oracion
Rincón Litúrgico

Oración y Corrección

«A ti, hijo de hombre, te he puesto de centinela en la casa de Israel; cuando escuches una palabra de mi boca, les advertirás de mi parte» (Ez 33,7). Dios ha elegido a Ezequiel para que transmita a su pueblo los mensajes que Dios le confía. El profeta ha de ser fiel a esa misión que le ha sido encomendada.0106

Si Dios quiere exhortar a las gentes a dejar su mal comportamiento, pero el profeta guarda silencio, será considerado culpable. Ahora bien, si el profeta escucha el mensaje de Dios y lo transmite a su pueblo, salvará su vida y el sentido de su vida, aunque el pueblo desoiga la llamada de Dios.

Oportunamente, el salmo responsorial nos transmite un aviso que es válido para todos nosotros: «Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: No endurezcáis vuestro corazón» (Sal 94).

No podemos olvidar que «el amor es la plenitud de la ley», como escribe san Pablo a los romanos (Rom 13, 10). El amor nos llevará a escuchar a Dios, a prestar atención a nuestros hermanos y a transmitirles lo que el Señor espera de todos nosotros.

LA COMUNIDAD

En el Evangelio según Mateo nos encontramos en este domingo con el llamado discurso eclesiástico. En este texto se recogen al menos tres enseñanzas de Jesús sobre la comunidad y sobre algunas de las responsabilidad de cada uno de sus miembros.

  • En primer lugar, Jesús nos advierte que en la comunidad no todo es perfecto. Todos somos responsabes de la conducta de todos. Hemos de corregir con amabilidad y prudencia al hermano que se desvía del recto camino. Y tambien hemos de estar dispuestos a aceptar la corrección cuando nosotros nos desviamos.
  • En segundo lugar, Jesús amplía a toda la comunidad la misión y la responsabilidad de atar y desatar, que ya había confiado a Simón Pedro. Sabemos que Dios se fía de nosotros y de nuestra responsabilidad. Por eso nos ha elegido y nos ha enviado para ser estigos de su perdón y su misericordia.
  • Y en tercer lugar, Jesús nos explica que en la comunidad es muy importante la oración en común. Dios escuchará la oración de dos hermanos cuando se pongan de acuerdo en pedirle algo. En ese caso, la oración será fruto del amor mutuo y no del egoísmo. Solo la oración que nace del amor llegará hasta Dios, que es amor.

REUNIDOS EN SU NOMBRE

Finalmente, el texto evangélico contiene una promesa del Señor: «Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mt 18,20). Es consoladora esta frase que revela la condicion del que fue anunciado como el Enmanuel, o Dios con nosotros. Tres palabras merecen ser recordadas y meditadas.

  • La reunión. En la vida es muy difícil caminar en solitario. No podemos ignorarnos unos a otros. La comunidad cristiana ha de ser una forma modélica de convivencia. En efecto, vivir es convivir y desvivirnos los unos por los otros.
  • El nombre de Jesús. En la sociedad, las personas se reúnen por motivos, objetivos e intereses muy diversos. En la comunidad cristiana estamos llamados a reunirnos en el nombre del Señor. Nos reúne su mensaje. Nos reúne la memoria de su vida y de su entrega.
  • La presencia del Señor. A la hora de la dificultad, o en el tiempo de pandemia, muchos se preguntan donde está el Señor. Pero él nos ha dicho que está entre nosotros. Esa presencia ha de reflejarse en el amor que nos profesamos y el servicio que nos prestamos cada día.
  • Señor Jesús, te damos gracias porque nos has llamado a vivir en comunidad. En ella compartimos tu palabra y tu pan. Sostenidos por esos alimentos que nos unen y nos reúnen,  podremos corregir a los hermanos y aceptar su corrección. Sabemos que si oramos en tu nombre podremos dar testimonio de tu presencia entre nosotros.  Amén.

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