Iglesia en España

Ordenación sacerdotal en la catedral de Mallorca

Ordenación sacerdotal en la catedral de Mallorca

 Hippolyte Voka, Misionero de los Sagrados Corazones, de 45 años, será ordenado sacerdote este domingo 12 de abril a las 17 h en la Catedral de Mallorca.

 Hippolyte Voka, Misionero de los Sagrados Corazones, de 45 años, será ordenado sacerdote este domingo 12 de abril a las 17 h en la Catedral de Mallorca, en el transcurso de una celebración presidida por el Obispo Javier Salinas.

El joven, de origen congoleño y perteneciente a la congregación de los Misioneros de los Sagrados Corazones, ha estudiado en el Congo, Camerún y Ruanda. Hace un año y medio que reside en Mallorca.

La celebración

La ceremonia contiene muchos de símbolos. En primer lugar se hace un llamamiento a aquel que debe ser instituido, por su nombre, que nos recuerda la llamada de Cristo a sus discípulos, seguida de la petición de la Iglesia de ser ordenado. Después de la homilía se acerca el futuro presbítero y manifiesta su promesa de celibato ante el Obispo, seguido de la manifestación de voluntad sobre su disposición de vivir de acuerdo al Evangelio proclamado, a la obediencia ya la vida de servicio y oración. En un momento concreto, justo antes de prometer obediencia unen las manos del elegido con las del Obispo: indica la unidad y la obediencia a la Iglesia. Otro gesto simbólico se produce en las letanías: el elegido se tumba en el suelo, signo de servicio y de entrega, mientras se invocando a los santos de la Iglesia. El momento de la ordenación tiene lugar con la imposición de manos sobre la cabeza en silencio del elegido, que está arrodillados ante el obispo. Se realiza la oración de consagración. Se sigue con la imposición de las vestiduras litúrgicas propias.

El nuevo presbítero recibirá la patena y el cáliz con estas palabras del presidente: «Recibe la ofrenda del pueblo santo para presentarla a Dios. Considera lo que realizas e imita lo que conmemoras, y conforma tu vida con el misterio de la cruz del Señor». También, después de la imposición de las vestiduras, son ungidas por el obispo las manos del ordenado. Después de esta unción el Obispo da el abrazo de paz al ordenado, que comparte también con otros presbíteros, signo de paz y de comunión con la Iglesia.

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