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Osoro predica el Sermón de las Siete Palabras ante el Medinaceli

La basílica de Jesús de Medinaceli ha acogido por primera vez este Viernes Santo la predicación del Sermón de las Siete Palabras a cargo de Carlos Osoro, arzobispo de Madrid. «Este santuario es noticia evidente, permanentemente, de la necesidad que tenemos los hombres de acoger las palabras de Jesús. Ha llegado la hora de amarnos, la hora de ayudarnos, la hora de mostrar con obras y palabras la persona de Jesucristo», ha subrayado el cardenal.

Tal y como ha informado la archidiócesis de Madrid, Osoro ha invitado en primer lugar a saborear el «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen» que pronunció Jesús en la cruz. En un mundo en el que hay «rupturas», «enfrentamientos», «odio», ha detallado, el «el perdón, la reconciliación y la misericordia» emergen como «categorías imprescindibles para vivir y dejar vivir».

En segundo lugar, al hilo del «Hoy estarás conmigo en el Paraíso», el purpurado ha alentado a llevar «la caricia de Dios a todos los hombres». «Ofrezcamos signos concretos de la cercanía de Dios a los hombres», ha abundado, antes de pedir a los fieles «contemplar la cruz» y así ver «cómo vence a la violencia Jesús: no al modo humano», sino que «vence con un amor capaz de llevarlo hasta la muerte».

«Mujer, ahí tienes a tu hijo. Hijo, ahí tienes a tu Madre»

En tercer lugar, con la vista puesta en el «Mujer, ahí tienes a tu hijo. Hijo, ahí tienes a tu Madre», el cardenal Osoro ha pedido mirar a María, «esta mujer que cambió la historia», que «prestó la vida para que Dios tuviese rostro humano», y acogerla «como el regalo más grande». «¿Por qué no darnos la mano para hacer lo que Ella? […] Con María entró en el mundo el rostro de la Esperanza. […] Ella es la mujer que crea la cultura del encuentro», ha añadido, poniendo el foco en que nos encontremos como hijos de Dios y así hermanos, «sin hacer descartes», «todos tienen protagonismo».

En cuarto lugar, el cardenal se ha detenido en el «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?», unas palabras que muestran que «de una manera clara se acerca la muerte» y «evidencian la desnudez en la que se encuentra Él, la impotencia, la desolación, el vacío del corazón». Y este grito, ha remarcado, se oye hoy «en esta humanidad que tiene heridas profundas […] y tantas esclavitudes nuevas».

En esta línea, en quinto lugar, ha aludido al «tengo sed» que habla de la «necesidad de Dios» en esta sociedad, de manera especial «en esta pandemia». «Hay sed y hambre de Dios. Otro mundo es posible. Dios quiere transformar el mundo con nuestra conversión», ha reiterado.

«Practica el diálogo con Dios y, si no lo sabes hacer, ponte en silencio y escucha –ha planteado en otro momento–. […] En lo más hondo de ti está Dios. No tengas miedo a hacer silencio. Concéntrate en lo esencial. […] El Señor siempre está a tu lado».

«Todo está cumplido»

Por último, el arzobispo ha aludido al «Todo está cumplido», que muestra que Jesús «ha cumplido la voluntad del Padre» y ahí se alcanza la «plenitud», y al «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu», que vuelve a hablar de «cuidar el mundo con hechos». «Contribuyamos a cuidar este mundo, eucaristicemos este mundo».

Entre los asistentes al acto han estado el obispo auxiliar monseñor José Cobo; el presidente de Cáritas diocesana de Madrid, Luis Hernández Vozmediano, y el secretario general de la entidad, Javier Hernando. Además, ha contado con la presencia del alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida y el consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Enrique Ruiz Escudero.



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