Año de la Fe 2012 - 2013 Especiales Ecclesia

Oración en la clausura del Año de la Fe

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ORACIÓN EN LA CLAUSURA
DEL AÑO DE LA FE

Por Antonio DIAZ TORTAJADA?Sacerdote-periodista

Señor y Padre nuestro,

dueño de la historia y de la eternidad.

Tuyo es el hoy y el mañana, el pasado y el futuro.

Termina el Año de la Fe:

Este año que se clausura ha sido esa puerta abierta

por la que hemos entrado a la luz y a la amistad,

a la alegría, a la libertad, y a la confianza.

¡Cuánto necesitamos recuperar la puerta abierta en la vida¡

Concédenos, Padre nuestro, ser puertas abiertas

por donde entren y salgan nuestros hermanos los hombres.

Las puertas cerradas nos dañan, nos anquilosan,

nos separan y nos dividen.

Pasar esta puerta de la fe ha sido como un renacimiento

en el que hemos descubierto, unidos no solo a Jesucristo,

sino también a todos aquellos que han caminado y caminan

por el mismo camino, nuestro nuevo nacimiento,

que comienza con el Bautismo, y continúa en el curso de la vida.

Este año ha sido una invitación a cruzar el umbral de la fe

a dar un paso de decisión interna y libre,

a animarnos a entrar a una nueva vida.

Pasar esta puerta de la fe ha supuesto

emprender un camino que dura toda la vida.

Mientras, avanzamos delante de tantas puertas

que hoy en día se nos abren,

muchas de ellas puertas falsas,

puertas que invitan de manera muy atractiva

pero mentirosa a tomar un camino,

que prometen una felicidad vacía,

narcisista y con fecha de vencimiento;

puertas que nos llevan a encrucijadas

en las que, cualquiera que sea la opción que sigamos,

provocarán a corto o largo plazo angustia y desconcierto,

puertas autorreferenciales que se agotan en sí mismas

y sin garantía de futuro.

Pasar esta puerta ha supuesto

realizar nuestras tareas vividas con dignidad

y vocación de servicio,

con la abnegación del que vuelve una y otra vez

a empezar sin aflojarle a la vida,

como si todo lo ya hecho fuera sólo un paso en el camino

hacia el Reino, plenitud de vida.

Pasar esta puerta ha supuesto

no sentir vergüenza de tener un corazón de niño que,

porque todavía cree en los imposibles, puede vivir la esperanza:

lo único capaz de dar sentido y transformar la historia.

Vivir este año que termina es pedir sin cesar,

orar sin desfallecer y adorar

para que se nos transfigure la mirada.

Pasar esta puerta de la fe es actuar,

confiar en la fuerza del Espíritu Santo

presente en la Iglesia y que también se manifiesta

en los signos de los tiempos,

es acompañar el constante movimiento de la vida

y de la historia sin caer en el derrotismo paralizante

de que todo tiempo pasado fue mejor.

Cruzar el umbral de la fe implica tener ojos de asombro

y un corazón no perezosamente acostumbrado,

capaz de reconocer que cada vez que una mujer da a luz

se sigue apostando a la vida y al futuro,

que cuando cuidamos la inocencia de los niños garantizamos la verdad de un mañana

y cuando mimamos la vida entregada de un anciano

hacemos un acto de justicia y acariciamos nuestras raíces.

Pasar el umbral de la fe entraña la permanente conversión

de nuestras actitudes,

los modos y los tonos con los que vivimos;

reformular y no emparchar o barnizar,

dar la nueva forma que imprime Jesucristo

a aquello que es tocado por su mano

y su Evangelio de vida,

animarnos a hacer algo inédito por la sociedad

y por la Iglesia.

Pasar el umbral del año de la fe ahora nos lleva

a perdonar y saber arrancar una sonrisa,

a acercarnos a todo aquel que vive en la periferia existencial

y llamarlo por su nombre,

es cuidar las fragilidades de los más débiles

y sostener sus rodillas vacilantes

con la certeza de que lo que hacemos

por el más pequeño de nuestros hermanos

al mismo Jesús lo estamos haciendo.

Danos, Padre nuestro, la fe que necesitamos.

