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Ordenación de seis diáconos en la Catedral de Terrassa

Ordenación de seis diáconos en la Catedral de Terrassa
El domingo día 30 de noviembre, primer domingo de Adviento, Mons. Saiz Meneses, Obispo de Terrassa, ordenó seis diáconos al servicio de la diócesis, a las 18h. en la Catedral. Estuvo acompañado por Mons. Salvador Cristau, Obispo Auxiliar, Mons. Jaume Traserra, Obispo emérito de Solsona, y 90 clérigos, entre sacerdotes y diáconos. El pueblo fiel, venido de muchas parroquias de la diócesis, llenó el templo.

Los nuevos ordenados son Agustín Villalba, destinado a las parroquias del Sant Esperit y Sant Valentí de Terrassa, Walter Cifuentes, destinado a San Pere de Rubí, Arturo Fabregat, destinado en Sant Cebrià de Valldoreix, Guillermo López y Hernan Urdaneta, destinados a Sant Esteve de Granollers, y Andrés Ramírez destinado a la Mare de Déu del Roser de Cerdanyola y a la Santa Creu de Bellaterra.

En su homilía, el prelado egarense glosó el sentido litúrgico del día, subrayando la importancia de ejercitar la esperanza. Recordó que “el panorama que se describe no está lejos de lo que podemos encontrar en nuestra sociedad actual. El anonimato en el día a día de las grandes ciudades, la construcción de la sociedad basada en la ciencia, en la técnica, en la que se prescinde de Dios y parece que todo depende del hombre; las guerras y conflictos que se producen a pequeña y gran escala; la economía, que pone en el centro el beneficio en lugar del ser humano. (…) Pero el verdadero “señor” del mundo no es el hombre, sino Dios. El tiempo de Adviento nos recuerda esto cada año, y nos ayuda a reavivar la esperanza, la confianza que nace de la seguridad de la persona que se siente amada por Dios. ”

En referencia a los nuevos diáconos, los invitó a vivir la actitud de servicio: “como recuerda el Papa Francisco muy a menudo, no nos preparamos en el seminario para ser unos burócratas fríos de despacho sino pastores a imagen de Jesús, el Buen Pastor; para hacerlo presente en medio de su rebaño, para apacentar sus ovejas. Algo demasiado grande siendo nosotros demasiado pequeños. Pero es que no se trata de una obra nuestra sino del Espíritu Santo que requiere, eso sí, nuestra colaboración. Por eso es preciso ofrecerse a sí mismo con humildad, como arcilla para ser modelada, para que el alfarero, que es Dios, la trabaje con el agua y el fuego, con la Palabra y el Espíritu. “



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