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Oración por las vocaciones, Ángel Rubio Castro, obispo de Segovia

Oración por las vocaciones, Ángel Rubio Castro, obispo de Segovia

“La mies es abundante pero los trabajadores son pocos, rogad pues al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies”. Estas palabras del Señor nos las recuerda el Papa Francisco en la 51 Jornada Mundial de oración por las vocaciones que celebramos este domingo, llamado del Buen Pastor.

Estas palabras nos sorprenden, porque todos sabemos que primero es necesario arar, sembrar y cultivar, para poder luego, a su debido tiempo, cosechar una mies abundante. Jesús; en cambio, afirma que “la mies es abundante”. ¿Pero quién ha trabajado para que el resultado fuese así? La respuesta es una sola: Dios. Evidentemente, el campo del cual habla Jesús es la humanidad, somos nosotros. Y la acción eficaz que es causa del “mucho fruto” es la gracia de Dios, la comunión con él (cf. Jn 15,5). Por tanto, la oración que Jesús pide a la Iglesia se refiere a la petición de incrementar el número de quienes están al servicio de su Reino.

Después de dos milenios de cristianismo cuando la voz de Cristo ha llegado a casi toda las partes, sentimos con una intensidad cada día mayor la necesidad de orar pidiendo a Dios, llenos de esperanza, que mande a su Iglesia obreros del Evangelio, que suscite vocaciones a la vida consagrada, a la acción misionera, al ministerio sacerdotal.

El mundo que vivimos parece que está diciendo a la nueva sociedad, que en el futuro de un mundo nuevo, laico y adulto  no habrá ya sacerdotes, ni vida consagrada. Eso lo piensa el mundo pero no es la verdad, por el contrario, hay una gran necesidad, aun mayor que en otros tiempos, de sacerdotes y de hombres y mujeres enamorados de Cristo, consagrados a Él y a su Iglesia, al anuncio del Evangelio y al servicio de los hombres. Los hombres de hoy y de siempre tienen necesidad de Cristo. Todos tenemos necesidad de Cristo. A veces sin saberlo, pero a través de múltiples, y a veces, a través de incomprensibles caminos lo buscamos insistentemente, lo deseamos ardientemente. El es el deseado por todos. Se diga lo que se diga porque en él está la dicha del amor, la vida, la paz, la alegría, todo.

Los hombres y mujeres de hoy necesitan a Cristo y Él necesita de nosotros;  de hombres y mujeres para que el mundo se salve y llegue al conocimiento de la verdad. La mies de Dios es grande y espera obreros, sacerdotes que impulsen, promuevan y lleven a cabo la tarea de salir al encuentro de los alejados, llegar a las periferias del campo y de la ciudad, a los pueblos pequeños y a las grandes capitales, a los intelectuales y los trabajadores, a los que sufren y a los desalentados.

Todos en la Iglesia estamos convencidos de una magna empresa, llevar a cabo una nueva evangelización de nuestro mundo. Es verdad que esta nueva evangelización no se llevará a cabo sin los seglares. Pero la mayor participación de los seglares en esta gigantesca empresa exigirá, está exigiendo ya, la presencia de un mayor número de sacerdotes y de personas consagrados. “Rogad al dueño de las mies” quiere decir también: no podemos producir vocaciones deben venir de Dios. No debemos reclutar personas, como sucede tal vez en otras profesiones, por medio de una propaganda bien pensada, por decirlo así mediante estrategias adecuadas.

El mensaje del Papa concluye: «Dispongamos por tanto nuestro corazón a ser “terreno bueno” para escuchar, acoger y vivir la Palabra y dar así fruto. Cuanto más nos unamos a Jesús con la oración, la Sagrada Escritura, la Eucaristía, los sacramentos celebrados y vividos en la Iglesia, con la fraternidad vivida, tanto más crecerá en nosotros la alegría de colaborar con Dios al servicio del Reino de misericordia y de verdad, de justicia y de paz. Y la cosecha será abundante y en la medida de la gracia que hayamos sabido acoger con docilidad en nosotros».

                                                        + Ángel Rubio Castro

                                                          Obispo de Segovia



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