fue el caso del obispo de Mbuyi May, que aceptó contra la opinión de sus colegas la victoria del actual presidente.

Para seguir leyendo esta entrevista visita el número 4.062



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