Cultura

Padre Christopher Hartley Sartorius: “la injusticia social que yo conocí fue la de la pobreza sin ausencia de medios”

Más de 200 personas se dan cita en la presentación toledana del libro “Esclavos en el Paraíso” de D. Jesús García, que narra la historia en los bateyes dominicanos del misionero diocesano toledano D. Christopher Hartley Sartorius

–          El Delegado de Misiones, D. Jesús López Muñoz, destaca que “este libro nos dice de manera sustancial, viva y estimulante, qué es eso de la Nueva Evangelización y cómo se lleva a cabo”, además de afirmar que los héroes no existen, “porque aquellos que han volado a miles de kilómetros para estar con los necesitados y llevar un mensaje al mundo no son héroes, son ¡misioneros!”. 

–          D. Jesús García, autor del libro, ha destacado que “lo realmente importante del libro es que un hombre enamorado de Cristo, es capaz de hacer lo que sea por la verdad, por la libertad y por el amor”.

–          Entre autoridades religiosas y culturales, asistieron el Vicario Episcopal de Toledo, D. Eugenio Isabel Molero, el Vicario Episcopal de Cultura y Relaciones Institucionales, D. Francisco César García Magán, el Ecónomo diocesano, D. Anastasio Gómez Hidalgo, el Delegado de Misiones, D. Jesús López Muñoz, y el Director de la Fundación EUNTES – Toledo para el mundo, D. Francisco Villacampa.

Toledo, 20 de noviembre de 2012

Esta semana el Palacio de Benacazón de Toledo ha acogido la presentación del libro “Esclavos en el Paraíso” del escritor Jesús García, que narra la historia en los bateyes dominicanos del misionero diocesano toledano Padre Christopher Hartley Sartorius.

El acto de presentación, que ha contado con la colaboración de la Fundación Caja Castilla – La Mancha y la Editorial LibrosLibres, ha estado organizada por la Delegación de Misiones de Toledo y la Fundación EUNTES – Toledo para el mundo, dentro de las actividades de acompañamiento que desarrollan con todos los misioneros diocesanos, religiosos y seglares, para dar a conocer el trabajo que desarrollan en todo el mundo.

No son héroes, ¡son misioneros!

 

Por ello, el Delegado de Misiones, Jesús López Muñoz, ha señalado como en estos días, con motivo de la Jornada Mundial de las Misiones, ha recordado “el papel y el trabajo de nuestros misioneros. Su compromiso y vocación. Su trajo y acción. Su responsabilidad y labor”, destacando el ejemplo de las manos misioneras en el mundo, porque, según ha afirmado López Muñoz, “son manos de justicia, de igualdad, del Evangelio, en definitiva, manos que son de Jesucristo”.

En ese sentido, Jesús López ha realizado una afirmación clara y rotunda, “¡los héroes no existen! Sí, no os extrañéis y preguntad a los niños y niñas de diferentes colegios. Con ellos compartimos una jornada de animación misionera y precisamente acabábamos con una pregunta: ¿existen los héroes? No. Los héroes no existen, porque aquellos que han volado a miles de kilómetros para estar con los necesitados y llevar un mensaje al mundo no son héroes, son ¡misioneros!”.

Ha recordado también el Delegado de Misiones la presentación de “Esclavos en el Paraíso” del Cardenal Cañizares, en el que señala que “quien recorra este libro y lo que en él se refleja no se encontrará aquí con un héroe: mi buen y querido amigo y hermano, Christopher. Se encontrará sencillamente con un hombre de Dios, un siervo y servidor, fiel y cumplidor, del Señor, que con toda sinceridad no busca otra cosa que cumplir su voluntad: decir que los hombres, los más necesitados, los pobres, los que sufren, participen de su ternura infinita, de su eterna misericordia, su cercanía extrema. Que tengan parte en su salvación que afecta a la totalidad de la persona, y que sólo se halla en esa unión con el Señor”. Además ha señalado que “este libro nos dice de manera sustancial, viva y estimulante, qué es eso de la Nueva Evangelización y cómo se lleva a cabo”.

Finalmente ha querido agradecer la presencia del misionero Christopher Hartley en Toledo, asegurando que el libro provocará un cambio en los corazones, porque, ya escribió Christopher desde la República Dominicana, que “deseaba que la gente cambiara su corazón”. Y en esta presencia Jesús López ha querido agradecer y recordar el trabajo de todos los misioneros y misioneras de Toledo, 164 actualmente, “que día a día hacen de este mundo más justo e igualitario, desde la Caridad y la Palabra”.

“Un hombre enamorado de Cristo, es capaz de hacer lo que sea por la verdad, por la libertad y por el amor”

El autor del libro, Jesús García, ha querido señalar que “no era mi intención hacer un libro social sino un libro espiritual por el contenido de aquellas cartas, escritas por un misionero sin ninguna expectativa más que la de contar a sus allegados y personas más cercanas, cómo le iba la vida en su misión de Dominicana”.

Pero además ha afirmado que “lo realmente importante es que un hombre enamorado de Cristo, por muy pecador que fuera, es capaz de hacer lo que sea por la verdad, por la libertad y por el amor”.

