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El patriarca Sako y el presidente de Irak, en la misa de Nochebuena en la catedral de San José de Bagdad.
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Oraciones en Irak por la visita del Papa

Desde este domingo, 17 de enero, los cristianos caldeos rezan en sus iglesias para que la proyectada visita del Papa Francisco a Irak, prevista para los días 5-8 de marzo, pueda llevarse a efecto. El patriarca de Babilonia de los Caldeos, cardenal Louis Raphael Sako, ha compuesto una oración en la que pide al Señor «condiciones de seguridad y salud» que permitan el anhelado viaje. Si este finalmente se produce —el propio Pontífice reconoció hace unos días en una entrevista que estaba en el aire debido a la vigente situación epidemiológica— sería la primera visita de un Papa al país del Tigris y el Éufrates. Nunca antes, en efecto, un sucesor de Pedro ha acudido a Mesopotamia desde que Pablo VI diera inicio a los periplos internacionales allá por la década de los sesenta del pasado siglo. Juan Pablo II quiso peregrinar a Ur, la patria de Abraham, en vísperas del Jubileo del año 2000, pero el entonces presidente Sadam Hussein se lo impidió, y los deseos de Benedicto XVI chocaron con la irrupción en la escena política del Estado Islámico, que acabó haciéndose con el control de gran parte del país tras el fracaso de los gobiernos posteriores a la invasión estadounidense y británica de 2003.

En el anuncio oficial del viaje realizado por la Santa Sede el pasado 7 de diciembre, se informaba de que Francisco visitaría Bagdad, la llanura de Ur, Erbil, y Mosul y Qaraqosh en la llanura de Nínive. El programa, sin embargo, no está ni concretado ni cerrado, y en las últimas semanas se ha especulado también con la posibilidad de un encuentro en Najaf con el ayatolá Alí Sistani, la gran autoridad de los chiítas en el país, e incluso con la firma conjunta de una declaración similar a la de la Fraternidad suscrita en Abu Dhabi con el imán de la universidad egipcia de Al-Azhar Ahmed al Tayyeb (sunita). De momento se trata de mera rumorología, pues no hay todavía nada oficial. Estos días, y según ha informado la agencia Nova, funcionarios de seguridad italianos están inspeccionando sobre el terreno con sus homólogos iraquíes las iglesias que visitaría el Papa en Mosul y Qaraqosh y evaluando la seguridad. Esta misma semana la Iglesia caldea ha presentado también el logotipo del viaje: un mapa de Irak con sus dos emblemas (los dos grandes ríos y una palmera), la imagen del Papa saludando, y las banderas del país y del Vaticano sobrevoladas por una paloma de la paz; y todo ello circundado por el lema oficial del viaje escrito en árabe: las palabras de Jesús citadas por el evangelista Mateo «Todos sois hermanos».

Una visita muy deseada

Si finalmente se confirma el desplazamiento, el Santo Padre se encontrará un país devastado por décadas de guerras —primero con Irán (1980-1988), y luego con Estados Unidos y sus aliados en la primera y segunda Guerras del Golfo, en 1990-1991 y 2003, respectivamente—, muy fracturado socialmente, y sumido en una gran pobreza pese a contar con grandes reservas de petróleo. Un país de gente joven (la mitad de sus 40,8 millones de habitantes tiene menos de 20 años) en el que la convivencia entre las comunidades chiíta —la mayoritaria: 62% de la población—, sunita (34,5%) y kurda (16-18%) sigue siendo muy difícil. Y un país en el que los yihadistas del Estado Islámico por un lado, y las milicias y grupos armados vinculados a Irán por otro, siguen suponiendo una gran amenaza para cualquier gobierno. El actual lo lidera el primer ministro Mustafá Al Kadhimi, de 53 años, un exiliado de le época de Sadam, periodista y exjefe de los espías, que asumió el cargo en mayo de 2020, después de que su predecesor se viera forzado a renunciar tras la muerte a manos de las fuerzas del orden de más de 400 personas en unas protestas.

La visita del Papa es sumamente deseada tanto por Al Kadhimi como por la Iglesia local. Francisco va a Irak por dos motivos: primero para transmitir un mensaje de esperanza, cercanía y solidaridad a la sufrida comunidad cristiana; y segundo, para pedir a todos, chiítas, sunitas, y kurdos, que dejen atrás la violencia, que no conduce a ningún lado, y trabajen juntos por la paz y la convivencia.

Al Kadhimi: Los cristianos, «hijos originales» de Irak

En 2003, el año de la invasión y derrocamiento de Sadam, en Irak había 1,5 millones de cristianos, localizados principalmente en Bagdad (un millón) y en la llanura de Nínive. Hoy, según monseñor Sako, quedan solo una tercera parte. «Antes del colapso del régimen de Hussein, uno de cada seis bagdadíes era cristiano. Muchos eran doctores, profesores de universidad, hombres de negocios, profesionales, etc., y todos ellos emigraron a causa de la persecución», recordó el patriarca en una entrevista televisiva en Navidad. Unos huyeron al extranjero, y otros se convirtieron en desplazados internos en el propio Irak. En el Kurdistán, por ejemplo, encontraron refugio unos 138.000, más o menos el 40% de los que en 2014 tuvieron que abandonar Mosul y la llanura de Nínive tras la conquista de la segunda ciudad del país por el Estado Islámico, que la convirtió en su capital.

El actual gobierno parece dispuesto a facilitar el retorno de los cristianos y su protección jurídica. Al Kadhimi dijo poco después de asumir el cargo que «los cristianos representan uno de los componentes más auténticos de Irak», y deseó que estos regresen pronto a su patria. «Irak —afirmó— es el país de todos los iraquíes y los cristianos son sus hijos originales». Estas Navidades ha sido el presidente de la República, Barham Salih (un musulmán sunita), quien ha querido transmitir ese mismo mensaje. El mandatario asistió a la misa de Nochebuena que el patriarca Sako ofició en la catedral de San José de Bagdad, y afirmó que el Gobierno debía proteger los «derechos religiosos y culturales» de los cristianos y hacer todo lo posible para que estos «regresen y vivan una vida segura y digna en su tierra natal».

Gestos hacia la comunidad cristiana: el día de Navidad, festivo

En las últimas fechas, y además de la asistencia del presidente a la Misa del Gallo, las autoridades han realizado otros importantes «gestos» hacia la comunidad cristiana. El más importante, la declaración del día de Navidad como nuevamente festivo, de manera permanente y a nivel nacional. La propuesta efectuada en este sentido por el patriarca Sako recibió el visto bueno del Parlamento nacional el pasado mes de diciembre. El servicio postal ha realizado igualmente una emisión de sellos en la que aparecen ocho de las iglesias históricas de la nación, otro «detalle» más hacia los creyentes que viven en la antigua Babilonia, la tierra en la que nació la agricultura y la escritura (cuneiforme).

El principal escollo para la vuelta de los cristianos a sus casas es precisamente la recuperación de sus propiedades, viviendas y tierras usurpadas tras su huida. Tres de cada cuatro creyentes en Cristo pertenecen a la Iglesia caldea, mientras que el resto forman parte de comunidades siro-católicas, armenio-católicas, greco-católicas y latinas. La Iglesia caldea cuenta con una archieparquía o archidiócesis (Bagdad) y siete eparquías o diócesis. En los últimos años, han sido destruidas por completo 34 iglesias, quemadas otras 132, y parcialmente destrozadas 197.



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