Rincón Litúrgico

Oración y ayuda

“¡Salta de gozo, Sión; alégrate, Jerusalén! Mira que viene tu rey, justo y triunfador, pobre y montado en un borrico, en un pollino de asna” (Zac 9,9). Un profeta no solo aparece para pronunciar la denuncia de la injusticia y la opresión. En su misión está también el anuncio de la buena  noticia de la paz y de la alegría.

Eso hace el profeta Zacarías al exhortar a  Jerusalén a recibir con  alegría al Mesías del Señor. Ese nuevo rey extenderá su dominio desde el río Éufrates hasta la costa del Mediterráneo. Pero entrará en su ciudad con un espíritu de  mansedumbre y de pobreza.

En la segunda lectura que hoy se proclama san Pablo se refiere repetidamente al Espíritu de Cristo. Gracias a ese Espíritu, los fieles de entonces y de todos los tiempos podrán dar muerte a las obras de la carne para vivir de forma espiritual.

EL PADRE Y LOS HERMANOS

El texto evangélico de este domingo (Mt 11,25-30) recuerda una  hermosa oración de Jesús: “Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla”. Con razón se dice que esta acción de gracias parece  evocar el canto de María con motivo de su visita a Isabel.

Como se ve, Jesús vive de cara a su Padre celestial. Pero esa atención no le impide prestar atención a su familia terrenal. Dios es su Padre, con el que mantiene una estrecha intimidad. Pero sus ojos perciben a las personas que le siguen cansadas y agobiadas.

La acción de gracias a Dios incluye y revela la sensibilidad con  la que Jesús observa y acoge los sufrimientos de todos los sencillos y marginados en la sociedad. Todos ellos son sus hermanos. Realmente en Jesús de Nazaret se ha hecho presente aquel Mesías de corazón manso y humilde, que prometía el profeta Zacarías.

OFERTA E INVITACIÓN

Pues bien, a todos los atribulados dirige Jesús su invitación: “Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis  descanso para vuestras almas” (Mt 11,29).

  • “Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí”. El yugo une a los bueyes para que puedan tirar del carro. Pero el yugo era también un balancín, flexible y ligero, que se acomodaba sobre la espalda. El yugo de Jesús no es una carga insoportable. Al contrario, por medio de él, podemos llevar con más facilidad nuestras cargas.
  • “Soy manso y humilde de corazón”. La mansedumbre y la humildad no están de moda en una sociedad señalada por la altanería y la prepotencia. Sin embargo, estas virtudes revelan esa verdad del ser humano que una pandemia puede recordarnos. Ninguno de nosotros es más por tratar de imponerse a los demás.
  • “Encontraréis descanso para vuestras almas”. El confinamiento puede traer descanso a nuestro cuerpo, pero aumenta la inquietud del espíritu. El verdadero descanso brota de un corazón sencillo y humilde, cercano y compasivo, amoroso y confiado.

– Señor Jesús, con tu oración nos revelas tu relación con el Padre celestial. Y con tu invitación nos ayudas a confiar en tu compasión. Te confiamos nuestra inquietud y esperamos que nos acompañes en la búsqueda de la serenidad y la armonía. Amén.

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