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Opinión

Pablo VI y María, por José-Román Flecha Andrés, en Diario de León (14-5-2016)

Pablo VI y María, por José-Román Flecha Andrés, en Diario de León (14-5-2016)

En algunos países del hemisferio norte dedicamos el mes de mayo a María, la Madre de Jesús. Es un deleite evocar algunas de las reflexiones que sobre ella compartía Pablo VI con los fieles en los dos primeros años de su pontificado.

1. El miércoles 14 de agosto de 1963, víspera de la fiesta de la Asunción de María a los cielos, Pablo VI explicaba a los peregrinos que el culto a María es “introducción y consecuencia del culto único y supremo que debemos a Jesucristo”. Es, además, “garantía de nuestra fe en sus misterios y en su misión”. Y, finalmente, es “expresión de nuestra adhesión a la Iglesia, que tiene a María como su hija más santa y más bella y que encuentra en María su imagen ideal”.

Según el Papa, “todo esto nos llena de gozo y de esperanza y nos enseña a imitar a nuestra Señora en sus virtudes, tan sublimes como humanas, y sobre todo en la virtud de la fe y de la aceptación de la Palabra de Dios, que inicia en nuestras almas la vida de Cristo”.

2. En la audiencia general del miércoles 27 de mayo de 1964, Pablo VI menciona las reflexiones que el Concilio estaba dedicando a la relación entre María y la Iglesia. Y añade que “en María, llena de gracia, encontramos todas las riquezas que la Iglesia representa, posee y dispensa; en María tenemos sobre todo la madre virginal de Cristo, y en la Iglesia, la madre virginal de los cristianos”. Según san Agustín, “María engendró físicamente la cabeza del cuerpo místico, y la Iglesia engendra espiritualmente los miembros de aquella cabeza”, que es Cristo.

3. En la audiencia del día 7 de octubre de 1964, fiesta del Santo Rosario, Pablo VI cita unas hermosas palabras de San Cirilo de Alejandría: «Por ti (María), los Apóstoles predicaron a los pueblos la doctrina de la salvación; por ti la santa Cruz es alabada y adorada en el mundo entero; por ti los demonios son rechazados, y el hombre es llamado al cielo; por ti toda criatura, asediada por los errores y por la idolatría, es reconducida al conocimiento de la verdad; por ti los fieles han venido al bautismo y en todas las partes del mundo han sido fundadas las Iglesias».

4. En la audiencia general del 18 de noviembre de 1964, Pablo VI anuncia a los peregrinos que terminará la tercera sesión del Concilio con la alegría de reconocer a María el título de Madre de la Iglesia. “Será este un título que nos ayudará a celebrar a María Santísima como amorosa reina del mundo, centro materno de la unidad, piadosa esperanza de nuestra salvación”.

A algunos les pareció un gesto para satisfacer al grupo que no había visto recogidas por el Concilio sus esperanzas de dedicar a María un documento propio. En estos años hemos valorado más y más aquella decisión. El reconocimiento de la vinculación de María a la Iglesia ha sido más fecundo de lo que se esperaba.

José-Román Flecha Andrés



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