Rincón Litúrgico

Oración para el Adviento 2015, por Luis Ángel Montes Peral

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Oración para el Adviento 2015, por Luis Ángel Montes Peral

CELEBRAR HOY EL ADVIENTO en este Año de la Misericordia 

significa escuchar, acoger, poner en práctica y promover la Palabra de Dios,

proclamada a través de profetas, sabios y piadosos de la Primera Alianza,

y que se hace Palabra Personal con la venida ahora de Jesucristo a este mundo.

Señor, Tú eres la Voz Viva y Definitiva del Padre, pronunciada en el Evangelio.

Escucharte significa tanto como escuchar al Padre,

que nos brinda su cariño y ternura y con la fuerza del Espíritu quiere transformar nuestros comportamientos.

 

En los tiempos trastocados de moral contradictoria y ambivalente,

que estamos viviendo,

nada más noble y generoso que pensar con el corazón y sentir con la razón,

conduciendo ambos, corazón y razón, a la medida de tu misericordia entrañable.

 

Sigues viniendo a los tuyos, Señor, y muchas veces desconocemos quién eres y qué haces.

Estás en medio de nuestras vidas

y no percibimos tu mensaje liberador y menos tus obras,

ya que te acercas sin violencia, tratando de llegar a cada uno de nosotros

con la suavidad de la brisa, que impulsa el caminar diario de los viandantes.

 

Que este Adviento 2015 cambie nuestro modo de relacionarnos contigo:

que te encontremos, donde en realidad estás, no donde nos apeteciera que estuvieras.

Y Tú te haces presente entre los dolientes, los refugiados, los desahuciados, los sin techos,

entre toda clase de excluidos, que están pasando por cualquier desamparo.

Que estemos dispuestos a ayudarte allí donde te manifiestas en la precariedad humana.

 

Que a tu vera vivamos el amor y ejerzamos la caridad;

que tu presencia nos inunde de esa esperanza activa, que nutre el anhelo de la otra vida;

que el aliento de tu Espíritu nos llene de esa fe viva, que enciende los corazones.

 

Estamos conformando una tierra inhabitable, Señor,

que no nos conduce a la vivencia de la fraternidad sino que nos instala en la  insolidaridad.

Impera la agresividad y la ley del más fuerte, mientras los pequeños son desprotegidos.

 

Estamos haciéndonos insensibles al clamor de los pobres y al dolor de las víctimas.

Nunca como ahora se ha extendido la injusticia y la desintegración social,

mientras Tú nos enseñas que estamos llamados a formar una sociedad de hermanos.

Pasado y presente, realidad y deseo, todo nos invita a encontrarte en la entraña del mundo,

a ver en Ti a Dios, a los hombres y a la naturaleza sin recelo alguno.

 

Que comprendamos que vives entre nosotros, que te vuelves transparente

en los sacramentos, en la predicación, en la oración personal y comunitaria.

Tú haces nuestro yo más personal y comunitario;

Tú conviertes a mi prójimo en más próximo, mi querer en más tendente a la plenitud.

Jesús Hijo, Rostro misericordioso del Padre y Dador del Espíritu,

que permanentemente nos dejemos acompañar por tu presencia bienhechora.

Que a través de la gracia transformadora te percibamos como eres,

te veamos, te oigamos, te olamos, te toquemos, porque nos encontramos contigo

y también con tu Cuerpo y tu Carne, que son la Iglesia, los pobres y los necesitados.

Somos tu familia y como amigos tuyos queremos caminar por este mundo,

alentados por Ti, que has venido, sigues viniendo y vendrás en el día final.

A pesar de nuestros pecados queremos tenerte muy cerca con tus gestos de perdón.

 

En este tiempo fuerte de salvación, que es el Adviento,

en el que tu Madre, nuestra Madre, nos precede con su admirable ejemplo,

esperamos conocerte de verdad y seguirte mejor, aspirando a la meta irrenunciable

de estar a tu lado, para hacer nuestras tu alegría y felicidad, tu entrega y generosidad.

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