No podemos construir nuestra fe personal

en un diálogo privado contigo,

porque la fe nos ha sido dada por ti, Padre,

a través de una comunidad de creyentes que es la Iglesia,

y por lo tanto, nos inserta en la multitud de creyentes,

en una comunidad que no solo es sociológica,

sino que está enraizada en tu amor eterno

que en sí mismo es comunión del Padre,

del Hijo y del Espíritu Santo, que es Amor trinitario.

Nuestra fe es verdaderamente personal,

pero solo si es a la vez comunitaria puede ser “mi fe”;

solo si vive y se mueve en el “nosotros” de la Iglesia,

solo será nuestra fe,

nuestra fe común en la única Iglesia.

Señor y Padre nuestro:

Cruzar el umbral de la puerta fe

es vivir en el espíritu del Concilio Vaticano II

y en una Iglesia de puertas abiertas no sólo para recibir

sino fundamentalmente para salir

y llenar de Evangelio nuestras calles

y la vida de los hombres de nuestros tiempo.

Termina el Año de la Fe,

pero tu Señor no nos dejas huérfanos,

sino que sigues viniendo a nuestra comunidad

y a nuestra historia de cada día.

¡Danos tu Santo Espíritu para no dejarte pasar de largo

y recibirte con entera confianza,

auténtico amor y esperanza cierta!

Aumenta nuestra Fe para contemplar con ojos limpios,

mirada lúcida y obediencia a la realidad

los grandes y crecientes conflictos

existentes en la historia de los hombres!

Que te veamos presente en la historia

de los hermanos que están en la cuneta del camino,

en los desheredados  de la tierra,

en los que soportan  impotentes las injusticias estructurales,

en los que languidecen por causa de las hambrunas y pandemias.

Que experimentemos confiados

que sigues viniendo una vez más a tu Iglesia,

cuando anunciamos la Buena Noticia del Reino,

cuando transmitimos la Fe con la fuerza del testimonio

y la verdad de tu Palabra.

¡Daños tu Espíritu de alegría,

para evangelizar con la misma ilusión

de los grandes misioneros del Evangelio!

¡Ven Señor Jesús, aumenta nuestra pobre y necesitada Fe!

¡Danos, como a la higuera, un año más para que fructifiquemos!

Si no damos frutos, arráncanos y tiranos.

¡Ven Señor Jesús, aumenta nuestra Fe

en los tiempos complejos que estamos viviendo

que obremos siempre con la misma caridad pastoral

que Tú tuviste, y que no seamos cobardes

para defender los valores evangélicos sin temer a nada ni a nadie.

¡Danos tu Espíritu y auméntanos nuestra pequeña fe

para testificar con parresía  la comunión con todos los hombres!

Que tu advenimiento en este nuevo tiempo de gracia y conversión

te acojamos con verdaderas obras de amor!

Acaba el Año de la Fe: Comienza la tarea de ser una Iglesia

que vive, reza y trabaja en clave misionera.

Cruzar el umbral de la fe es, en definitiva,

aceptar la novedad de la vida del Resucitado

en nuestra pobre carne para hacerla signo de la vida nueva

Amén.

(Valencia 24 de noviembre de 2013)

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Antonio Díaz Tortajada

Antonio Díaz Tortajada nació en 1947 en Castielfabib (Valencia). Sacerdote diocesano desde 1973. Miembro del Instituto Secular Jesús Sacerdote. Licenciado en Teologia, Ciencias de la Información y Diplomado en Psicología. Fundador de la emisora católica "Radio Luz de Valencia". Actualmente Consiliario de la Junta Diocesana de Hermandades y Cofradías. Columnista habitual en los diarios locales valencianos. Autor, entre otros libros, de: "Evangelización, lenguaje y cultura" (1983), "Llamados para anunciar el Evangelio de Dios" (1984), "Me encanta mi heredad" (1989), "Juan Pablo cree en los jóvenes"(1990), "El camino de la Cruz" (1991), "Arriesgar la palabra"(1993), "Plegarias" (1994), "El silencio de Dios" (1994), "Vivir lo que esperamos" (1997), "Viacrucis del Hombre Dios" (2000), "Háblame de Jesús" (2001) y "Variaciones sobre el Génesis" (2005)

2 comentarios

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  • Tienen una página extraordinaria, de gran orientación y ayuda para quienes gustamos de todos estos temas y de la liturgia, no cabe duda que el Espíritu Santo trabajo codo a codo con ustedes, Dios les bendiga por todo el bien que hacen a su Iglesia en estos tiempos tan difíciles.

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