Refiriéndose a Christopher Hartley señala como le asombra que “en un lugar desierto de Etiopía, cercano a la frontera con Somalia, un huracán vestido de misionero permanece en calma, habiendo hecho las paces consigo mismo y con quienes, por momentos, lograron quitársela”, continuó García afirmando que “es prueba inequívoca de que Dios todo lo calma, como la tempestad del Evangelio, y eco del Evangelio de Jesucristo es lo que pretende ser este libro, en las personas y circunstancias que lo forman”.

El Misionero Christopher Hartley Sartorius se reencuentra con Toledo

Los más de 200 toledanos presentes en el acto esperaban con emoción contenida las palabras del misionero diocesano Christopher Hartley Sartorius. Un gran silencio acompañaba la sala como nunca antes había ocurrido en el Palacio de Benacazón. Pero fue unas horas antes donde Christopher se encontró con otro silencio, el que llenaba la Iglesia del Seminario de Santa Leocadia. Allí llegó buscando el encuentro con el que es, como afirmó durante la presentación, “padre de mi alma y Cristo de los gitanos de Toledo”. Nos referimos al encuentro y oración que mantuvo frente al mármol de la tumba de D. José Rivera, “Siervo de Dios que me modeló en la oración”, como lo hicieron la Madre Teresa de Calcuta y otros grandes maestros sacerdotes de Toledo como el Padre Mendizábal, don Baldomero Jiménez Duque y otros grandes nombres.

Christopher en ese silencio de oración, arrodillado junto al arco de sillería mudéjar, quedó junto a D. José Rivera como si fuera una más de aquellas tardes de dirección espiritual, aquellas direcciones espirituales que cambiaron y modelaron a cientos de sacerdotes y laicos toledanos, y estando ahí recobró muchas de las vivencias que luego compartiría durante la presentación del libro. Pero además, tuvo palabras de gratitud para la Diócesis de Toledo, “mi diócesis”, para el Arzobispo de Toledo, “Don Braulio, mi Obispo, con el que he tenido un encuentro para compartir mi trabajo como misionero”, y para la Delegación de Misiones y su equipo de voluntarios y trabajo, que ha organizado el acto de presentación en Toledo.

El misionero diocesano toledano afirmó que “allá donde haya una sola persona, allí está mi ministerio. Cuando me hice sacerdote no me confiaron solo almas, sino personas”, y vinculado a sus vivencias en los bateyes dominicanos, destaca que “cuando me di cuenta así de que era responsable de estas personas en su totalidad. De su alma, sí, y de su cuerpo también. Cuando me di cuenta de esto, el Evangelio empezó entonces a florecer, a reverdecer en mi vida”. Recordó el capítulo 25 del Evangelio de San Mateo, entre los versículos 35 y 46, ante lo que Christopher afirma que “cuando lo leo, veo que pone agua, comida y ropa. No puede ser ni más tangible ni más material”.

Hartley Sartorius narró los difíciles momentos que vivió en República Dominicana, por defender los derechos laborales, la justicia social y la dignidad humana, pero afirmó que “al final de mi etapa en República Dominicana, cuando peor estaban las cosas, menos miedo tenía. Ya me daban igual los anónimos, las amenazas de muerte y lo que fuese. Apedreaban mi casa conmigo dentro y a mí me daba igual. A mí el miedo nunca me impidió hacer las cosa que tuviera que hacer. Esto lo digo no porque me crea perfecto, sino como ejemplo de que el amor puede al miedo. Si  he dejado de hacer cosas ha sido por pereza, por error, por enfado o por lo que fuera, pero no por miedo”.

Por eso, y porque juró que lucharía hasta el final para acabar con las condiciones de injusticia y esclavitud de los bateyes dominicanos, denunció públicamente al gobierno de la República Dominicana y a las empresas azucareras, con la misma fuerza que aquel 28 de enero del año 2000, en el que, ante el que fuera en ese momento el presidente de la República Dominicana, dijera: “se dé cuenta o no, está usted en la antesala del infierno. Mire a su alrededor y vea estas extensiones interminables de caña. Caña que ha florecido abonada por la sangre, el sudor y las lágrimas de pobres hombres dominicanos y haitianos a la par. Tan inmensos como son estos cañaverales, son las miserias, los sufrimientos y el abandono de las gentes que por entre sus interminables carriles de barro, polvo y lodo deambulan cada día, rebuscando un miserable pedazo de pan”, afirmando que “los pobres no somos una auditoria, ni una estadística, ni un porcentaje. Los pobres tenemos un nombre y un rostro, el de Jesús de Nazaret clavado en el madero de la cruz, una cruz hecha de caña, de lodo y de barro. Ser pobre es horroroso. Repito, ser pobre es horrible, [por lo que] no son los discursos oficiales sino los hechos concretos que nos ayudarán a salir de nuestra pobreza”.

Christopher Hartley Sartorius, expulsado de la República Dominicana en el año 2006, sigue luchando con la misma fuerza y radical fuerza que estas palabras transmiten. Sigue estando al lado de los haitianos y dominicanos para recordar la fuerza de la justicia social que radica en el Evangelio de Cristo, verdadero protagonista de sus denuncias. Este misionero diocesano, ordenado por Juan Pablo II y cuya madre espiritual fuera la Madre Teresa de Calcuta, lleva impregnada la lucha para recordar la dignidad humana de los pobres de los más pobres. Y esto lleva a denunciar, una vez más, que aún en el siglo XXI existen los “Esclavos en el Paraíso”.

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