Diócesis

Ordenación presbiteral en Terrassa en el inicio del Año de la Fe

El domingo día 28 de octubre Mons.. Saiz Meneses ordenó dos nuevos presbíteros al servicio de la diócesis. La ceremonia tuvo lugar a las 6 de la tarde en la Catedral de Terrassa. Concelebraron con el obispo diocesano Mons. Jaume Traserra, obispo emérito de Solsona y Mons. Salvador Cristau, Obispo auxiliar y Rector del Seminario, así como sesenta sacerdotes. Asistieron los diáconos y seminaristas de la diócesis y el pueblo fiel llenó el templo, especialmente de gente venida de Granollers, Montornés del Vallés, Cerdanyola del Vallès, Ripollet, Rubí y de la propia ciudad de Terrassa.

En su homilía, el prelado egarense hizo referencia a la misión del presbítero en el contexto actual, en el marco del Año de la Fe y comprometidos en  la nueva evangelización. Destacó que el presbítero tiene que ser testigo de Jesucristo y como tal mensajero de la esperanza, especialmente entre los jóvenes: “Somos enviados a reavivar la esperanza de nuestros contemporáneos, especialmente los jóvenes, para que puedan desarrollar todas sus potencialidades, y mirar hacia el futuro y trabajar con un proyecto de vida centrado en Cristo. De esta manera podrán llegar a fructificar las inmensas energías de donación que los jóvenes tienen en su corazón. Reanimar la esperanza en los jóvenes significa también ayudarles a superar el miedo a las decisiones definitivas. El futuro se empieza a construir mediante las elecciones que se hacen en el presente y la opción fundamental del joven debe construirse sobre el fundamento firme que es Nuestro Señor Jesucristo. Nuestro acompañamiento y nuestro testimonio serán los instrumentos que les ayuden a ver que la Iglesia no los deja solos ante los desafíos de la vida, ni ante sus decisiones absolutas. “

Refiriéndose al sacerdocio, subrayó que su vivencia pasa por estar unidos a Dios ya los hombres, para estar verdaderamente injertados en Cristo y ser profundamente humanos: El sacerdote debe ser realmente un hombre de Dios, de profunda espiritualidad. Un elemento esencial será la lectura meditada y orante de la Palabra de Dios, que facilitará la conversión y se convertirá en el criterio de juicio y valoración de las situaciones de vida. El culmen de la oración cristiana es la Eucaristía, que a su vez es «la cumbre y la fuente» de los Sacramentos y de la Liturgia de las Horas. El sacerdote no es alguien que cumple sus “obligaciones” en cuanto a la oración, que se conforma con “decir Misa” y “rezar el Breviario”. Ha de ser un maestro en el arte de la oración y ha de vivir la centralidad de la Eucaristía en su existencia. Por otra parte, el sacerdote debe ser muy humano. «Todo Sumo Sacerdote es tomado de entre los hombres y está puesto en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios» (He 5, 1). Su personalidad humana ha de servir de puente y no de obstáculo a los demás en el encuentro con Jesucristo. Ha de ser capaz de conocer en profundidad a las personas, propiciar el encuentro y el diálogo, obtener la confianza y colaboración. Ha de tener capacidad para relacionarse con los demás, porque ha sido llamado a ser responsable de una comunidad y a ser sobre todo «hombre de comunión». (Cf. PDV 43).

 

Los dos nuevos sacerdotes continuarán colaborando en las parroquias que están sirviendo en el Vallès Oriental, San Esteban de Granollers, Sant Sadurní y Nuestra Señora del Carmen de Montornès del Vallès y Santa Agnès de Malanyanes.

 

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