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Rincón Litúrgico

Oración a Santiago Apóstol, por Javier Leoz

SEÑOR SANTIAGO

Como tú, también yo de vez en cuando,

me encuentro arreglando las redes

de mi vida a las orillas de mi existencia.

¿Arreglando…o desarreglando?

¡No lo sé!

Sólo sé que, de cuando en vez,

siento una voz que me dice:

¿Qué haces? ¿Por qué te afanas tanto?

¿Cuánto has pescado hoy?

¿Qué has hecho hoy con tu vida?

Miro hacia arriba, y así como tú, viste algo

no siempre yo veo nada claro.

Me falta tu impetuosidad

y me sobra cobardía para, mirando hacia delante,

saber que hay un Señor que una y otra vez me dice:

¡Ven y sígueme! Pero ¿sabes?

Siempre respondo lo mismo:

¿A dónde seguirte? ¿Para qué? ¿Por qué yo?

Y es que, Señor Santiago,

siempre pienso que eso de “ven y sígueme”

es para la gente cualificada

para las personas solitarias

para aquellos que son un poco especiales.

Y en el fondo, bien lo sabe Dios,

es miedo a mostrarme como lo que soy.

Digo ser cristiano, y me cuesta demostrarlo

Presumo de ser bautizado, y a duras penas me mantengo

Pretendo seguir a Cristo y, a cualquier distracción,

Prefiero quedarme parado en cualquier esquina.

¡SI; SEÑOR SANTIAGO!

Hoy, permíteme que te dé las gracias por tu gran regalo

Por poner, en nuestra tierra, la primer piedra

de ese gran edificio espiritual de Jesús de Nazaret

Déjame darte las gracias por tu valentía

incluso por haber creído de tal manera en Cristo

que te permitiste el lujo de pedir un puesto privilegiado

al lado del Padre Dios

Déjame, en esta tu fiesta,

sonrojarme ante la grandeza de tu fe

en comparación con la débil mía:

tú fiel hasta dar la vida por Cristo

yo fiel siempre y cuando no me exijan tanto.

Déjame, Señor Santiago,

darte las gracias por habernos dejado

tu encuentro con la Virgen María.

Ella, como hace tantos siglos,

sigue estando presente y ayudando

a todo aquel, a todos aquellos

que se ponen en camino

para llevar la Buena Noticia

por todos los rincones del mundo.

¡Gracias! ¡Gracias, Señor Santiago!

Javier Leoz



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